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¿Conoces el origen de las expresiones que usas diariamente?

Frases hechas como ‘a ojo de buen cubero’, ‘se te ve el plumero’, ‘estar en Babia’... constituyen una parte fundamental de nuestro lenguaje cotidiano, cuya procedencia no te dejará indiferente

6 Minutos de lectura
Por TU OTRO DIARIO/ELVIRA OSORIO
España

En el castellano hay más de 300 expresiones coloquiales

© GettyImages

El castellano está compuesto por más de 300 expresiones coloquiales. Estos dichos muchas veces poco tienen que ver lingüísticamente con lo que se quiere expresar. Algunos han perdurado durante siglos pero... ¿por qué comenzaron a utilizarse?

A buenas horas mangas verdes

Esta expresión se refiere a cuando la situación de un acto ya viene por otra vía, no llega a tiempo o ya no es de interés.

El origen del dicho se remonta al siglo XV, durante la Edad Media. En 1476 Isabel l de Castilla decidió unificar todos los grupos “policiales” que habían coexistido hasta el momento. De esta forma nace la Santa Hermandad, una institución que se encargaba de velar por la seguridad del orden público. Así fue como la Católica creó el que se considera como primer grupo policial de Europa.

Los miembros de La Santa Hermandad vestían uniformes con mangas verdes con el propósito de ser reconocidos entre la ciudadanía. Este grupo gozaba de mala fama por llegar siempre tarde a la hora de atrapar a los ladrones, quienes eran más rápidos y se daban a la fuga. Esta fue una de las causas por las que en el año 1834 el grupo se disolvió.

Algunos piensan que el origen de la expresión nace en la Guardia Civil, sin embargo, es mucho más antigua que este grupo armado.

No hay moros en la costa

Esta frase hecha se emplea para indicar que no hay peligros a la vista.

Durante varios siglos en el Levante español (zona mediterránea que abarca Valencia y Murcia) fue objeto de invasiones por parte de los piratas berberiscos (habitantes del noroeste de África, entre el Mediterráneo y el Sáhara). Los pueblos que residían la zona del Levante estaban en constante vigilancia para prevenir el peligro. Así fue como se construyeron numerosas atalayas (una especie de torres) desde donde vigilaban el mar. Cuando en medio de una vigilancia se topaban con naves bárbaras aproximándose, el centinela gritaba “hay moros en la costa” y así la población se preparaba para defenderse.

El sistema perduró hasta que se firmó la paz con los reyes de Berbería, pero el grito pasó a ser una expresión de uso familiar.

Armarse la marimorena

Se entiende este dicho como un sinónimo de gran bronca. La batalla campal en la que derivó una pelea de taberna fue tan dantesca que ha pasado a la historia dando nombre a este tipo de riñas.

En el año 1579 se abrió causa judicial contra el matrimonio formado por Alonso de Zayas y Mari Morena, quienes eran taberneros de la villa y la corte de Madrid. La historia sitúa el que era su negocio en la Cava Baja.

Se cuenta que la pareja guardaba en sus bodegas buen vino reservado para la gente importante que pudiera entrar al bar. La gresca comenzó por esta misma razón, un hombre borracho comenzó a exigir que le sirvieran el vino bueno y no el aguado (reservado a la plebe). La Mari Morena se negó, esto caldeó mucho más el ambiente desembocando en una bronca enorme. Tal debió de ser la pelea que ni las autoridades conseguían inicialmente frenar la riña. La famosa tabernera, quien tenía un carácter muy fuerte, fue una de las que más interfirió en el altercado. La fama de la mujer se extendió por todas partes hasta llegar a nuestros días.

A ojo de buen cubero

Esta frase se emplea cuando nos referimos a medir algo de forma precisa.

El origen de esta expresión estaría relacionado con el oficio del cubero. Este empleo consistía en fabricar cubas, una especie de bidones de forma artesanal que servían para almacenar vino. La cuba también se empleaba como medida de capacidad. Los cuberos no tenían ningún tipo de artilugio de medida, por lo que empleaban la destreza del fabricante, midiendo a ojo.

Cargar el Sambenito

Esta expresión significa cargar con la culpa.

Su origen se remonta a los tiempos de la Inquisición en los que si los penitentes que lloraban sus culpas mostraban arrepentimiento debían llevar una vela de cera y vestir una especie de saco de lana que previamente había sido bendecido. La prenda comenzaría a llamarse sanco bendito, más tarde derivó en las formas como “San Bendito o “Sambenito”

Dichos
Grabado de 1692, hereje condenado ante la Inquisición vistiendo un sambenito ©GettyImages

Se te ve el plumero

Esta expresión se refiere a las verdaderas intenciones que tiene una persona cuando trata de engañarnos.

El dicho nace de la llamada Milicia Nacional en el sigo XIX. En 1812 la Guerra de la Independencia se libraba en las tierras españolas contra los franceses. La situación estaba muy polarizada entre los defensores del antiguo régimen llamados absolutistas y los defensores de la división de poderes y libertades llamados liberales. Por esta razón se autorizó la formación de la Milicia Nacional, un grupo de liberales compuesto por fuerzas de infantería y caballería que luchaba contra las tropas napoleónicas. Esta milicia vestía con un gorro muy llamativo decorado con plumas de color rojo.

De esta forma, en el contexto de las guerras civiles carlistas que se libraron en España, las discusiones políticas terminaban en riñas entre absolutistas y liberales. Los primeros, cuando se creían en posesión de la verdad acusaban a los segundos afirmando “A mi no me engañas que te he visto el plumero” cuando descubrían las intenciones de los liberales.

Lo cierto es que este tipo de uniformes elegantes y que se podían distinguir desde lejos, fueron una moda duradera que complementaban con plumas en gorros, cascos, tricornios y bicornios. Fueron empleados en la Armada Española, así como en los demás países europeos manteniendo su vigencia gasta mediados del siglo XX. En la actualidad aún pueden observarse en algunas unidades militares representativas, por ejemplo, en España con la Guardia Real.

Quien fue a Sevilla perdió su silla

Dícese de una pérdida de privilegios o posesiones simplemente por el hecho de haberlos abandonado momentáneamente.

Silla
El refrán nace fruto de un nombramiento arzobispal ©GettyImages

El nacimiento del dicho data del año 1640 con un nuevo nombramiento arzobispal que generará un gran revuelo en la ciudad de Sevilla. Por aquel entonces vivían dos arzobispos importantes que eran familia: Alonso Fonseca el Viejo (tío) y Alonso Fonseca el Mozo (sobrino). Al primero, arzobispo de Sevilla, le habían nombrado arzobispo de Santiago de Compostela ya que por aquel entonces el reino de Galicia se encontraba muy revuelto. Por ello El Mozo, asumió el arzobispado de Sevilla mientras el tío ponía paz en tierras norteñas. Cuando la revuelta se aminoró y el arzobispo instauró la paz, volvió a Sevilla y se topó con una desagradable sorpresa. El sobrino se negaba moverse de la silla arzobispal hispalense. Tal fue el empeño del menor en no devolverle su puesto al tío que tuvieron que recurrir a un mandamiento del Papa junto a la intervención del rey de Castilla Enrique IV para que El Mozo le devolviera el puesto. Incluso se llevaron a cabo algunas ejecuciones a los fieles seguidores del sobrino.

Estar en Babia

Se emplea esta expresión para referirse a una persona que está distraída.

Montañas
La Babia, Castilla y León (España) ©GettyImages

Babia es una comarca situada en la provincia de León. En la Edad Media era un lugar frecuentado por la Corte para evadirse y practicar la caza. Con frecuencia los cortesanos necesitaban consultar con los monarcas asuntos de gran importancia, pero no podían hacerlo ya que estaban en Babia.

El escritor del siglo XVI, Francisco de Quevedo, fue uno de los primeros en dejar constancia de esta expresión que se ha hecho tan popular.

Me importa un pito

Se emplea para referirnos a que algo no importa lo más mínimo.

Esta expresión procede del lenguaje militar pues el pito o pífano era el nombre que se le daba al chico que tocaba dicho instrumento en el ejército. Se dice que este joven no era muy respetado, algo que también se podía observar en su baja remuneración.

Otra expresión relacionada sería “tomar a alguien por el pito del sereno”. Una de las funciones de las que se encarga un sereno era la de anunciar el parte meteorológico, ayudar a los transeúntes, avisar de incendios o garantizar la seguridad ahuyentando a los delincuentes. Para realizar estas tareas el sereno tocaba un silbato. A pesar de esto, no gozaba de mucha credibilidad y los delincuentes no hacían caso a las advertencias del hombre.

Vete al carajo

Esta frase hecha se emplea cuando alguien se siente ofendido por algo que otra persona ha dicho.

En la época dorada del Imperio Español corrían tiempos de hallazgos marítimos y asentamientos coloniales. Las carabelas surcaban las olas del Atlántico, mientras sus tripulantes vigilaban el horizonte en busca de tierra firme. Los vigías examinaban el entorno en una canastilla situada al final del mástil llamada “carajo”. No era un lugar cómodo puesto que el movimiento lateral que se producía en aquella zona del barco era tal que los enviados al carajo sufrían numerosos mareos.

En ocasiones, con motivo de que algún tripulante hubiera cometido una infracción a bordo, se mandaba al marinero al carajo durante horas o incluso días. La expresión se popularizó por el uso descontextualizado que le dieron los marineros más tarde.

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