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Amelia de Orleans: la última Reina de Portugal

Era tal su afán de servir a su país que se entregó a las obras de caridad y a los estudios de medicina para ayudar a los enfermos en los hospitales

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Amelia de Orleans en el Tiro de Pichón

Amelia de Orleans nunca fue muy querida por los portugueses; preferían a su suegra, la anciana Reina María Pía de Saboya

© Biblioteca Nacional de España

Pertenecía a una de las más regias familias de Francia: nació como Princesa de Orleans aunque se convirtió por matrimonio en Reina de Portugal. Era también, nieta de la Infanta española Luisa Fernanda. Profundamente católica y volcada en la labores de asistencia social, nunca fue muy querida en su país de adopción. Un atentado en la lisboeta Plaza del Comercio la dejó viuda. Sufrió también la tragedia de la muerte de sus dos hijos varones. Muy aficionada a los estudios de medicina, durante su reinado se hicieron en Portugal importantes progreso en el campo de la sanidad. Actuaba como familiar anfitriona en las vistas veraniegas de su hermana, Luisa de Orleans, abuela del Rey Don Juan Carlos de Borbón.

La vida de Amelia es el reflejo del destino de una de las familias más importantes de Europa. Nació en Londres, en el castillo de Twickenham, propiedad de su padre, el conde de París, en 1865. Los Orleans vivían en el exilio desde que la Revolución de 1848 los había expulsado de Francia. Amelia no tenía la belleza de su hermana Elena -una de las princesas más deslumbrantes de la época- pero si porte regio, elevada estatura (medía 1,81) y unos expresivos ojos negros, que llamaron la atención de Carlos de Braganza, heredero del trono portugués. La boda se celebró en 1886 y establecieron su residencia en el palacio de Belém. Tres años después y tras la muerte de su suegro, Luis I, eran proclamados Reyes de Portugal.

Amelia de Orleans
Tras el atentado que mató al Rey Carlos y a su heredero, comenzaba un nuevo periodo en la historia de Portugal, el reinado del jovencísimo Manuel II©Biblioteca Nacional de España

El reinado de Carlos I parecía vivir ajeno a la crisis económica del país y de espaldas a una sociedad empobrecida. Amelia, profundamente católica, se entregó a las obras de caridad en un depauperado Portugal; visitaba las casas de los pobres de los barrios miserables de Lisboa y atendía continuamente a los necesitados. Pero la gente, seguía prefiriendo a su suegra, la anciana Reina María Pía de Saboya, cuyas deudas eras proverbiales. Las infidelidades de su esposo se habían convertido en la comidilla de la corte y no había escapada a Busaco, en la que no se viese al inexpresivo Rey Carlos acompañado de una de sus amantes. También las excursiones en el yate regio, su pretexto de estudios oceanográficos servían de excusa para los encuentros amorosos del soberano. Amelia sufría profundamente.

Pero era tal su afán de servir a su país que se entregó a los estudios de medicina: pensaba que con una mejor formación, sería más útil para curar enfermos en los hospitales en los que ayudaba. Fumadora e incansable viajera –visitaba regularmente Egipto- asumió la regencia durante diferentes ausencias de su esposo. Sin embargo, Portugal vivía en una crisis política continúa, cada vez más distanciado de sus tradicionales aliados ingleses que los gabinetes del Presidente Juan Franco, no fueron capaces de encauzar. Motines callejeros y atentados dinamiteros eran la tónica diaria que evidenciaba la insurrección armada que se preparaba en la sombra.

Amelia de Orleans
Amelia de Orleans nunca fue muy querida por los portugueses; preferían a su suegra, la anciana Reina María Pía de Saboya©Hola

La tragedia se consumó el 1 de febrero de 1908 cuando unos pistoleros vinculados a grupos anarquistas y republicanos –nunca han quedado muy claros los nexos ideológicos con las organizaciones terroristas- dispararon una pistola Browing sobre el monarca y la Familia Real. Acababan de desembarcar en la Plaza del Comercio y se dirigían en carruaje hacia su residencia. El Rey Carlos y su hijo y heredero, Luis Felipe, murieron en el acto. El menor, Manuel, resultó herido. Amelia, milagrosamente ilesa. Comenzaba un nuevo periodo en la historia de Portugal, el reinado del jovencísimo Manuel II, en el que la Reina Amelia tendrá un papel principal. Pero para nadie era un secreto que la Revolución llegaba a pasos de gigante. Amelia se instaló en el castillo de la Penha, María Pía en Cintra, mientras que Manuel abandonaba el Palacio de las Necesidades de Lisboa como un fugitivo, para esconderse en Mabra. El 4 de octubre de 1910 estaba ya todo perdido: resultaba imposible ir a Oporto para resistir el avance revolucionario. La Familia Real embarcaba en Ericeira rumbo al exilio. En Portugal se proclamaba la República.