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María Pía de Portugal: ‘quien quiera reinas, que las pague’

Hija de Víctor Manuel del Piamonte, se ganó el apelativo de “Ángel de la caridad”

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Maria Pia of Savoy, former Queen of Portugal

María Pía era hija del rey Víctor Manuel II de Cerdeña y Piamonte y de la archiduquesa María Adelaida de Austria

© GettyImages

Nació Princesa del Piamonte pero se convirtió por matrimonio en Reina de Portugal. Católica y muy piadosa, se ganó el apelativo de “Ángel de la caridad”: fue adorada por su pueblo. Mujer contradictoria en sus comportamiento, asumía por igual el riesgo de acercarse a un Oporto en llamas como el de ser criticada por su gasto desmedido en alhajas y vestuario. Las facturas que dejaba en las joyerías lisboetas llegaron a amenazar las depauperadas arcas portuguesas. Su existencia estuvo marcada por el embate del terrorismo de signo anarquista, que le arrebataría a su primogénito y a su nieto heredero. Enlutada y melancólica, tuvo que partir al exilio cuando en 1910 se proclamó la República.

queen Maria Pia of Portugal (1847-1911) daughter of VittorioEmanueleII of Italy, c. 1900
En 27 de septiembre de 1862 contrajo matrimonio, por poderes, con el rey Luis I, convirtiéndose el 5 de octubre del mismo año en reina consorte de Portugal©GettyImages

Hija de Víctor Manuel del Piamonte, nació en Turín en 1847. Por sus venas corría la sangre de los Saboya y de los Habsburgo, en los días en los que los impulsos nacionalistas comenzaban a vislumbrar las posibilidades de una unificación en Italia. Desde niña supo que se convertiría en una ficha de cambio en el tablero matrimonial europeo. Por eso cuando se tuvo noticia del repentino fallecimiento sucesivo de los monarcas portugueses –eran tiempos de cólera- muchos pensaron en la joven María Pía para desposar al culto Luis de Braganza, quien sin pensarlo y por el azar del destino de la muerte de sus dos hermanos mayores, se veía destinado a ocupar el trono Portugués. La boda se celebró por poderes en septiembre de 1862 y apenas unos días después, en Lisboa. Tenía apenas quince años. Luis I, hombre de ciencia y muy mal político, seguía sin asumir que era el nuevo titular de la corona.

Comenzaba un reinado marcado por la pérdida de peso lusitano en el marco internacional así como un progresivo distanciamiento de sus antaño aliados británicos. Sin embargo, en lo social, Portugal se convertía en uno de los primeros estados que abolía la pena de muerte y la esclavitud. María Pía fue una consorte volcada en las labores de carácter asistencial y social que supo ganarse el cariño de sus paisanos. Fue una soberana caritativa que, sin embargo, gastaba una enorme fortuna en ajuar y joyería. Considerada como una de las mujeres mejor vestidas de la época, era también derrochona y un tanto frívola. Ella disfrutaba en el Palacio de Ajuda y en los jardines de Cintra, sus lugares favoritos. Y se alegró enormemente cuando vio a su hermano Amadeo convertido, en 1870, en Rey de España. Viuda desde 1889 por el fallecimiento de su esposo, asumió con cierta resignación su nuevo papel institucional como madre de Carlos I y sobre todo, como suegra de la Reina Amelia.

Luis I of Portugal (Lisbon, 1838-Cascais, 1889)
Luis I de Portugal, apodado el Popular, era hijo de la reina María II y del rey consorte Fernando II©GettyImages

Eran tiempos convulsos y días de violencia en los que el anarquismo ganaba peso en el terreno social. Con una revolución en ciernes, María Pía vio con incredulidad y dolor como unos terroristas pistoleros terminaban con la vida de su hijo y nieto Luis Felipe, en la lisboeta Plaza del Comercio. Era el año 1908. Tras el regicidio, María Pía no recuperó la cordura. La “reina loca” vagaba demente con las diferentes residencias reales hasta que en 1910, una Revolución, hizo que en Portugal se proclamase la República. María Pía, con el resto de la Familia Real, embarcaba rumbo al exilio. Le quedaba el dolor de ver a su joven nieto, Manuel II de Braganza, destronado y condenado al destierro.

María Pía volvió a Turín. Y ahí falleció, en el castillo de Stupinigi, apenas nueve meses después de abandonar Portugal. Tenía sesenta y cuatro años. Está enterrada en la Basílica de Superga, junto a su familia paterna.

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