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La carta premonitoria del argentino que falleció a bordo del Titanic

El barco fue construido en 2 años, navegó 4 días y medio y se hundió en 2 horas y 40 minutos… más de 1.500 personas fallecieron en el suceso, entre ellas, el joven Edgar Andrew

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Por TU OTRO DIARIO/ELVIRA OSORIO
Hundimiento

El joven escribió una misiva en cuyas líneas afirmaba: “Desearía que el Titanic estuviera en el fondo del océano”

© GettyImages

En 1912 el Titanic era el barco de pasajeros más grande y lujoso jamás construido. Proclamado como insumergible y vencido por el Océano, su hundimiento supuso una conmoción en el mundo entero. Miles de historias salieron a la luz tras el naufragio, en ocasiones la realidad se ve alterada, la sociedad tiende a idealizar tragedias como si de un cuento se tratase. Pero lo verdaderamente cierto es que 109 años después de que un iceberg mandara al fondo del océano al navío que acababa de estrenarse, la apocalíptica historia continúa a flote.

Entre el infierno que se vivió en las gélidas aguas del Atlántico la noche del 14 de abril se encontraba Edgar, el único argentino que murió en el Titanic. Pero para conocer la fascinante historia de este joven que tenía 17 años hay que retroceder en el tiempo.

Titanic
Edgar Andrew se embarcó en el Titanic para acudir a la boda de su hermano en Nueva York ©GettyImages

Samuel Andrews y su esposa Annie Robson, los padres de Edgar, llegaron a Argentina desde Inglaterra para trabajar en El Durazno (una tradicional estancia ubicada en la provincia de Córdoba cuyo dueño era Ambrosio Olmos) y allí formaron una enorme familia compuesta por sus nueve hijos (uno falleció de bebé).

Cuando Edgar se hizo mayor sus padres le obligaron a estudiar en Inglaterra ya que su deseo era que su hijo se empapara de la cultura inglesa y aprendiera su idioma . En cambio, el joven era bastante reacio a cambiar de país, pues había echado raíces en Argentina y sentía que su vida estaba en aquel lugar. Finalmente, la presión de sus progenitores y hermanos mayores pesó más que su voluntad y terminó marchándose del país latinoamericano que le había visto crecer.

El joven Edgar terminó emigrando a Inglaterra a los 16 años para estudiar ingeniería naval, la misma carrera que su hermano mayor, quien ya ejercía como ingeniero en Estados Unidos. Tras un año en el país inglés, su madre algo preocupada por desconocer que vida llevaba su hijo decidió hablar con su hijo mayor, Silvano Alfredo, quien residía en Estados Unidos, para contarle su desasosiego. Con la excusa de invitarle a su boda, Silvano le pide a Edgard que viaje a Nueva York y que ya de paso termine allí sus estudios y busque trabajo.

Tras leer la carta, el joven de 17 años compró un billete en el Oceanic, barco que, en un principio, le llevaría hasta Estados Unidos, sin embargo, terminó en el lujoso trasatlántico de rebote. Debido a una huelga de carbón, todos los barcos cedieron esta materia prima al Titanic con motivo de su viaje inaugural, del que sin quererlo y sin saberlo, formaría parte Edgar, después de que le cambiaran el pasaje.

Hundimiento
El joven no quería viajar en este barco ya que partía una semana antes de lo que el tenía previsto ©GettyImages

Todo un acontecimiento que el joven de la familia Andrew no acogió con ningún tipo de emoción ya que el Titanic partía una semana antes que el Oceanic por lo que sus planes de reencontrarse con Josey Cowan, una gran amiga argentina que justamente en esas fechas viajaría a Inglaterra, se fueron a la deriva, y nunca mejor dicho. Fue en ese preciso momento, cuando Edgar escribió la famosa carta premonitoria. “Figúrese que debería estar orgulloso de viajar en el barco más grande del mundo. Pero en realidad, desearía que el Titanic se hundiera en lo más profundo del océano”. En algún lugar el destino se empezaba a reír a carcajadas…

Nunca se encontró el cuerpo de Edgar Andrew, pero en el año 2000 el explorador David Cannon encontró la maleta perdida del joven del sur de Córdoba. Más de 50 objetos había en su interior conservados en un buen estado y entre ellos se encontraba su diario.

Con el fin de que la historia traspasase lo anecdótico se creó un museo virtual (edgarandrewtitanic.wixsite.com/museovirtual) que permite conocer al detalle esta apasionante historia. Se trata de un arduo trabajo que comprende una amplia compilación de documentos y fotografías. Este espacio fue creado por la profesora inglesa Analía Gozzarino y Marianne Dick, una de las sobrinas nietas del único argentino que falleció en la tragedia marítima. A ellas se les suma la investigación de distintos colaboradores que han recogido información relevante sobre el suceso y algunos mitos que giran en torno a él. El acceso es libre y gratuito ofreciendo una cronología del antes y el después.