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La Roma del siglo XVII ya demostró que una de las claves para vencer la pandemia es el confinamiento

El Papa Alejandro VII impuso esta medida cuando identificaron el primer caso de peste y en sus dominios solo se registró un 8 por ciento de los fallecidos

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Capital de Italia

La primera medida fue cortar todo tipo de relaciones con otros territorios cuya situación era peor como el Reino de Nápoles

© GettyImages

La historia (casi) se repite 400 años después. Entre mayo de 1656 y agosto de 1657 la peste asoló Italia, aunque la incidencia de la enfermedad no fue la misma en todo el país. Roma se convirtió en un ejemplo de gestión gracias a las medidas impuestas por el Papa Alejandro VII. Una decisión válida para la actual situación creada por el coronavirus porque el confinamiento fue una de las claves para derrotar a la enfermedad.

La peste provocó que el 60 por ciento de los habitantes de Génova perdieran la vida. En Cerdeña y en Nápoles las cifras fueron semejantes: 55 y 50 por ciento. En Roma sólo perdieron la vida el 8 por ciento de los ciudadanos: 9.500 personas de un total de 120.000. Las medidas adoptadas por el Papa Alejandro VII marcaron la diferencia.

Cuando la peste llegó a los Estados Pontificios (que iban más allá de Roma puesto que abarcaban la actual zona central de Italia) sólo llevaba un año como Pontífice. Contó con la ayuda del Congreso de la Salud, una institución creada para gestionar un brote anterior de la misma enfermedad, y establecieron una serie de restricciones que aplicaron poco a poco hasta llegar al confinamiento total.

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Roma cerró sus puertas de forma literal y todos los desplazamientos necesitaban u justificante y un registro ©GettyImages

Los primeros pasos consistieron en cortar relaciones con otros reinos cuya situación era peor y en prohibir la entrada de viajeros procedentes de esas zonas de Italia. Cuando identificaron el primer enfermo en Roma, se impuso la cuarentena en la ciudad. No fueron las únicas medidas que aplicaron entonces y que serían válidas en la actualidad.

Confinamiento

La ciudad de Roma cerró sus puertas literalmente. Sólo ocho de ellas permanecían abiertas, pero están vigiladas durante las 24 horas del día por soldados, nobles y religiosos. Cualquier persona que quisiera entrar o salir debía justificar el desplazamiento que, además, quedaba registrado.

Rastreadores

El Papa Alejandro VII diseñó una norma que obligaba a los ciudadanos a informar a las autoridades si conocían a alguna persona enferma. Además, los párrocos y sus asistentes visitaban cada tres días todas las casas de sus distritos para identificar y registrar a los enfermos. Éstos contaban con una red de apoyo para sobrellevar el aislamiento.

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En 1657 la peste desapareció de Roma y para celebrarlo el Papa Alejandro VII encargó la construcción de la Plaza de San Pedro ©GettyImages

Reuniones sociales y familiares

Los encuentros sociales de todo tipo fueron prohibidos. Roma dejó de tener misas, visitas diplomáticas, reuniones públicas, fiestas, ceremonias públicas, civiles y religiosas… Se pausaron las actividades económicas y se vigilaron los caminos.

Los negacionistas

En el siglo XVII también hubo quien dudó de la veracidad de la situación. El Papa Alejandro VII tuvo que luchar con la enfermedad y con los negacionistas de la época que aseguraban que se había inventado la enfermedad para ganar popularidad. Incluso su círculo más íntimo le aconsejaba que no tomase este tipo de determinaciones por miedo a que la economía de la ciudad se resintiese. El Pontífice desoyó aquello y aplicó su política de salud.

La victoria final

Gracias a aquel confinamiento total y a las medidas aplicadas, Roma venció la peste en 1657 y el Papa Alejandro VII lo celebró por todo lo alto: encargó la construcción de la Plaza de San Pedro a Bernini.