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Isabel de Bélgica: la Reina que visitaba a Mao

Durante los años de la Guerra Fría, la abuela del Rey Alberto se sintió fascinada por China y la Unión Soviética

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Reina de los Belgas

Isabel de Bélgica ocupó un papel institucional relevante como primera dama hasta 1960

© Wikimedia Commons

Sobrina de Sissi, fue una mujer aventurera e intrépida que se convirtió en Reina de los Belgas por su matrimonio con Alberto I. Desempeñó un papel principal como enfermera durante la Primera Guerra Mundial y pese a sus orígenes bávaros, se opuso a las posiciones alemanas. Impulsora de las artes y la música, ocupó un papel institucional relevante como primera dama hasta 1960, con la aparición en la Corte de Bruselas de Fabiola de Mora y Aragón. La Reina Isabel se encargó de la educación de sus nietos, Balduino y Alberto, tras el trágico fallecimiento de su madre, Astrid de Suecia, en accidente automovilístico cuando estos eran muy niños.

El matrimonio Alberto de Flandes e Isabel de Baviera
Isabel se casó con Alberto I en Baviera eL 2 de octubre de 1900 ©Wikimedia Commons

Isabel nació en Possenhofen (Alemania) en 1876. Era hija de Carlos Teodoro de Baviera, hermano de la entonces Emperatriz del Imperio Austro-Húngaro, la célebre Sissi. Su madre era la Infanta María José de Braganza. Como todos los Wittelsbach tenía inclinaciones artísticas y un poco excéntricas.

Su padre había renunciado a sus responsabilidades en el ejército bávaro tras la Guerra Franco Prusiana y había estudiado medicina trabajando como oftalmólogo en su localidad natal. Isabel, muy niña, ayudaba a su padre en la consulta lo que la llevó a familiarizarse con la práctica de la enfermería.

Pasó parte de su juventud educada en un convento religioso hasta que en unarecepción celebrada en Viena con motivo del 50 aniversario de la coronación de Francisco José, conoció al hijo segundo del conde de Flandes, Alberto, que terminaría convertido en Rey de los Belgas. En Bélgica reinaban entonces Leopoldo II y Enriqueta de Habsburgo. Pero su primogénito y único hijo varón había fallecido prematuramente por lo que la corona quedaba destinada a su sobrino, Alberto, nieto a su vez del primer Rey de Bélgica Leopoldo de Sajonia-Coburgo.

Isabel y Alberto se casaron en Baviera en 2 de octubre de 1900. Él era tímido, reservado y culto. Ella, intrépida, amante de la música y muy decidida. A pesar de la diferencia de caracteres, parece que se entendieron bien y tuvieron pronto descendencia. En 1909, tras el fallecimiento de Leopoldo II –que llevaba cuarenta y cuatro años en el trono- fueron proclamados Reyes de los Belgas.

Reina
Fue una de las primeras mujeres en adentrarse en la tumba de Tutankamón, recientemente descubierta en Egipto ©Wikimedia Commons

Durante su reinado, el país continuó con su importante desarrollo industrial y sus fuertes vínculos con el Reino Unido, lo que le llevó a ser un claro objetivo alemán al inicio de la Primera Guerra Mundial. En este tiempo, Isabel atendió a heridos y trabajó en los hospitales de campaña que se crearon en el frente.

Terminado el conflicto y establecidos de nuevo en el Palacio de Laeken, Isabel se convirtió en una importante mecenas de la música, además de participar activamente en infinidad de obras de caridad.Viajeros incansables, los Reyes visitaron Egipto e Isabel fue una de las primeras mujeres en adentrarse en la tumba del faraón Tutankamón que acababa de descubrirse en el Valle de los Reyes.

En 1934 fallece el Rey Alberto como consecuencia de un accidente de alpinismo en las Ardenas. Su hijo Leopoldo III y su esposa, Astrid de Suecia, accedían al trono . Pero la muerte de la carismática y joven Astrid en accidente de coche cuando apenas llevaban unos meses en el trono, devuelve a Isabel el protagonismo institucional convertida, de nuevo, en primera dama y abuela de los jóvenes Príncipes Balduino y Alberto, con quienes se comportó como una segunda madre.

Isabel de Bélgica con el uniforme de enfermera
Isabel atendió a heridos y trabajó en los hospitales de campaña durante la Primera Guerra Mundial ©Wikimedia Commons

Durante este tiempo, el país tiene que hacer frente a las dificultades derivadas del expansionismo alemán y a la controvertida posición de la Monarquía durante los años del dominio nazi. Además, el segundo matrimonio del Rey Leopoldo III con Lilian Baels, cuando todavía estaba vivo el recuerdo de la querida Astrid, tampoco causó buena impresión entre los belgas.

Isabel y su familia sufrieron una especie de “reclusión forzada” que, una vez terminada la II Guerra Mundial, se tradujo en una Regencia desempeñada hasta 1950 por el hermano del Rey –el Príncipe Carlos, también hijo de Isabel- a la espera de aclarar posiciones respecto a Leopoldo: su imagen había quedado muy debilitada. Su regreso fue efímero y en 1951, abdicaba en su hijo, el apocado Balduino.

Isabel continuó desempeñando labores representativas, aunque siempre viajera y fascinada por el clima político derivado del inicio de la Guerra Fría, en 1961 se trasladó a Pekín y visitó a Mao Tse Tung. También estuvo dos veces en Moscú, lo que suscitó acerbas críticas en los círculos gubernamentales.

La Reina Isabel falleció el 23 de noviembre de 1965 en el Palacio de Stuyvenberg. Sus funerales estuvieron presididos por su nieto, Balduino, y la española Fabiola, convertida desde su matrimonio en Reina de los Belgas.

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