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La misteriosa leyenda del diamante Hope, la joya ancestral a la que achacan hasta la muerte de María Antonieta

Un comerciante francés lo trajo a Europa en el siglo XVII y la gema fascinó a Luis XIV

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Diamante azul más grande del mundo

El de Hope es el diamante azul más grande del mundo

© CordonPress

El diamante de Hope es el diamante azul más grande del mundo. Una pieza única que por sí sola tiene un valor económico desorbitado, pero si a eso se le añade que la han lucido reyes y princesas y que su origen es casi ancestral, su precio pasa a ser incalculable. Procede del diamante Tavernier Blue, que era más grande aún (pesaba 115 quilates) y tenía una peculiar forma triangular. Todo un objeto de deseo que fue descubierto en 1660 por el mundo occidental y que traía consigo una oscura leyenda que, tras ser extraída de su lugar de origen, parecía haberse hecho realidad.

Diamante azul más grande del mundo
Luis XIV lo adquirió en 1668 porque le pareció la joya perfecta para simbolizar el poder del ‘Rey Sol’ ©CordonPress

Cuenta esa leyenda que la joya había sido tallada por una deidad hindú del sol como dádiva a Sita, esposa del dios Rama. En un principio, estaba ubicada precisamente en un templo erigido en honor de Sita hasta que fue robado. Tiempo después, el comerciante francés Jean-Baptiste Tavernier dio con él durante su estancia en India y no dudó en comprarlo. A su regreso a Francia, Tavernier lo revendió nada menos que al mismísimo rey Luis XIV y ahí es cuando la maldición que supuestamente escondía el diamante pareció cobrar vida.

Al monarca francés le pareció la joya perfecta que sirviese de símbolo del Rey Sol y encargó al joyero real que le diese la forma adecuada. Sieur Pitau (así se llamaba el joero) lo redujo a 69 quilates, pero intensificó su brillo y lo engastó en un distintivo dorado con el que consiguió un efecto de resplandor, como si los rayos del sol se reflectaran de la propia piedra.

Comerciante francés del siglo XVII
El comerciante francés Jean-Baptiste Tavernier adquirió en India en 1660 el que siglos más tarde se conocería como el diamante de Hope ©CordonPress

Aunque Luis XIV lo adquirió en 1668, unos años más tarde, en 1715, se lo mostró al embajador del Sha de Persia, a quien contó la leyenda y a quien intentó probar que ésta era falsa. El rey moriría de manera repentina ese mismo año. Muchos atribuyeron su muerte al diamante, sobre todo, cuando supieron que Tavernier también había había caído en desgracia tras venderlo y huyó a Rusia tras declararse en quiebra. En ese país sería hallad sin vida.

La historia continúa con los descendientes del monarca francés. Luis XV no mostró gran interés en la piedra preciosa y la conservó en un cofre, por lo que ningún acontecimiento de su vida se achaca a la temida maldición. Luis XVI, sin embargo, la sacó del olvido y su esposa, María Antonieta, lo portaba a menudo. El destino de la pareja real no pudo ser peor al acabar, como bien es sabido, en la guillotina.

Museo Nacional de Historia Natural de la Institución Smithsoniana
Enfermeras británicas de visita a Estados Unidos contemplan, en 1964, el diamante Hope en el Museo Nacional de Historia Natural de la Institución Smithsoniana ©CordonPress

Durante la revolución francesa, fue robado y la historia de finales dramáticos no cesaba de repetirse tanto en los ladrones como en sus posteriores dueños: el holandés Wilhelm Fals (quien cortó en dos la gema), el duque de Brunswick, el rey Jorge IV de Inglaterra… hasta familias acaudaladas de grandes magnates. La mayoría tuvieron muertes trágicas. En 1958 su último propietario, el estadounidense Harry Winston, lo donó al al Museo Nacional de Historia Natural de la Institución Smithsoniana, de Estados Unidos. Desde entonces, el diamante Hope está allí expuesto y es uno de los grandes reclamos de la pinacoteca. No hay noticia de más tragedias achacadas a la gema.