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Olga de Grecia: ¿quién fue la abuela del Duque de Edimburgo?

Fue de los pocos miembros de los Romanov que consiguió sobrevivir a la Revolución Bolchevique que asesinó a toda la Familia Imperial en 1918

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Reina de Grecia

Su vida estuvo marcada por la tragedia, las muertes y los exilios

© Wikimedia Commons

Nació como Gran Duquesa Rusa y se convirtió en Reina de Grecia, pero su vida está marcada por la tragedia, las muertes y los exilios. Fue de los pocos miembros de los Romanov que consiguió sobrevivir a la Revolución Bolchevique que asesinó a toda la Familia Imperial en 1918: la intervención de la diplomacia danesa le salvó de las garras comunistas.

El reinado de su esposo, fue el más largo de la historia de Grecia (1863-1913) en unos años en los que se trató de modernizar un país en permanente conflicto con el Imperio Otomano. Fundó hospitales, orfanatos y atendió personalmente a todos sus hijos, algo poco habitual en la realeza de la época. Entre ellos el díscolo Príncipe Andrés, padre del Duque de Edimburgo. Es, además, la bisabuela de la Reina Doña Sofía.

La Gran Duquesa Olga nació en San Petersburgo en 1851, durante el reinado de su abuelo, el Zar Nicolás I de Rusia. Su madre, Alejandra de Sajonia, era una de las princesas más bellas de entonces. Vivió con el oropel propio de la familia Romanov, pasando temporadas entre sus palacios de Tsárskoye Seló y Crimea.

Cuando era niña, su padre fue nombrado Virrey de Polonia –entonces todavía integrada en el Imperio Ruso- y se establecieron en Varsovia, en un momento de fuerte beligerancia nacionalista. De regreso a la capital rusa y todavía muy joven, conoció al que habría de convertirse en su esposo, el ya Rey Jorge I de Grecia.

Rey Jorge I y reina Olga de Grecia
Muy joven conoció al que habría de convertirse en su esposo, el ya Rey Jorge I de Grecia, con el que tuvo un matrimonio feliz y lleno de hijos©EuropaPress

De origen danés, el pretendiente era además hermano de Dagmar de Dinamarca, quien pronto se convertiría en Zarina Imperial. También era hermano de la Reina Alejandra de Reino Unido (esposa del futuro Eduardo VII), por lo que, aunque Grecia era un país menor en el plano internacional, sus relaciones familiares lo convertían en un buen partido. Olga era reservada y discreta, pero tenía unos muy vivos ojos claros, que pronto enamoraron al Rey. El enlace se celebró en el Palacio de Invierno en 1867.

Fue un matrimonio feliz, lleno de hijos, que supo ganarse el cariño general del pueblo heleno. A Olga le costó familiarizarse con la lengua y costumbres de su nuevo país, pero se implicó en las labores de asistencia y caridad, propias de las soberanas de entonces. Grecia era pobre, con unos niveles de analfabetismo altos, permanentes conflictos en Creta, los Balcanes y especialmente, con el Imperio Otomano.

Eran días de una importante ofensiva anarquista y en un contexto prebélico, Jorge I fue asesinado en Tesalónica. Olga, profundamente afligida, presidió los funerales y asistió a la proclamación de su hijo, Constantino, como nuevo Rey de Grecia. Pero, tras el luto oficial, decidió volver a su patria natal. Regresó a Rusia y se estableció en el Palacio de Páulovsk, a pocos quilómetros de San Petersburgo. Será ahí, donde se entere del estallido de la Revolución Bolchevique y del trágico destino de toda la Familia Imperial.

Olga Konstantínova Románova
Vivió bajo arresto domiciliario, sometida a racionamiento de alimentación y la cruda vigilancia de los soviets©Wikimedia Commons

Ella misma vivió bajo arresto domiciliario, sometida a racionamiento de alimentación y la cruda vigilancia de los soviets. Tras meses de miedos e incertidumbres, y gracias a la intervención de la diplomacia danesa –era viuda de un Príncipe danés-, consiguió librarse de la muerte. Salió de una Rusia en plena Guerra Civil y se refugió en Suiza, junto a su hijo Constantino recientemente depuesto.

Sin asignación por parte de Grecia y nacionalizadas todas las propiedades de los Romanov, Olga y los suyos pasaron limitaciones económicas de las que, como tantas veces en la historia del exilio, se sobrepusieron gracias a la venta de las joyas. En 1920 consiguieron volver a Atenas tras la derrota política de Venizelos. Pero la guerra greco-turca volvía a complicar las cosas. De nuevo en el destierro, Olga vivió en Reino Unido y Francia hasta que decidió fijar su residencia en “Villa Anastasia” a las afueras de Roma. Falleció en 1926 a los 75 años. No llegó a ver la restauración de la Monarquía en Grecia.

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