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María de Hesse-Darmstadt: bastardía e infidelidades en la corte rusa

Fue muy criticada por una timidez casi enfermiza que la forzaba a ausentarse de los actos institucionales de la Corte

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Reinas

Consuegra de la Reina Victoria de Inglaterra, desempeño una activa labor asistencial en un Imperio devastado por la violencia de las organizaciones revolucionarias

© Wikimedia Commons

Tuvo que soportar las infidelidades de su esposo, el Zar Alejandro II aunque por sus propias venas corriese también la sombra de una supuesta bastardía. Nacida en un pequeño ducado alemán, María de Hesse, llegó a Rusia para convertirse en esposa del entonces heredero.

Esbelta y espigada fue muy criticada por una timidez casi enfermiza que la forzaba a ausentarse de los actos institucionales de la Corte. Consuegra de la Reina Victoria de Inglaterra, desempeñó una activa labor asistencial en un Imperio devastado por la violencia de las organizaciones revolucionarias.

Ducado de Hesse
María se convirtió a la iglesia ortodoxa y transformó su nombre a María Aleksandrovna ©EuropaPress

María nació en Darmstadt, capital del Gran Ducado de Hesse en 1824. En aquellos días comenzaba a planear la sombra del nacionalismo alemán que terminará transformando el mapa de Europa. María creció en su pequeña corte, pero desde la infancia fue objeto de críticas atribuidas a los amores licenciosos de su madre, Guillermina de Baden, con el barón Augusto Serarclens de Grancy.

Luis II reconoció oficialmente la paternidad de María, aunque su posición quedó comprometida para un posible casamiento. Así ocurrió: cuando el entonces zarévich visitó el ducado en busca de esposa y conoció a la joven María, encontró mucha oposición de cara a formalizar el noviazgo. Pese a ello y a la edad de María -contaba con apenas catorce años- el heredero del trono ruso consiguió autorización para convertirla en su esposa. La boda se celebró en 1841 en el Palacio de Invierno de San Petersburgo.

María se convirtió a la iglesia ortodoxa y siguiendo la tradición imperial, transformó su nombre a María Aleksandrovna. El matrimonio vivió años de felicidad en los que nacieron muchos Grandes Duques y Duquesas. En 1855, tras la muerte de Nicolás I, eran coronados como Zares en Moscú en una fastuosa ceremonia acorde con el protocolo del Imperio.

María de Hesse-Darmstadt
María Aleksandrovna junto a su esposo, el zar Alejandro II, y su hijo mayor ©Wikimedia Commons

Comenzaba el mandato de Alejandro II, una era marcada por las medidas reformistas que llevarán a la aprobación de la liberación de los siervos. Sin embargo, la Rusia imperial se desangraba en conflictos internos marcados por la violencia de corte anarquista, las conspiraciones nihilistas y la guerra de Crimea. Rusia se había convertido en la última autocracia europea y las medidas modernizadoras del zar, chocaban con los movimientos revolucionarios que tanto ralentizaron un progreso necesario.

La Zarina era morena y de cabellos rizados, con una “dignidad incomparable” según puede leerse en la prensa de la época (El Pabellón Nacional 6 junio 1880). Sin embargo, María no tenía afición a los fastos que imperaban en los grandes palacios del Neva. Su actividad encajaba más con las labores de carácter asistencial y socorro propias de su rango. Soportó con discreción el romance de su marido con Catalina Dolgorúkov, con quien era público y sabido que compartía otras paternidades. En ese tiempo, María viajó; San Remo, Niza…hasta que su salud comenzó a deteriorarse por fuertes afecciones pulmonares.

María Aleksandrovna
María Aleksandrovna falleció a los 46 años y, apenas unos meses después, su viudo, el Zar, contraía un nuevo matrimonio con la que había sido su amante ©Wikimedia Commons

María Aleksandrovna sufrió la muerte de su primogénito y heredero, vivió con alegría el enlace de su hijo Alejandro III con Dagmar de Dinamarca y de su hija, la Gran Duquesa María, con el Duque de Edimburgo, el Príncipe Alfredo, segundo hijo de la Reina Victoria de Reino Unido: dos de las mujeres más poderosas del planeta quedaban unidas por lazos de sangre.