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Alejandra de Reino Unido: un icono de popularidad en las postrimerías del siglo XIX

Pese a sufrir fiebres reumáticas y una agudizada sordera, fue reconocida como el personaje más popular de la familia

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Esposa de Eduardo VII

Con tan solo 18 años, la entonces princesa Alejandra tuvo que soportar los continuos escándalos sentimentales de su recién marido Eduardo

© Wikimedia Commons

No debió resultarle fácil convertirse en la nuera de la longeva Reina Victoria de Inglaterra (1819-1901), la mujer más poderosa del planeta. Tampoco soportar las continuas infidelidades de su esposo, el Príncipe de Gales y futuro Eduardo VII. Su ascendencia danesa y las rivalidades territoriales resultado de los procesos unificadores que se estaban produciendo en Europa la pusieron en el punto de mira de la Corte británica. Pero Alejandra supo ganarse el cariño de los ingleses y convertirse en un icono popular en su época. Reina madre a partir de 1910, sufrirá desde la distancia la ruptura de los lazos familiares provocada por el inicio de la Primera Guerra Mundial. El pedigrí de su sangre se había propagado por todo el continente.

Alejandra nació en Copenhague en 1844 en un tiempo de Revoluciones liberales y de cambios en las fronteras nacionales. Creció de manera sencilla y poco regia, siempre acompañada de su hermana Dagmar, futura Emperatriz de Rusia y Jorge, quien llegará a ser proclamado Rey de Grecia. Diferentes circunstancias dinásticas convirtieron a su padre, Cristian Schleswig-Holstein –un príncipe de rango menor- en Rey de los daneses como sucesor de Federico VII, poco después de la guerra por la titularidad de los Ducados: Bismarck había decidido incorporar este territorio de lengua alemana al nuevo Imperio del Kaiser y por este motivo, la candidatura de Alejandra como esposa del heredero al trono británico, no fue a priori, vista con buenos ojos en las cortes continentales. Tampoco la Reina Victoria parecía muy dispuesta a dar el consentimiento para el matrimonio de su díscolo primogénito, pero el triunfo prusiano la hizo cambiar de opinión.

Rey Eduardo de Gales
Entre las numerosas amantes del Rey Eduardo de Gales se encontraba la madre del futuro Winston Churchill©Wikimedia Commons

El enlace se celebró en la capilla de St. George en el Palacio de Windsor en 1863 y desde entonces, la joven Princesa –apenas contaba con dieciocho años- tuvo que soportar los continuos escándalos sentimentales de Eduardo. Entre sus muchas amantes, se encontraría Lady Jennie Churchill, madre de un prometedor Winston Churchill, que en esos días hacía sus pinitos como corresponsal en la India, Sudán y Sudáfrica, territorios principales del todopoderoso Imperio Británico.

A Alejandra le costó mucho integrarse en la Corte de los Sajonia- Coburgo (luego renombrados Windsor) y especialmente tratar de librarse del férreo control que marcaba la matriarca Reina Victoria. Tampoco le resultó fácil llevarse bien con sus cuñadas. Eran los días en los que Disraeli y Gladstone se repartían el Gobierno y apenas dejaban margen de actuación política al frívolo e irresponsable Príncipe de Gales. Pero Alejandra fue capaz de solventar la adversidad –sufría fiebres reumáticas y una agudizada sordera- para ser reconocida como el personaje más popular de la familia.

Como Princesa de Gales abanderó muchas causas sociales y cuando, por fin, su marido fue coronado como Eduardo VII tras el fallecimiento de su madre en 1901, supo representar al Imperio con virtud y dignidad. Admirada por su porte regio y afición al buen vestir, se convirtió en un icono de elegancia entre la alta sociedad puritana de la época que nunca vio con buenos ojos los continuos escarceos del Rey.

Alejandra de Reino Unido
En 1910, Alejandra se convirtió en la Reina madre de Reino Unido tras el fallecimiento de su marido a causa de una bronquitis©Wikimedia commons

En 1910 fallecía su marido de una bronquitis y ella pasaba a ocupar el rol de Reina madre, como Su Majestad la Reina Alejandra. Ahora era su hijo Jorge V con su esposa María de Teck quienes ocupaba el trono de un Imperio que se batiría en armas en el conflicto más devastador de todos los tiempos.

Prácticamente retirada de la vida pública, pasó su madurez pendiente de sus seis hijos y nietos, a los que adoraba hasta que, en 1925, fallece en Sandringham.

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