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María Amelia de Borbón-Dos Sicilias: la última Reina de Francia

Nieta de Carlos III, sobrina de la célebre María Antonieta y abuela de la llorada reina Mercedes

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Retrato de María Amelia de Borbón-Dos Sicilias, pintado por Francisco Javier Winterhalter en 1842

© Wikipedia

Aunque pasó la mayor parte de su vida en el exilio, siempre se la recuerda por ser la última Reina de Francia. Nieta de Carlos III, sobrina de la célebre María Antonieta y abuela de la llorada reina Mercedes –esposa de Alfonso XII-, fue una mujer familiar y piadosa que supo mantenerse ajena a los avatares de la política de su tiempo. La suya fue una existencia marcada por las Revoluciones del siglo XIX: del ostracismo napoleónico a la implantación de la efímera Segunda República francesa pero siempre cerca de su esposo, Luis Felipe de Orleans.

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Retrato de Marñia Amelia, con sus dos hijos menores: Enrique de Orleans, duque de Aumale y Antonio de Orleans, duque de Montpensier ©Wikipedia

Por sus venas corría la sangre de las dos dinastías más importantes de Europa: la de los Borbones y los Habsburgo. Hija de Fernando de Borbón-Dos Sicilias (aquel al que Carlos III hubo de dejar Nápoles para ser coronado como Rey de España) nació en Caserta en 1782. Era otra niña, la quinta, que venía a sumarse a la numerosa prole femenina que tenía el matrimonio real. Su llegada hizo pensar ya en las complicaciones de la futura dote. Eran los días en los que el avance revolucionario daba paso a cambios territoriales con la creación de nuevos estados y la posterior aparición de la figura de Napoleón Bonaparte, llamado a deslumbrar en el mundo. La familia tuvo que abandonar su reino y refugiarse en Sicilia. Será en ese tiempo cuando la joven María Amelia conozca a otro regio desterrado, emigrado en este caso, de las garras del terror: Luis Felipe de Orleans, hijo primogénito del guillotinado “Felipe Igualdad”. La madre de María Amelia, la Archiduquesa María Carolina de Austria -hermana de María Antonieta- no estaba muy conforme con este casamiento pero finalmente transigió: la boda se celebró en 1809 en Palermo y pronto llegó una copiosa descendencia destinada a dejar su huella en la vieja Europa.

Tras el fracaso de los Cien Días y autorizado su regreso a Francia, la pareja se instaló en la célebre residencia de los Orleans, el Palais-Royal de la calle Saint-Honoré. La revolución liberal de julio de 1830, que obligó a abdicar a Carlos X, terminó por colocarlos como nuevos soberanos de los franceses en una aventura política que nunca gustó a la católica, legitimista y piadosa María Amelia. En familia, era conocida como “la Santa”. María Amelia prefería los menesteres propios de una dama burguesa y sobre todo, la asistencia en obras de beneficencia en las que siempre se volcó. En este tiempo (1842), Winterhalter la retrató espigada, altiva y un poco seria.

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Retrato de María Antonieta, tía de Amelia de Borbón ©GettyImages

Luis Felipe trató de impulsar una monarquía constitucional con el apoyo de la burguesía y en plena industrialización del país. Sin embrago, sus ideas no cuajaron en los sectores más exaltados de París. Y en 1848, una revolución de barricadas abolía la monarquía liberal y daba paso a la efímera Segunda República Francesa que terminará coronando a Napoleón III como Emperador. Parecía que la historia se repetía. Será la española, Eugenia de Montijo, la llamada a ocupar ahora las Tullerías.

Los ya exiliados Orleans, se establecieron de nuevo en Inglaterra donde siempre recibieron el afecto y asistencia de la reina Victoria. Fijaron su residencia en Claremont House, en el condado de Surrey. Luis Felipe falleció en 1850 y desde entonces, María Amelia vivió volcada en el cuidado de su familia y especialmente de su nieta Carlota, futura Emperatriz de México, huérfana de madre desde muy niña. Su ancianidad fue tan fuerte como su vida, resignada y valiente. Ella espiró hablando de Francia. María Amelia de Borbón-Dos Sicilias, falleció en 1866 a los ochenta y tres años.