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Así ha modificado la pandemia nuestra percepción del tiempo

Para algunas personas todo ha pasado muy rápido y para otros ha sido más lento de lo habitual: ¿por qué esta disparidad de sensaciones?

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Ha cambiado la percepción del tiempo

El cuerpo humano tiene relojes biológicos, pero las emociones juegan un papel fundamental en la percepción del tiempo

© GettyImages

Muchas personas comparten la sensación de que, a pesar de todo lo vivido, 2020 pasó más rápido de lo habitual; algo que están experimentando, de nuevo, en 2021. Y, sin embargo, hay gente que vive la situación contraria y recuerda la vida previa al coronavirus como algo muy lejano. Así ha modificado la pandemia nuestra percepción del tiempo.

Más del 80 por ciento de las personas asegura que, durante el último año, ha experimentado distorsiones en el paso de los días. El coronavirus no sólo ha modificado nuestras vidas, también el sentido del tiempo: aunque desde el punto de vista científico es algo preciso, su percepción no lo es.

Ha cambiado la percepción del tiempo
Desde el punto de vista científico el tiempo es algo preciso, pero la forma en la que las personas lo sienten no lo es ©GettyImages

La emoción

Nuestro cuerpo cuenta con relojes biológicos: partes del cerebro que funcionan como ciclos controlando procesos básicos como el sueño o el hambre. Sin embargo no son ellos los únicos que nos informan del paso de las horas. Según explica The Conversation, la emoción se habría convertido en una unidad de medida del tiempo.

Cuando la intensidad es alta provoca un número elevado de sensaciones en poco tiempo: la diferencia entre ellas y las habituales hace que percibamos el tiempo más lento. Sin embargo, si la cantidad de sensaciones es más baja parece que todo avanza más rápido: esta razón explica que para muchas personas el confinamiento pareciera breve ya que los días se sucedían sin grandes cambios.

Ha cambiado la percepción del tiempo
Dependiendo de la intensidad y de la cantidad de emociones vividas, el paso del tiempo es más o menos rápido ©GettyImages

Rápido y lento

Se ha comprobado, por lo tanto, que la emoción es un factor que afecta a la experiencia del tiempo. Aquellos que sufrieron niveles altos de estrés, probablemente, vivieron un lento avance del tiempo. Y lo mismo sucedió con quienes padecieron episodios de depresión y la ansiedad: al generar un profundo malestar, la persona tiene a controlar con más frecuencia su evolución y sus sensaciones. Algo que dilata las horas.

En el otro lado de la balanza nos encontramos con sentimientos como la euforia, que ayuda a concentrarse en las sensaciones agradables y, por lo tanto, dejamos de examinar constantemente el paso del tiempo: por eso parece más liviano. En el confinamiento se dieron situaciones que contribuyeron a esto como mantener una rutina social o tener una carga de trabajo más elevada: ambas ayudaban a desviar la atención.