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Enriqueta de Bélgica y la colonización de El Congo

La esposa de Leopoldo II no compartía las prácticas de explotación consentidas por su marido en África

3 Minutos de lectura
Por CRISTINA BARREIRO
Reina

Se convirtió en Reina de los Belgas debido a su matrimonio con Leopoldo II

© Wikimedia Commons

Su matrimonio en 1853 respondió a un esfuerzo por reforzar la recién creada corona de Bélgica. Los Habsburgo aportaban los “lazos de sangre” necesarios para los Sajonia-Coburgo que reinaban en la nueva nación. Reina de los Belgas por su matrimonio con Leopoldo II, Enriqueta cuidó a su demente cuñada Carlota de México tras el fracaso de aquella absurda aventura imperialista y vio a su hija, Estefanía, convertida en heredera del Imperio Austro Húngaro de Francisco José y Sissi, en lo que será, también, un enlace desdichado. Era tía de la Reina María Cristina de Habsburgo, madre de Alfonso XIII.

Leopoldo II y Enriqueta de Bélgica en 1857
Nunca fue feliz en su matrimonio con Leopoldo II, pero tuvieron cuatro hijos ©Wikimedia Commons

Enriqueta de Habsburgo pertenecía a la Familia Imperial de Austria. Hija del Archiduque José, Palatino de Hungría, y de María Dorotea de Wurtemberg, nació en Pest (hoy Budapest) en 1836, cuando la ciudad era una de las capitales del poderoso Imperio Austro-Húngaro de Francisco José. Su rama familiar había mostrado simpatías hacia los intereses nacionalistas húngaros, lo que les llevó a tener algún distanciamiento con Viena. Pese a ello, la joven Enriqueta se presentaba como un valor en alza para reforzar los lazos políticos de la naciente nación belga, creada en 1830 tras su separación de los Países Bajos. En esos días, el Rey Leopoldo I –un Sajonia-Coburgo- buscaba robustecer su propia dinastía con una alianza matrimonial que consolidase a su hijo y heredero, también llamado Leopoldo, con una regia familia europea. La candidata perfecta parecía María Enriqueta, educada en la Corte con el más importante pedigrí de Europa. Ella siempre había mostrado inclinaciones culturales, aficionada a la lectura, los idiomas –llegó a dominar ocho- y especialmente a los caballos. Su prometido, aunque magnífico diplomático, era más rudo en costumbres, distinguiéndose por un carácter abierto a los amoríos y la diversión.

El matrimonio por poderes se celebró en Pest el 10 de agosto de 1853 y unos días después, tuvo lugar la ceremonia religiosa oficial en la Catedral de Santa Gúdula de Bruselas. La boda reunió a lo más granado de la realeza de su tiempo y contribuyó a estrechar, todavía más, los vínculos con el Reino Unido, debido al parentesco del contrayente con el Príncipe Alberto, esposo de la Reina Victoria de Inglaterra. Los nuevos esposos, que como herederos ostentaban el título de Duques de Brabante, establecieron inicialmente su residencia en el Palacio Real de Leaken. Como pareja nunca fueron felices, pese a lo cual dieron pronto cuatro vástagos a la dinastía: un heredero también llamado Leopoldo y fallecido prematuramente, y tres Princesas Reales, Luisa, Estefanía y Clementina.

Enriqueta de Bélgica durante la guerra (1914-1918)
Enriqueta atendió personalmente a muchos de los heridos y exiliados de la Guerra Franco-Prusiana que llegaban del frente ©Wikimedia Commons

En 1865, tras el fallecimiento de Leopoldo I, fueron proclamados Reyes de los Belgas. Durante su mandato el país se desarrolló como potencia industrial y el nuevo monarca destacó por su mecenazgo en obras públicas. Bélgica consiguió mantener su neutralidad en la Guerra Franco-Prusiana de 1870 y Enriqueta atendió personalmente a muchos de los heridos y exiliados que llegaban del frente, debido a la cercanía entre fronteras. Fue una Reina que, como era propio de su tiempo, se centró en las actividades de beneficencia y también en los cuidados a su cuñada, la exemperatriz de México, Carlota, trastornada tras el asesinato de su esposo, el Archiduque Maximiliano, en Querétaro. Comenzaba el tiempo de los Imperialismos en los que, sin duda, Leopoldo II iba a ganarse un nocivo puesto protagonista en la historia con la creación del llamado “Estado Libre del Congo”, que, en realidad, era de su propiedad y fue consentido como tal en la Conferencia celebrada en Berlín en 1885, donde se aprobó el reparto de África por las nuevas potencias coloniales. Las políticas aplicadas en el Congo y la explotación de sus materias primas –especialmente diamantes y marfil- para el enriquecimiento propio del monarca, iban a valerle muchas críticas.

Enriqueta siempre se mantuvo al margen de los asuntos políticos y cansada de sus desavenencias matrimoniales con Leopoldo II –en amoríos con la joven Carolina Lacroix- se retiró a la localidad de Spa (Lieja) en la que fallece víctima de una crisis cardiaca en 1902. Tenía sesenta y seis años. El Rey contrajo meses después, matrimonio morganático con su amante. Al carecer de hijos varones, el heredero será su sobrino, Alberto I, casado con Isabel Gabriela de Baviera.

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