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Alejandra Romanova: la última zarina imperial

Introvertida, distante y mal vestida fue un personaje incómodo en el marco de las relaciones internacionales que desencadenaron el inicio de la Primera Guerra Mundial

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Alejandra Romanova

Alejandra era tía abuela materna del príncipe Felipe, duque de Edimburgo, y prima hermana de Jorge V del Reino Unido, abuelo de la reina Isabel II

© Wikipedia

Nació como princesa alemana, pero se convirtió por amor en zarina imperial. El pueblo ruso jamás le perdonará sus orígenes y menos su relación con Rasputín. Introvertida, distante, mal vestida y con tremendos dolores de espalda, fue un personaje incómodo en el marco de las relaciones internacionales que desencadenaron el inicio de la Primera Guerra Mundial. Sólo el nacimiento de su único hijo varón, el zarévich Alexei, pareció alegrar su gesto adusto. Pero el “mal de la sangre” –la hemofilia- transmitido por su abuela la Reina Victoria de Inglaterra, frenó su felicidad. Las garras de la Revolución terminaron con la vida de Alejandra Romanova en un sótano de Ekaterinburgo.

Alejandra Romanova
Nacida como Alix de Hesse-Darmstadt, nieta de la reina Victoria del Reino Unido, se le dio el nombre de Alejandra Fiódorovna tras ser recibida en la Iglesia ortodoxa rusa©Wikipedia

Su nombre era Alix de Hesse. Había nacido en Alemania en 1872, apenas dos años después de que Bismark culminase su proceso unificador. En casa la llamaban Sunny y su madre, la Princesa Alicia del Reino Unido, quiso que no perdiera los estrechos vínculos familiares con su familia británica, férreamente comandada por la abuela Victoria. Pero el fallecimiento prematuro de su madre y de algunos de sus hermanos por la difteria, marcaron su carácter para siempre. Fue a raíz del matrimonio de su hermana Isabel con el Gran Duque Sergio, cuando la jovencísima princesa conoció al entonces heredero de la Rusia Imperial, Nicky. Los entonces zares, Alejandro III y María Fiodorovna -nacida Dagmar de Dinamarca- no estaban conformes con la elección del apocado Nicolás, al ser profundamente antialemanes. Como tampoco lo estaba la Reina Victoria, que veía con preocupación el rumbo peligroso de la última autocracia europea. Pero nada pudo con la decisión de los enamorados: habían decidido casarse. Alix se convertiría a la iglesia ortodoxa y en adelante se la conocerá como Alejandra Romanova.

Alejandra Romanova
Alejandra junto a su marido, Nicolás II, a quien ella siempre llamó Nicky ©Wikipedia

Era el mes de noviembre de 1894 cuando San Petersburgo, nevada, amanecía para la que sería la última boda imperial. Rusia estaba de luto por el reciente fallecimiento de Alejandro III por lo que, en principio, el enlace no tendría el oropel propio de la boda de un zar. La superstición del pueblo les acompañaría ya para siempre. Se habían enviado cerca de tres mil tarjetas de vitela grabada, con el águila de dos cabezas símbolo de la dinastía, repujadas en dorado. Los caballeros debían asistir con los uniformes completos de sus regimientos y los miembros del Cuerpo Diplomático, de frac. Las damas rusas llevarían traje completo de Corte mientras que las extranjeras –según dictaba el protocolo-, vestido de noche con tiara y velo. La novia lució un modelo de estilo tradicional ruso que, pese al duelo, respondía a la suntuosidad de la ocasión: brocado en satén con hilos de plata, escote barco, mangas largas ribeteadas en armiño, ajustadísimo corpiño bordado con hojas de oro adornado con diamantes y larga cola. El atuendo se completaba con la “capa imperial”, en terciopelo carmesí. Sujetaba el velo de encaje la tiara fringe de platino, coronada por un gran diamante de color rosado. Alejandra llevaba la rivière imperial de Catalina la Grande.

Nicolás entró en la capilla del Palacio de Invierno tras la novia y su madre, la Emperatriz María Feodorovna, con la que la nueva zarina nunca se entendió. Lucía uniforme de gala de Coronel de Regimiento de Húsares. Tras intercambiar los votos nupciales, Nicolás y Alejandra unieron sus manos cubiertas por la estola del metropolitano que les condujo, por tres veces, alrededor del altar. Poco después fueron proclamados marido y mujer.

Alejandra Romanova
La última zarina junto a su hijo Alexei©Wikipedia

Su vida en pareja se vio ensombrecida por los fracasos políticos de su reinado. La derrota en la guerra ruso-japonesa de 1905, fue el preludio de un Imperio que se resquebrajaba. El nacimiento de cuatro Grandes Duquesas, Olga, Tatiana, María y Anastasia, provocó que Alejandra se desesperarse por concebir un varón. Cuando nació Alexei y la hemofilia se manifestó en el joven zarévich, Alejandra sólo supo refugiarse en los fanáticos consejos de un perturbado como Rasputín. El odio del pueblo contra “la alemana” era cada día mayor. Las derrotas rusas en la Primera Guerra Mundial, las equivocadas decisiones diplomáticas, la desafección de parte del Ejército Imperial, la disolución de la Duma, el papel de los soviets, la inoperancia de Kerensky y el regreso de Lenin a Rusia, hicieron el resto. La Revolución había comenzado y con ella se sellaba el fatal destino de los Romanov.

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