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Elena de Rumania: una Reina marcada por la traición

Era tía de la reina Sofia de España, se casó con Carol II y vivió un matrimonio lleno de infidelidades

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Griechenland, Prinzessin Elena von*03.05.1896-28.11.1982+- Princess of Greece and Denmark, as well as queen mother from Romania - Daughter of King Constantine I. of Greece (1868-1923) - Published by: 'Berliner Morgenpost' 27.11.1931Vintage property o

Hija de Sofía de Grecia y del entonces Príncipe heredero Constantino, Elena de Grecia nació en Atenas en 1896

© GettyImages

Aunque nació Princesa de Grecia se convirtió en Reina de Rumania por su matrimonio con Carol II. Pero la suya no fue una vida de oropel. Marcadas por los primeros exilios de su familia y las posteriores infidelidades de su marido, sufrió la dureza del alejamiento forzado de su único hijo. Las tensiones políticas que se vivieron en su país de adopción tras el final de la Primera Guerra Mundial y el escándalo público provocado por los amoríos de su esposo con Magda Lupescu, hicieron que Elena de Rumanía se colocase en el ojo del huracán de un país que pasaba de la “Guardia de Hierro” a la órbita comunista. Su ayuda a decenas de refugiados judíos en Bucarest durante los días de persecución, le valió el reconocimiento de “Justa entre las Naciones”. Era la tía favorita de nuestra emérita.

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Se casó con Carol de Rumanía, un príncipe apuesto y mujeriego, del que nació su único hijo, Miguel I de Rumania ©Wikipedia

Elena de Grecia nació en Atenas en 1896. Hija de Sofía de Grecia y del entonces Príncipe heredero Constantino, vino al mundo en tiempos de inestabilidad en la zona balcánica y de rivalidades con el Imperio Otomano. En 1913 su abuelo, Jorge I, era asesinado en Salónica. Sus padres ascendían al trono justo en un momento en el que estallido de la Primera Guerra Mundial provocaba incertidumbre sobre la posición que la Familia Real adoptaría en el conflicto. Próximos a los Imperios Centrales, los Reyes tuvieron que exiliarse a Suiza dejando al segundo de sus hermanos, Alejandro, al frente de un estado que se alineó con Francia e Inglaterra. Era el año 1917 y parece que fue en ese tiempo cuando la joven y elegante Elena conoció al que habría de convertirse en su esposo: Carol de Rumanía, un príncipe apuesto y mujeriego que había provocado serios disgustos a su familia por sus relaciones morganáticas con la plebeya Zizin Lambrino.

Sin embargo, tanto Sofía de Grecia como María de Rumanía –primas y nietas de la Emperatriz Victoria de Inglaterra- tenían interés en unir los corazones de sus respectivos vástagos. De nuevo en el trono griego, Sofía y Constantino visitaron Rumanía y quedaron deslumbrados por el esplendor de la engrandecida corte de Bucarest. Se concertó el enlace y la boda se celebró en la catedral metropolitana de Atenas el 10 de marzo de 1921. Su propia suegra, se arrepentirá, tiempo después, de haber animado este matrimonio. Así lo cuenta en sus memorias, Historia de mi vida. El sufrimiento, para Elena, no había hecho más que comenzar.

Ella era una mujer culta, dulce, aficionada a las artes y la pintura. Él un obsesionado de los sellos y las mujeres. Tras un breve tiempo de convivencia durante el que nació su único hijo, Miguel, el matrimonio se separó. Los amoríos de Carol con la cautivante Magda Lupescu y su exhibición pública en los locales más selectos de París y Londres, eran la comidilla de la alta sociedad de la época. El escándalo fue tal, que a Carol le obligaron a renunciar a sus derechos al trono si quería mantener su ritmo de desenfreno. Elena, humillada y compadecida por sus suegros, se quedaba en Rumanía al cuidado de su hijo y heredero. Miguel, por el fallecimiento de su abuelo Fernando I, accedía al trono en 1927. Tenía sólo cinco años. Meses después, llegaba el divorcio aunque Elena mantendría el reconocimiento de Reina Madre. Fue el culebrón de la época.

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Tumba de Elena de Grecia en el Cementerio de Bois-de-Vaux, en Lausana ©Wikipedia

En 1930, Carol, quizá cansado de su pasado vividor y aprovechando el tirón económico que el petróleo proporcionaba a Rumanía, se desdijo de su renuncia y decidió volver. A Elena la separaron del niño durante varios años hasta que le permitieron viajar a Grecia, Alemania y finalmente Italia. Desde la distancia vivió con preocupación el giro de Rumanía hacia la órbita del eje y la creación de las primeras unidades de la Guardia de Hierro. Durante una década, el gobierno despótico de Carol II puso al país en una complicada posición estratégica: finalmente se vio obligado a abdicar y marcharse a Estoril. En 1940, Miguel volvía a ocupar el trono aunque ahora era el mariscal Antonescu quien, con mano dictatorial, ejercería el poder. Mientras los ejércitos de su majestad luchaban en el frente del este por la salvación de Europa del bolchevismo, Elena, de regreso con su hijo, no dejó de atender obras de asistencia social destinadas a fortalecer la confianza en la victoria de su pueblo. Pero en 1947 terminada la II Guerra Mundial y ya sometidos a los dictados comunistas, el Rey y su madre tuvieron que abandonar el país.