Boudica, la guerrera de belleza incomparable que luchaba por la justicia

Valiente y de gran inteligencia, es una de las primeras reinas de las historia

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12 de Noviembre 2020 / 19:07 CET A.J. USSÍA

Reina de los icenos

Boudica era una reina guerra de gran inteligencia y valor que gobernó en torno al año 40 d.C.

© Wikimedia Commons

Nacida en Britannia, en el año 26, Boudica fue una de las primeras guerreras y reinas de la historia, desde que tenemos registros que puedan ser fiables. Eso se lo debemos a Dion Casio y al gran historiador romano Tácito, quienes dieron fe escrita de su vida, historia y, sobre todo, de importante valor. Ya me dirán ustedes que no tiene guasa que fuese hace dos mil años cuando, en cierto modo, una mujer podía demostrar que peleaba y gobernaba mejor que cualquiera de los afamados emperadores romanos de su tiempo. Pero Boudica era mucho más que eso y se lo vamos a contar.

Ella era alta, de cabello pelirrojo y largo hasta la cintura, con una voz especialmente seca y directa, y como no podía ser de otra manera, de una enorme belleza que llamaba la atención allá por dónde pasaba. Siempre llevaba al cuello un torque, un grueso collar de oro que distinguía a los celtas nobles del resto. Casio la describió como “una mujer que poseía una inteligencia muy superior a la que tienen normalmente las mujeres” y, por ello, Boudica tendría un renglón en la historia que quedaría tintado para siempre.

Los Icenos fueron un pueblo celta que vivieron en la parte noreste de Inglaterra, lo que hoy viene a ser Norfolk. Durante el primer siglo del primer milenio, el rey de éstos se llamaba Prasutagus, quien consiguió, con mucha mano izquierda y sin retroceder ni un poco, firmar una tregua durante la primera invasión romana sobre Britannia en el año 48. Vivió tranquilo, en paz y con una enorme riqueza ya que, entre otras cosas, pactaron moneda y comercio propio. Pero todo se empieza a complicar a la muerte de éste, a finales de los años cincuenta (pero los cincuenta de verdad).

El procurador romano que mandaba por allí, Cato Deciano, no respetó el testamento del rey de los Icenos y tanto fue así, que decidió por su cuenta y, sin consultarle al gran Nerón, desarmar e invadir los territorios celtas, quienes trataron de defenderse hasta que atraparon a Boudica y a sus dos hijas. Los romanos no sacaron desde luego lo mejor de su moral en estas acciones ya que arrasaban todo, aniquilaban y robaban lo posible a su paso, dejando un sabor y unas ganas de venganza que se acrecentaron cuando azotaron a Boudica y agredieron sexualmente a sus dos hijas pequeñas. La furia se despertó en la pelirroja, que comenzó a trazar un plan que quitaría el hipo al mismísimo emperador de Roma. Por entre estas tropas deleznables italianas, se encontraba Séneca el Joven, que a pesar de ser filósofo e historiador, también padecía alguno de los peores comportamientos del ser humano. Y eso que llegó a ser consejero del mismísimo emperador Nerón. Aunque la mecha quedó prendida y nada ni nadie podría apagarla.

Boudica, como una galerna de mar y viento reunió a sus Icenos, convocó a los vecinos Trinovantes y marchó hacia la venganza, elegida de entre todos, como la reina que llevara a su pueblo hasta la victoria. Y ésta vez, no habría marcha atrás.

Westminster Millennium Pier, Londres
Estatua de Boudica en el Westminster Millennium Pier de Londres©Wikimedia Commons / A. Brady


Dicen que para guiarse en la batalla Boutila utilizaba un ritual que consistía en soltar una liebre desde su manto y hacia dónde corriera el gazapo dirigía sus caballos y tropas, con la fiereza y la batuta de la inteligencia y del hartazgo conquistador. Arrasó y recuperó tres de las ciudades neo romanas y obligó al Gobernador de Britannia, Cayo Suetonio Paulino, que se encontraba por Gales ampliando los territorios de Nerón, a girar hacia ella y tratar de impedir que siguiera desangrando a los romanos, quienes usaban las nuevas conquistas como territorios de merecida jubilación. Y finalmente se encontraron en lo que se conoce hoy como Walting Street, en la batalla más dura registrada hasta la fecha en la pérfida Albión.

Más de ochenta mil britanos murieron en ese campo de sangre en el año 61, cementerio que sirvió para enterrar a hombres, mujeres y niños y donde tuvieron que esforzarse para marcar un precedente que hiciera temblar al resto de territorios adheridos a Roma. Cuenta Casio que la mitad de las víctimas murieron al ser aplastadas unas con otras, en una tremenda estampida que se produjo entre las filas britanas, huyendo de la barbarie con la que Roma sacudía a los Icenos.

Boudica cayó como tantos otros, dirigiendo a los Britanos con el mayor honor y coraje que pudiera representarles. Nunca jamás hallaron ni su cuerpo ni el de sus dos hijas porque antes de que la atraparan, decidió suicidarse con un veneno junto a ellas en algún remoto lugar que bajo tierra las protegiera de posibles ensañamientos. No volverían a pasar por lo que en tiempos de aquel apestado procurador, que murió a hierro cuando comenzaron la reconquista de sus tierras, pasaron, humilladas, castigadas y violadas.