María de Rumanía: su papel en la Gran Guerra

Hija del príncipe Alfredo, duque de Edimburgo y de la Gran Duquesa María Alejandra de Rusia, se caso con el príncipe heredero de Rumanía, Fernando

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ROMANIAN ROYALTY : 1916

María de Sajonia-Coburgo (1875-1938) fue un personaje capital en la historia europea del primer tercio del siglo XX

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Se convirtió en una de las personalidades más queridas en su país de adopción. Aunque nacida en Reino Unido y casada sin amor con el heredero al trono de un país complejo en el contexto de las relaciones internacionales de la época, la Reina María se negó a abandonar Rumanía durante la Primera Guerra Mundial. Cuidó enfermos, trabajó como enfermera y cuando la Conferencia de Paz de París selló el final de este conflicto devastador, se presentó en la capital francesa para reivindicar las posesiones territoriales que le correspondían. Habían quedado entre los ganadores y Transilvania se incorporaría a su reino.

María de Rumanía
Era hija del príncipe Alfredo, duque de Edimburgo y de la Gran Duquesa María Alejandra de Rusia©Wikipedia

Tachada de excéntrica, libertina y mística por las autoridades comunistas que gobernaron Rumanía tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, María de Sajonia-Coburgo (1875-1938) fue un personaje capital en la historia europea del primer tercio del siglo XX. Hija del príncipe Alfredo, duque de Edimburgo y de la Gran Duquesa María Alejandra de Rusia, no es de extrañar que el tener entre sus abuelos a la todopoderosa Reina Victoria y al Zar Alejandro II, le confiriese un carácter especial. Creció en Malta, ya que el cargo de su padre -comandante de la flota británica en el Mediterráneo- forzó a la familia a una vida viajera. En casa la conocían como Missy y cuentan que en uno de estos destinos, conoció a su primer amor, un oficial de la armada que le robó el corazón. Desde este platónico enamoramiento, su vida sentimental se convirtió en un continuo ajetreo. Era además una mujer muy guapa. Pero los intereses dinásticos de la época forzaron su matrimonio con el príncipe heredero de Rumanía, Fernando. La boda se celebró en 1893 en Sigmaringen (Alemania) pero el amor nunca cuajó entre ellos.

En octubre de 1914, cuando el mundo se preparaba el estallido del gran conflicto mundial, accedieron al trono en una fastuosa ceremonia en la que María, lució la aparatosa corona de oro macizo símbolo de su tradición histórica. Rumanía se alinearía con la Entente en contra de los intereses territoriales de los Imperios Centrales. Durante estos años, María fue muy activa en su apoyo a la población civil en Bucarest, sirvió como enfermera y no dudó en presentarse en el frente oriental para dar ánimo a los combatientes. Eran días de trincheras en los que la Reina supo ganarse el afecto de un país devastado por las bajas y la carestía. María era el brazo fuerte de la corona frente a un apocado monarca, débil de carácter y fuertemente influenciable.

María de Rumanía
Retrato de 1888 de María de Rumanía cuando tenía trece años y aún era Princesa ©Wikipedia

Después de tres años de devastadora lucha, la guerra llegaba a su fin en 1919. Francia se convertía en la capital de las negociaciones diplomáticas y se establecía un nuevo orden territorial en Europa. María de Rumanía no dudó en presentarse en París para reivindicar el papel que a Rumanía le correspondía por encontrarse entre los países vencedores. El presidente Clemenceau quedó gratamente impresionado por la determinación con la que la Reina mostró su autoridad. Lucía la moda más exquisita y las piezas deslumbrantes de su joyero, pero se había ganado el reconocimiento político de la diplomacia internacional. Rumanía amplió sus fronteras con la incorporación de parte de los territorios amputados al Imperio Austro-Húngaro e incorporando numerosas minorías étnicas. El país obtuvo más del doble de su superficie configurándose la “Gran Rumanía”. Sin embargo, las pérdidas económicas habían sido enormes.

María fue el sostén de la monarquía en su país y más desde que su hijo y heredero, el príncipe Carlos, renunciase a sus derechos por las relaciones que mantenía con su amante Magda Lupescu. La crisis estaba servida. En 1927 fallece el Rey Fernando y su jovencísimo nieto, Miguel –de cinco años- era proclamado Rey. María, no quiso formar parte del Consejo de Regencia como tampoco quiso responder a las acusaciones y descréditos vertidas por su propio hijo cuando en 1930, se dispuso a recuperar la corona como Carlos II. Rumanía había entrado en la órbita del eje aunque ella ya no vivirá para verlo. Fallecía en 1938, meses antes de que su país se preparase para comenzar una de las etapas más oscuras de su historia. María, escribió sus memorias Historia de mi vida, un magnífico retrato de la Europa de la época.

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