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Dagmar de Dinamarca: la Zarina que sobrevivió a la Revolución

Fue una Zarina arrogante, consciente de sus responsabilidades regias y distanciada de las necesidades del pueblo ruso

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Reina de Rusia

La zarina mantuvo malas relaciones con su nuera, Alix de Hesse, a la que tachaba de débil e histérica

© GettyImages

Consiguió salvarse de las garras de la Revolución comunista de 1917, pero en su ánimo siempre quedó la tristeza por el trágico final de su hijo Nicolás II y el resto de la Familia Imperial. Fue una Zarina arrogante, consciente de sus responsabilidades regias y distanciada de las necesidades del pueblo ruso.

Su vida estuvo marcada por las circunstancias políticas de Europa: se convirtió en princesa de Dinamarca, llegó a San Petersburgo como prometida del heredero y contrajo matrimonio con el hermano de este. Profundamente antialemana, mantuvo malas relaciones con su nuera, Alix de Hesse, a la que tachaba de débil e histérica. Hija y hermana de reyes, el destino hizo que terminase refugiada en su tierra natal, lejos de las inmensas estepas siberianas que se desangraban en una Guerra Civil.

Dagmar de Dinamarca
Dagmar pasó a convertirse en prometida de su ‘cuñado’, el Zar Alejandro II, tras la muerte del primogénito, Nicolás ©Wikimedia Commons

Dagmar nació en Copenhague en noviembre de 1847. Pocos pensaban entonces que su padre, Cristian de Schleswig-Holstein, llegaría a convertirse en Rey de los daneses, pero las ansias nacionalistas de Bismark llevarían a un cambio en la política territorial de los estados alemanes por la conocida como “guerra de los ducados”.

Creció rodeada de hermanos, algunos de los cuales terminaría también ostentando la dignidad regia: Alejandra, Reina de Inglaterra tras su matrimonio con Eduardo VII y el menor, inaugurando la dinastía helena como Jorge I de Grecia. Fue educada en la iglesia luterana y se crio sin los lujos que podrían suponerse para una Princesa de Dinamarca. Pese a ello, las transformaciones de Europa hicieron que Dagmar comenzase a ser valorada como pieza interesante en los intereses estratégicos rusos.

El entonces Zar, el reformista Alejandro II, convino el matrimonio de su primogénito Nicolás –apodado Nixa- con la joven. Se enamoraron, pero nada presagiaba el fatal destino: una fuerte meningitis terminaba de forma fulminante con la vida del zarévich. Dicen que en el lecho de muerte éste le pidió que se casase con su hermano, el corpulento Gran Duque Alejandro. Y así hizo: Dagmar pasaba a convertirse en prometida de su “cuñado” y nuevo heredero.

La boda se celebró en el Palacio de Invierno de San Petersburgo el 9 de noviembre de 1866. Fastuosa, imponente, como correspondía a quien un día estaba llamado a convertirse en Zar de todas las Rusias. Ya en la fe ortodoxa, adoptó el nombre de Maria Fiodorovna. Durante casi quince años ocupó el papel de zarevna en un país que arrastraba fuertes desajustes sociales; de base mayoritariamente campesina y en el que la modernización apenas se abría camino, lastrado por un atraso económico secular.

Rusia
En 1917 estallaba una Revolución que liquidaba el Imperio de los Zares ©Wikimedia Commons

El matrimonio aportó al Imperio una copiosa descendencia y hasta llegaron a quererse. Compartían, además, aficiones como la pesca. Pero en 1881, tras un desfile militar, moría asesinado en un atentado anarquista el Zar Alejandro II, el mismo que había aprobado la emancipación de los siervos. Según relatan las crónicas, su cuerpo quedó completamente destrozado.

Alejandro III y María fueron coronados en el Kremlin de Moscú apenas unas semanas después. La princesa danesa se había convertido en Emperatriz. Estableció en Gatchina su residencia, pues se consideró que este palacio ofrecía mayores condiciones de seguridad para la familia. Pese a ello, el Zar sufrió un intento de asesinato a manos del hermano mayor de Lenin en 1887: Alexander Uliánov terminó en la horca. Alejandro III sobrevivió; sin embargo y pese a su inmensa complexión, una nefritis terminaba con su existencia en 1894. Maria Fiodorovna se quedaba viuda.

Comenzaba el reinado de Nicolás II. A su lado, la Zarina Alejandra. Desde entonces los problemas se sucedieron en la autocrática Rusia: la derrota en la guerra ruso-japonesa supuso una humillación para el Imperio, el descontento social se acentuaba, la hemofilia lastraba al heredero y aparecía en la Corte el siniestro Rasputín. Maria no podía entender la dependencia que Nicolás y Alejandra tenían de este personaje sanador que amenazaba, todavía más, la supervivencia de Rusia en el contexto de las derrotas en la Primera Guerra Mundial. Y así, en 1917 estallaba una Revolución que liquidaba el Imperio de los Zares.

Reina de Rusia
Consiguió escapar de la orden bolchevique de liquidar a los Romanov gracias a la ayuda de su hermana Alejandra, Reina madre de Inglaterra y su sobrino Jorge V ©GettyImages

María vio a su hijo por última vez en Mogilev, en el mes de marzo. Después, ella se refugió en Crimea: no quería abandonar el país. Fue ahí donde le informaron que Nicolás, su esposa y nietos habían sido asesinados. Nunca lo aceptó.

Las noticias eran confusas en esos días de guerra y revolución, sin embargo, parecía claro que todo estaba perdido. Consiguió escapar de la orden bolchevique de liquidar a los Romanov gracias a la ayuda de su hermana Alejandra, Reina madre de Inglaterra y su sobrino Jorge V. La huida se organizó a través del Mar Negro. Llegó a Londres. Estaba desolada. Tras una temporada difícil, decidió establecerse definitivamente en su Dinamarca natal. Falleció en 1928 a los 80 años. ¿Reconoció a su nieta Anastasia? Eso fue solo producto de la leyenda. Sus restos descansan en la fortaleza de San Pedro y San Pablo en San Petersburgo.

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