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Mujeres en la Historia: ‘La Roldana’, escultora del Barroco al servicio de dos monarcas

Fue la primera mujer en ser nombrada Escultora de Cámara, aunque murió pobre y estuvo olvidada durante siglos

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La Roldana

‘La Roldana’ fue la primera mujer en ser reconocida como escultora y también en vivir de su oficio

© Wikimedia Commons

Luisa Ignacia Roldán (Sevilla, 1652- Madrid, 1706), así se llamaba esta mujer apasionante que vivió en la segunda mitad del siglo XVII y en los albores del XVIII. Fue la primera mujer en ser reconocida como escultora y también en vivir o, mejor dicho, malvivir de su oficio. Realizó infinidad de obras, especialmente esculpidas en madera, imágenes de temática religiosa que hoy procesionan en numerosos pasos de la Semana Santa andaluza o decoran múltiples iglesias del sur de España y también de Madrid.

Pese a ello, durante siglos fue relegada al olvido y muchas de sus obras fueron asignadas a otros escultores de su tiempo o relegadas al atributo de “autor anónimo“. No lo tuvo fácil por ser mujer, destacar en un oficio masculino y ver cómo, por todo ello, tenía complicaciones para firmar sus trabajos durante años.

De hecho, su apodo de “la Roldana”, el que prevalece en esta figura de nuestra historia de la que desconocemos mucho aún, lo tomó de su padre, Pedro Roldán, maestro escultor sevillano en cuyo taller se empapó de este arte desde niña, destacando pronto por el don que tenía en sus manos. En dicho lugar ejercía como aprendiz, al igual que varios de sus hermanos y hermanas, primos y otros jóvenes, para aprender y pulir su técnica siguiendo las enseñanzas de su progenitor, afamado artista.

Aquel taller de Pedro Roldán era el más importante de Sevilla y produjo una ingente cantidad de piezas, la mayoría de temática religiosa, durante la segunda mitad del siglo XVII. De todos sus vástagos, Luisa es la que más brillaba con luz propia por los perfectos acabados que realizaba a las tallas, rematándolas y puliéndolas con maestría y dándole unas expresiones que hacía que cobraran vida. A medida que crecía, esta habilidad no pasó desapercibida para su padre, quien le encargaba cada vez más trabajos que luego él firmaba, ni para la propia joven, consciente de su propia habilidad y que comenzaba a pensar en la injusticia de aquello, pues quería vivir de la escultura, poder firmar sus propias obras, hacerse un nombre en ese mundo y abrir su propio taller.

La Roldana
La Roldana realizó múltiples trabajos como el ‘Ecce homo’ de la catedral o las figuras de San Servando y San Genaro y la virgen de Nuestra señora de la Soledad en Puerto Real©Wikimedia Commons

Movida por el deseo de volar sola, y enamorada de otro alumno escultor, Luis Antonio de los Arcos, con él se casó finalmente en 1671 pese a la oposición de su progenitor. La pareja se estableció por su cuenta y abrió su propio taller, recibiendo encargos y relizándolos entre ambos, aunque era ella la artista y él el ayudante que, sin embargo, tenía que firmar los encargos y obras. De esta etapa son múltiples imágenes marianas, de “Dolorosas“ para procesionar en Semana Santa, aunque muchas fueran atribuidas a otros escultores durante mucho tiempo.

El paso definitivo para obtener el reconocimiento que merecía Luisa Ignacia Roldán fue la mudanza que hicieron en 1688 a Madrid. Buscaban mejorar su situación económica y que “la Roldana“ pudiera gozar del mecenazgo de algún noble bien relacionado. En la mente de Luisa seguía penándole no poder firmar sus obras de manera pública y notoria.

Aquél protector lo encontraron en Cristóbal de Ontañón, caballero de la Orden de Santiago y Ayuda de Cámara del rey Carlos II. Fue mecenas de pintores -trajo al afamado Luca Giordano a España- y escultores, entre ellos la propia Luisa Roldán.

Con su ayuda y la genialidad de sus obras, consiguió algo impensable para una mujer en aquella época, ser nombrada Escultora de Cámara por el monarca en 1692, la primera en recibir ese reconocimiento oficial. Ese mismo año realizaba la artista sevillana una de sus obras más impresionantes e icónicas, el “Arcángel San Miguel con el diablo a sus pies” para el Real Monasterio de San Lorenzo de El Escorial, donde hoy en día puede contemplarse.

Su figura y fama crecían, pero no mejoraba en igual proporción su situación económica, más bien al contrario. La hacienda real pasaba dificultades y sus trabajos -ella misma mencionó haber realizado para la corte más de 80 obras- eran, en el mejor de los casos, mal pagados con mucho retraso. Al morir Carlos II en el año 1700 y llegar Felipe V al trono de España, “la Roldana” le pidió al nuevo monarca que la mantuviera como Escultora de Cámara, cosa que el rey reconoció en octubre de 1701.

“La Roldana“, una mujer que murió pobre en 1706 pero que pudo, con empeño y sabiduría, dedicarse a lo que más quería, pudiendo al fin firmar sus obras, recibiendo el reconocimiento público y los nombramientos oficiales del último rey de la dinastía de los Austrias que reinó en España y del primer monarca borbón que le sucedió en el trono.

De sus numerosas obras, destacan también sus “Belenes” o “Natividades“ realizados en terracota y que representaban a toda la Sagrada Familia.

¡Cuídense y Feliz Navidad!

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.