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Adelaida de Anhalt-Dessau: la primera Gran Duquesa de Luxemburgo

Se convirtió en soberana consorte una vez que Luxemburgo tuvo que separarse de los Países Bajos en 1890

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Gran Duquesa de Luxemburgo

A Adelaida de Anhalt-Dessau le pertenecía la extraordinaria tiara de zafiros que se convertirá en una de las piezas más preciadas del joyero de la Familia Real de Luxemburgo

© Wikimedia Commons

Cuando contrajo matrimonio con Adolfo de Nassau, pocos pensaron que un día se convertirían en Grandes Duques de un estado soberano. La historia de Luxemburgo corre paralela a los cambios políticos derivados de la vigencia de la Ley Sálica en Holanda. Adelaida, nacida en la dinastía de los Anhalt-Dessau, antiguo condado de Alemania, vivió muy de cerca las transformaciones de Europa en el último tercio del siglo XIX. A ella pertenecía la extraordinaria tiara de zafiros que con los años se convertirá en una de las piezas más preciadas del magnífico joyero de la Familia Real de Luxemburgo.

Adelaida y su marido Adolfo de Nassau
Sin haber cumplido aún los veinte años, contrajo matrimonio con Adolfo de Nassau ©Wikimedia Commons

Adelaida nació el 25 de diciembre de 1833 en Dessau, hoy Alemania pero que en ese momento era uno de los muchos pequeños estados que terminaría integrando la futura Alemania. De hecho, toda su vida vendrá marcada por las transformaciones políticas derivadas del impulso unificador gestado alrededor del Reino de Prusia. Cuando Adelaida no había cumplido aún los veinte años, contrajo matrimonio con Adolfo de Nassau, que acababa de perder a su primera esposa, la Gran Duquesa rusa Isabel Mijailovna, con quien no había tenido descendencia. Era el año 1851. Adolfo era ya un hombre maduro, jefe de la rama principal de la ilustre dinastía Nassau pero que había pagado con su corona la audacia de resistir a Bismark frente a Austria en la guerra de 1866.

La pareja tuvo pronto cinco hijos de los que solo dos, su heredero y su hija menor –Hilda, futura Gran Duquesa de Baden- llegaría a la edad adulta. Sin embargo, las circunstancias dinásticas que se estaban sucediendo en los Países Bajos iban a depararles un porvenir hasta entonces inimaginable; una “revancha tardía pero brillante”, como escribirá la Prensa de la época (Pluma y Lápiz, 2 diciembre 1905).

Cuando el 23 de noviembre de1890 fallecía el Rey Guillermo III de Holanda con una única hija, la joven Reina Guillermina, cambió el destino de los destronados Nassau: la Ley Sálica, vigente por pacto familiar, limitaba la sucesión femenina para el Gran Ducado de Luxemburgo confiriéndose la titularidad de la corona al heredero masculino más próximo. La Constitución luxemburguesa admitía la exclusión de la mujer de los derechos sucesorios. De este modo, Adolfo y Adelaida iban a ser proclamados Grandes Duques del nuevo estado soberano independiente llamado a convertirse en uno de los países económicamente más prósperos de Europa.

Adelaida María de Anhalt-Dessau
Tuvo cinco hijos y solo su heredero y su hija menor llegarían a la vida adulta ©Wikimedia Commons

Establecieron su residencia en el Palacio Gran Ducal de Luxemburgo, antiguo Ayuntamiento, situado al sur de la capital y que sufrió una considerable renovación para albergar a la nueva Familia Real. El alemán y el francés se mantuvieron como lenguas oficiales mientras que el luxemburgués, se relegaba a la esfera familiar. Durante los quince años en los que Adolfo y Adelaida ocuparon la jefatura del estado bajo el modelo de una monarquía constitucional, el protestantismo era, todavía –y lo será hasta unos años después-, la religión oficial de los Nassau.

Las tensiones con la vecina Alemania, fueron, durante todo este periodo, muy tensas. Adolfo se convirtió en el decano de los soberanos europeos (nació en 1817) hasta que le sobrevino la muerte en el castillo de Hohenbourg, en el Palatinado. Era el año 1905 y acababa de cumplir noventa años. Adelaida se quedaba viuda y su primogénito, Guillermo, pasaba a ocupar el trono (1905-1912) junto a su esposa, la católica María Ana de Braganza. Adelaida le sobrevivió hasta noviembre de 1916, cuando muere en la localidad residencial de Königstein im Taunus, muy cerca de Frankfurt. El país vivía ya bajo la ocupación alemana correspondiente al periodo de la Gran Guerra y durante el mandato de su nieta, también llamada María Adelaida.

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