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Emma de Waldeck: Reina y Regente en los Países Bajos

De su joyero proviene el fabuloso broche de ‘corsage’ y diamantes que luce con asiduidad la Reina Máxima

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Consorte y regente de Países Bajos

Emma de Waldeck desarrolló un importante poder político durante el último tercio del siglo XIX

© Wikimedia Commons

Cuando apenas contaba veinte años, se casó con un septuagenario para convertirse en Reina de Holanda. Mujer culta, fiel a unos principios constitucionales y garante de los derechos dinásticos de su única hija, desarrolló un importante papel político durante el último tercio del siglo XIX. Gracias a su influencia se abolió la Ley Sálica y también por ello, los Países Bajos perdieron su soberanía sobre el Gran Ducado de Luxemburgo. De aspecto anodino y muy poco sensual, supo ganarse el respeto de todos los gobernantes y del pueblo holandés. Muchas de las alhajas que hoy luce Máxima Zorreguieta, proceden de fabuloso joyero de la Reina Emma.

Guillermo III y Emma de Waldeck
Se casó en 1879 con Guillermo III, cuando él tenía 71 años ©GettyImages

Emma nació en 1858, en la ciudad, hoy alemana, de Arolsen. Europa se encontraba en pleno proceso de transformaciones políticas y Bismark lideraba la unificación entorno al poderoso reino de Prusia. Los padres de Emma, Jorge y Elena de Nassau, reinaban en la pequeña corte de Walderk-Pyrmont y, aunque el suyo no era un estado poderoso, la niña se educó en un ambiente culto y refinado. Una de sus hermanas se casó con el Príncipe Leopoldo, hijo de la Reina Victoria de Inglaterra, por lo que la estirpe de la familia de Emma ganó en interés estratégico de cara a las alianzas matrimoniales de la época.

En 1877, el entonces monarca de los Países Bajos, Guillermo III, enviudaba de su esposa, Sofía de Württemberg. Habían tenido dos hijos, pero uno, el mayor, mantenía muchas tensiones con su padre además no mostrar interés en el matrimonio. Y el segundo era débil y enfermo, por lo que el sexagenario monarca necesitaba nueva descendencia si quería perpetuar la dinastía de los Orange. Es entonces cuando la joven Emma, que apenas contaba con veinte años, se presentó como una alternativa viable para satisfacer los intereses del libertino y escandaloso monarca holandés.

Tras la negativa de otras princesas casaderas, Emma accedió al enlace a cambio de una cuantiosa dote que garantizaba su bonanza ante previsibles eventualidades. La boda se celebró en 1879: Guillermo III contaba entonces con 71 años. Sofía, recibió en Amsterdam y como “Presente Nacional” (el pueblo holandés había reunido dinero para este obsequio), el fabuloso broche de corsage y diamantes, uno de los más valiosos del joyero real holandés. Algunos periódicos tildaban a Emma de “bella e interesante” aunque lo cierto es que su aspecto nunca destacó por el refinamiento.

Casi un año después de la boda, Emma dio a luz una niña, a la que pusieron de nombre Guillermina. La muerte de sus dos hermanastros mayores, forzó, en 1884, a Guillermo III, a derogar la Ley Sálica que limitaba los derechos de acceso de la mujer al trono. Era la única posibilidad que tenía de perpetuar la dinastía de los Orange, aunque esto supusiese la pérdida del Gran Ducado de Luxemburgo: debido a la imposibilidad jurídica existente de que en este territorio reinasen las mujeres, Luxemburgo pasará a ser un estado independiente de los Países Bajos bajo la soberanía de la segunda rama de los Nassau. Holanda había perdido también Bélgica en 1830.

Emma de Waldeck y su hija, Guillermina
En 1890, la hija de ambos, Guillermina, comienza su reinado tras la muerte de Guillermo III ©GettyImages

Tal era la diferencia de edad entre el matrimonio que la prensa ironizaba con expresiones como “el rey Guillermo, agobiado por los años, camina a pasos agigantados al sepulcro cuando su mujer no tiene apenas treinta años y cuando su hija, apenas ha cumplido nueve” (El Correo Militar, 12 noviembre 1888). Guillermo III falleció en 1890 y su única hija y heredera, Guillermina, con apenas diez años, comenzaba su reinado. Emma se convirtió en Regente en nombre de su hija. Lo hizo hasta 1898, fecha en la que se decretó la mayoría de edad de la Reina Guillermina.

Durante estos ocho años supo ajustarse a las prerrogativas que le confería la Constitución de un país que, como Holanda, se abría a la modernidad, a los cambios de costumbres y de mentalidad. En este tiempo, también otra mujer, María Cristina de Habsburgo, ocupaba la Regencia en España, en este caso en nombre de su hijo Alfonso XIII.

Emma dio el visto bueno al matrimonio de su hija con el Príncipe Enrique y pasó a ocupar el rol de reina-madre, cediendo el protagonismo político a la nueva monarca. Dejó La Haya y se estableció en el Palacio Real de Het Loo, en los alrededores de Apeldoorn. Sin embargo, nunca abandonó su papel social, implicándose en numerosas obras benéficas y, especialmente, en todas aquellas que afectaban a los enfermos de tuberculosis. Fue también mecenas de muchos artistas. Retirada casi por completo de la vida pública, fijó su residencia definitiva en Lange Voorhout, en el centro de La Haya, donde falleció en 1934 a causa de una neumonía.