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Ana Pávlovna: una rusa en la corte holandesa

De carácter distante, la esposa de Guillermo II de Holanda llamaba la atención por su estilo sofisticado y fabuloso joyero

3 Minutos de lectura
Reina consorte de Países Bajos y nieta de Catalina la Grande

Siempre fue ortodoxa pero supo adaptarse a la vida de Holanda, un país muy diferente al l suyo en costumbres e identidad

© Wikimedia Commons

¿Cómo pudo una nieta de Catalina la Grande convertirse en Reina de los Países Bajos? La vida de Ana Pávlovna de Rusia recorre la historia de Europa desde el periodo napoleónico hasta la consolidación de las monarquías liberales. Elegante y sofisticada, se alejaba del gusto popular que hasta la fecha había dominado en la corte holandesa. Nunca renunció a su fe ortodoxa, pero supo adaptarse a la vida en un país muy diferente al suyo en costumbres e identidad. El zafiro central de la impresionante tiara Mellerio que utilizó Máxima en su coronación proviene de su fabulosa colección de joyas.

Retrato de Anna Pávlona
Nieta de Catalina la Grande, Ana Pávlovna era distante con el pueblo, pero nunca descuidó las labores de beneficencia ©EuropaPress

Ana Pávlovna Romanov nació en San Petersburgo en 1795 cuando su abuela, la gran Catalina II, era Zarina de todas las Rusias. Ana era la hija menor del entonces heredero al trono, futuro Pablo I, y vivió una infancia marcada por el influjo de la Revolución francesa y las posteriores guerras napoleónicas. De hecho, en un momento de fuerte rivalidades internacionales y tras el acuerdo de Tilsit entre el Emperador de los Franceses y el hermano de Ana Pávlovna, el Zar Alejandro I, llegó a proponerse a la joven Gran Duquesa como candidata a la mano del corso.

Pero los Romanov rehusaron: se habría autoproclamado Emperador, pero Bonaparte no tenía de un ápice de sangre real, por lo que la dinastía rusa se negó a este casamiento. Fue el heredero del trono de los Países Bajos, un Orange-Nassau con más pedigrí, quien conquistó el corazón de la joven y en 1816 contrajo matrimonio con el Príncipe Guillermo. El heredero era un héroe de guerra en la lucha contra los franceses, que había luchado con Wellington en España frente a José I y, sobre todo, en la batalla de Waterloo, la gran victoria que supuso el final del Imperio Francés.

Pero Guillermo era, sobre todo, un magnífico diplomático con el que se contaba para tratar de salvar la “sedición” belga que se tramaba en determinados territorios de los Países Bajos. Por este motivo, el matrimonio fijó inicialmente su residencia en Bruselas, en un intento de que Ana y Guillermo, todavía príncipes herederos y de carácter conciliador, pudiesen amortiguar los aires levantiscos que se respiraban entre los belgas: no fue posible y en 1830 se consumaba la independencia.

Los Países Bajos perdían una parte importante de territorio y población, pero seguían jugando un papel relevante en el plano internacional. Guillermo y Ana Pávlovna se trasladaron a La Haya, donde aumentaron la familia con el nacimiento de cinco hijos. Ana era elegante, sofisticada y de carácter estricto, pero lucía los modelos más exclusivos: la fabulosa toilette que eligió para su coronación, cuando fueron proclamados Reyes en 1840, se convirtió en el tema de conversación de todas las Cortes.

Familia de Guillermo II y Anna Pávlovna
En 1816 contrajo matrimonio con el Príncipe Guillermo y tuvieron cinco hijos ©Custom

La nueva soberana era distante con el pueblo, aunque nunca descuidó las labores de beneficencia en boga entre la realeza de la época. Durante el mandato de su esposo, Guillermo II (1840-1849), Holanda pasó del absolutismo a consolidar una Monarquía Liberal acorde con los nuevos tiempos y resultado de las olas revolucionarias que imperaban en Europa. Ana Pávlovna llamaba la atención en los actos públicos por las magníficas joyas que con su dote había aportado a la corona holandesa. Entre ellas destacaba un fabuloso broche de zafiros que, años después y transformado, sería incorporado a la corona de la Reina Emma: es la que eligió, por su fastuosidad, la Reina Máxima para su coronación.

La repentina muerte de su marido, Guillermo II en 1849, cuando apenas llevaban nueve años en el trono, la convirtió en Reina-madre. Su hijo, el “libertino” Guillermo III accedía al Trono de Holanda en un momento en el que los problemas en torno a la sucesión femenina, hicieron tambalearse la dinastía de los Orange. Ana Pávlovna, la Gran Duquesa rusa que había llegado a las fértiles tierras holandesas para Reinar como una de las monarcas más admiradas de su tiempo, falleció en La Haya en 1865. Su nuera, Emma de Waldeck, segunda esposa de Guillermo III, había cogido su testigo.

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