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Astrid de Bélgica: la primera ‘Princesa del pueblo’

Conquistó el corazón de los belgas por su incuestionable belleza y cercanía con los más desfavorecidos

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Consorte de Leopoldo III

Astrid de Bélgica nació como Princesa de Suecia y se acabó convirtiendo en todo un mito en su nuevo país

© GettyImages

Nació como Princesa de Suecia, pero tras su matrimonio con el heredero de Bélgica y futuro Leopoldo III, se convirtió en un mito en su nuevo país. Era la más guapa de las reinas de su generación. Sin embargo, un infortunado accidente automovilístico cuando no había cumplido aún los treinta años y llevaba apenas unos meses en el trono, terminaba con su vida, dejando a sus pequeños hijos en una tristeza permanente. Los belgas jamás perdonarán al Rey viudo su segundo matrimonio con Lilian Baels: Astrid permanecerá siempre en su recuerdo.

Leopoldo III y la reina Astrid
Conoció a Leopoldo, príncipe heredero al trono de Bélgica, en un baile celebrado el Palacio Real de Amalienborg, en Copenhague ©GettyImages

Astrid nació en Estocolmo en 1905. Era hija del Príncipe Carlos, el menor de los hijos que había tenido el Rey Oscar II de Suecia con Sofía de Nassau. Por parte materna era nieta de Federico VIII de Dinamarca. En esos días, su tío el Rey Gustavo, ocupaba el trono del país por lo que, aun siendo miembro de la Corte, Astrid pudo educarse en un entorno más abierto y distanciado de las responsabilidades institucionales de su rango.

Amante de los deportes de nieve, recibió cursos de cocina y ciencias de la infancia. Era una joven muy atractiva, con un porte distinguido y una elegancia que pronto la convirtieron en una buena candidata para muchos herederos europeos. En un baile celebrado en Copenhague en el Palacio Real de Amalienborg, conoció a Leopoldo de Bélgica, hijo de Alberto y de Isabel de Baviera. Él era alto, rubio y apuesto. Ella, la más bella de las jóvenes casaderas de la época.

Educada en la iglesia luterana, Astrid se convirtió al catolicismo y en noviembre de 1926, llegó en barco al viejo puerto belga de Amberes para trasladarse a Bruselas, donde se celebraría el matrimonio religioso. Los príncipes se habían casado por amor: en esta ocasión la boda no respondía a ningún tipo de interés dinástico.

Astrid de Bélgica
Astrid era muy querida por el pueblo belga, con el que se mostraba muy cercana ©GettyImages

Como duques de Brabante –título que ostentan en Bélgica los herederos al trono- llevaban una vida hogareña y familiar. Astrid impulsó muchas actividades de beneficencia, trabajó en hospitales y trató de animar las iniciativas destinadas a paliar la precariedad económica derivada de “crack del 29”. El matrimonio tuvo pronto tres hijos: Josefina Carlota, que llegará a convertirse en Gran Duquesa de Luxemburgo, además de Balduino y Alberto, todavía con vida y padre del actual monarca, Felipe de Bélgica. Astrid y Leopoldo se encontraban en Saint-Moritz cuando les comunicaron el infortunado fallecimiento en un accidente de alpinismo del Rey Alberto I. Era el mes de febrero de 1934 y pasaban a convertirse en los nuevos monarcas de los belgas: Leopoldo III y la Reina Astrid.

Astrid se mostraba muy cercana al pueblo, paseaba por las calles de Bruselas y jugaba con sus hijos en el parque. Decían que tenía una manera muy especial de saludar a la multitud en público, con la mano derecha, un modo que era, a la vez que noble, tremendamente popular. Aún en esos días de tensiones políticas provocadas por las rivalidades territoriales derivadas de la victoria nacionalsocialista en Alemania, la Reina Astrid nunca se metió en política y se dedicó con fervoroso empeño a obras de asistencia social. Llegó a crear instituciones de caridad con sus propios recursos y era adorada por los belgas.

Familia real belga
De su matrimonio con Leopoldo III nacieron tres hijos, entre ellos, Alberto, padre del actual monarca belga ©GettyImages

En agosto de 1935, la familia estaba pasando una temporada en su residencia en Suiza, cerca de Lucerna. Los monarcas habían decidido hacer una excursión en automóvil. Conducía Leopoldo, Astrid viajaba como copiloto y el chófer estaba en el asiento de atrás. Un despiste mientras miraban un mapa de carreteras que sostenía la Reina, provocó la tragedia: el coche se precipitó violentamente contra un árbol del camino. Astrid murió de inmediato. El monarca sufrió heridas leves, pero no fue capaz de recuperar fuerzas para comunicar a sus hijos -la mayor tenía ocho años- la muerte de su madre.

El fallecimiento de la Reina Astrid se vivió con verdadera conmoción en Bélgica. Su cuerpo fue enterrado en Leaken. La reina-madre, Sofía (viuda de Alberto I) volvía a convertirse en primera dama, ocupándose personalmente de la educación de los nietos. Con la posición adoptada por Leopoldo III ante los nazis y, sobre todo, a raíz de su segundo matrimonio en 1941 con Lilian Baels -hija de un político conservador que nunca ostentaría el tratamiento de reina y sería conocida tan sólo como Princesa de Réthy- la posición del monarca fue perdiendo popularidad. Los belgas nunca fueron capaces de olvidar el carisma de la Reina Astrid y tras el efímero regreso del Rey al trono en 1950, abdicaba en su primogénito Balduino, que en 1960 se casaría con la española Fabiola de Mora y Aragón, en una ceremonia para la historia.

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