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Luisa de Dinamarca: una princesa sueca en el trono danés

La esposa del Rey Federico VIII fue una clara impulsora del escandinavismo lo que la llevó a tener muchos enfrentamientos con su suegra

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Es hija del rey Federico VIII y Luisa de Suecia, hija del rey Carlos XV de Suecia y Noruega

© Commons Wikimedia

Nació como princesa de Suecia en los días en los que todavía vivía su abuela, la anciana Josefina de Leuchtemberg. Hija única y mimada de los Reyes suecos se convirtió en la candidata perfecta para el príncipe heredero de Dinamarca y futuro monarca Federico VIII. Poco atractiva, pero con una dote impresionante y magníficas joyas, mantuvo desde el principio una relación muy tensa con su suegra, Luisa de Hesse. Apenas estuvo seis años en el trono, pero durante ese tiempo Dinamarca avanzó hacia la modernidad y el parlamentarismo. Hija y madre de dos reyes, por su sangre corría el mejor pedigrí europeo. Es, además, cuñada de la zarina María Fiodorovna, de la Reina Alejandra de Reino Unido y del Rey Jorge de Grecia.

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Era cuñada de cuñada de la zarina María Fiodorovna, de la Reina Alejandra de Reino Unido y del Rey Jorge de Grecia ©Carl Christian Sonne/Commos Wikipedia

Luisa nació en Estocolmo en 1851. Era hija de los entonces monarcas Carlos XV y Luisa de Nassau, aunque no heredará ni la elegancia ni el porte regio de su madre. En esos días Suecia se abría a la modernización y los avances sociales, aunque ya empezaban a sonar voces que reclamaban la independencia de Noruega. Luisa sólo tenía un hermano que falleció prematuramente por lo que entorno a la figura de la joven princesa, empezó a sobrevolar el asunto de la sucesión: la “ley sálica” vigente impedía a las mujeres acceder al trono sobre todo cuando la dinastía masculina de los Bernadotte quedaba garantizada en su tío -y hermano de su padre-, el futuro Rey, Oscar II. El nombre de Luisa empezó entonces a valorarse como una posibilidad de acercamiento a otro trono europeo, en unos tiempos en los que la “defensa del escandinavismo” se podía plantear como una opción política y económica. Además, Suecia parecía estar en deuda con Dinamarca por no haberle prestado apoyo en la llamada “Guerra de los Ducados”, primera fase del proceso unificador bismarkiano que tanto cambiaría el mapa de Europa. ¿No era la joven una buena candidata? Lo operación contaba también con el visto bueno de la poderosa Reina Victoria de Inglaterra, pues en esos días pocas cosas se hacían sin su consentimiento.

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Artículo publicado en el diario La Nación con motivo de la muerte de Luisa de Dinamarca en 1926 a los 78 años debido a una neumonía ©Recorte del diario La Nación

Luisa no era atractiva. Más bien feucha, pero aportaba una buena dote y un joyero impresionante. Prevalecía también la idea de mejorar las relaciones diplomáticas entre ambos países una vez que los reyes daneses, Christian IX y Luisa de Hesse, ya habían colocado a varios de sus hijos en tronos europeos: la zarina Madre Fiodorovna (madre del malogrado Nicolás II), Alejandra de Reino Unido y el novel monarca Jorge de Grecia. En este contexto, Luisa y Federico se casaron en el Palacio Real de Estocolmo el 28 de julio de 1869 y pronto se marcharon a Dinamarca donde comenzaron una etapa de más de cuatro décadas como príncipes herederos. Residían en el Palacio Real de Amalienborg aunque tenían además la residencia de verano de Charlottenlund, al norte de Copenhague. Como pareja nunca fueron felices: el mantenía otros amoríos y ella se refugió en la fe y las obras de caridad, lo que la llevó a ser muy querida por el pueblo.

En 1906 accedieron al trono. Durante su breve mandato Dinamarca consolidó el parlamentarismo y exportó a otro de sus príncipes, al recién creado reino de Noruega: quiso la historia que el segundo hijo de Luisa, el príncipe Carlos, reinase en Noruega como Haakon VII, se casase con Maud de Gales y años después, plantase cara a los nazis al inicio de la II Guerra Mundial.

Federico VIII falleció en Hamburgo en 1912, en condiciones todavía cuestionadas. Luisa permaneció en Dinamarca y ayudó a su hijo, el nuevo Rey Christian X en la consolidación del trono danés. Luisa murió de un ataque de neumonía en 1926 a los 78 años. Está enterrada en la catedral de Roskilde.

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