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Luisa de Suecia y la defensa del ‘escandinavismo’

Luisa pasó una infancia marcada por el carácter prusiano de su madre y los aires levantiscos de una nación que aspiraba a la independencia

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Reina

Luisa lucirá las maravillosas joyas de Josefina, entre ellas la espectacular tiara de Camafeos

© Wikimedia Commons

Aunque nació en los Países Bajos, su imagen se asocia a Suecia, al impuso de la modernidad y las ideas democráticas. Luisa pasó una infancia marcada por el carácter prusiano de su madre y los aires levantiscos de una nación que, como Bélgica, aspiraba a la independencia. Sin embargo, su boda en 1850 con el Príncipe heredero de Suecia, la llevó a Estocolmo: durante los veintiún años de matrimonio trabajaron juntos en la idea de asentar la dinastía Bernadotte y hacer de los fríos reinos del norte una nación próspera, industrializada y solidaria. Su única hija, también llamada Luisa, se convertirá en Reina de Dinamarca y de ella descienden las dinastías que hoy ocupan el trono en el norte de Europa.

Suecia
Luisa era hija del Príncipe Federico, segundogénito del monarca holandés ©Wikimedia Commons

Guillermina Federica Alejandrina Ana Luisa –más conocida, simplemente, como Luisa de Suecia- nació en La Haya en 1823. Era una Orange-Nassau. En esos días su abuelo, el Rey Guillermo I de los Países Bajos, trataba de hacer frente a los impulsos revolucionarios que desde Bruselas amenazaban la integridad territorial del país.

La controversia lingüística y sus políticas a favor de la iglesia reformada neerlandesa en los tiempos de las olas revolucionarias europeas habían enemistado a la dinastía con los incipientes nacionalismos de la zona. Y pese al apoyo flamenco, en 1830, se producía la independencia de Bélgica: un nuevo país acababa de aparecer en el mapa europeo.

Luisa era hija del Príncipe Federico, segundogénito del monarca holandés, quien se había puesto al frente de esas tropas que trataron inútilmente de mantener la unidad del país en una causa perdida para los Países Bajos. Fue una guerra inútil. La familia se estableció en la localidad de Wassenaar, cerca de la costa del mar del Norte y a escasos kilómetros de la capital.

Reina de Suecia
Luisa era esbelta, elegante y de porte regio ©Wikimedia Commons

Vivían en el Palacio de Paauw, que su padre había mandado construir para seguir cerca de la corte, aunque viajaban muy frecuentemente a Berlín, tierra natal de su madre, la Princesa Luisa, y donde reinaba su abuelo Federico Guillermo III. Ahora el problema de los Ducados y los primeros brotes de nacionalismo alemán volvían a hacer peligrar las fronteras continentales. Fue en una de estas estancias berlinesas cuando la joven Luisa conoció al entonces heredero del trono sueco, el Príncipe Carlos.

Ella era esbelta, elegante y de porte regio. Él, apuesto, inteligente y de elevada estatura; digno heredero de sangre de los Bernardotte. El matrimonio se celebró en 1850 e inmediatamente se trasladaron a Estocolmo, donde todavía residía la anciana Reina Desirée. Desde entonces, Luisalucirá las maravillosas joyas de Josefina, entre ellas la espectacular tiara de Camafeos. Durante casi una década cumplieron sus responsabilidades institucionales como herederos al trono y viajaron por las gélidas tierras noruegas, unificadas a la corona sueca.

En 1860, fallecía el Rey Oscar I: comenzaba el reinado de Carlos XV y Luisa de Suecia. Juntos trabajaron por la modernización del país en una clara apuesta de crear un “estado democrático”. En estos años se desarrollaron las comunicaciones ferroviarias, se impulsó la economía y las mujeres obtuvieron el derecho al voto en elecciones municipales.

Carlos XV de Suecia
Luisa y Carlos disfrutaron de un matrimonio armonioso, aunque ella siempre lamentó su incapacidad para dar nuevos herederos a la corona ©Wikimedia Commons

El país se ponía a la cúspide del progreso social y de las libertades que tanto determinarán la evolución histórica de Suecia. Fueron además claros defensores del “escandinavismo” y de la solidaridad política de los tres reinos nórdicos (Suecia, Noruega y Dinamarca). Quizá por ello su única hija, Luisa, fue elegida para contraer matrimonio con el príncipe heredero de Dinamarca y convertirse en Reina, unos años después.

Luisa y Carlos disfrutaron de un matrimonio armonioso, aunque ella siempre lamentó su incapacidad para dar nuevos herederos a la corona. Además, el Rey, empezaba a mostrar evidencias de una salud delicada, replanteando el problema de la sucesión. También Luisa, tenía achaques: fallecía en Estocolmo el 30 de marzo de 1871, con 43 años.

A su muerte se estableció luto de varios días, mitad riguroso y mitad “de alivio” como se decía en la época. El Rey apenas vivió un año más. Fue su hermano menor -primero en la línea de sucesión ante la inexistencia de otro heredero- quien reinará como Oscar II.

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