Mujeres en la historia: Catalina de Ortega, la viuda mulata que no pudo pasar a las Indias en 1589

Hija de Juan de Bustamante y de María de Ortega (negra libre), pidió licencia para reunirse en Veracruz con una hermana

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25 de Septiembre 2020 / 15:21 CEST

Hija de Juan de Bustamante y de María de Ortega (negra libre), pidió licencia para reunirse en Veracruz con una hermana

“Fragmento de la información presentada por Catalina de Ortega para pasar a Indias”

© (AGI, PARES).

La Casa de la Contratación de Sevilla, institución creada por los reyes católicos en 1503, era el órgano de control administrativo, mercantil y fiscal de los asuntos de Indias. Sobre todo, tenía el cometido de llevar a cabo el registro de las mercancías llevadas y traídas del Nuevo Mundo, las naos que partían y arribaban, sus pilotos y maestres, las remesas de metales preciosos para apartar el quinto de la Corona estipulado, frenar el contrabando de mercadurías y, no menos importante, comprobar y analizar la filiación y buen nombre de cada futuro pasajero a Indias antes de concederle o no la preceptiva licencia a quien quería surcar el océano para allí establecerse.

Para este último punto, los solicitantes debían presentar la licencia concedida en su caso por el rey o hacer información en Sevilla para probar la calidad de su persona y familia, limpia de sombras y delitos en el pasado: cristiano viejo, no tener causas pendientes con la justicia ni ser morisco, judío o extranjero de los prohibidos eran los principales requisitos. Por supuesto, en dicha información, el o la solicitante debía presentar varios testigos que dieran fe de todo ello, además del destino al que quería viajar, los familiares que le esperaban o reclamaban -aportando sus cartas en el caso de que así fuera- y las fianzas o garantías correspondientes para abonar el flete y pasaje a Indias.

Eso fue lo que hizo la sevillana Catalina de Ortega en enero de 1589 para lograr su objetivo de embarcarse hacia la Nueva España, llegar a Veracruz y reunirse allí con una hermana a la que sonreía la fortuna tras haber ella obtenido la necesaria licencia para allí viajar y residir años atrás. Por el contrario, Catalina era viuda, malvivía con pocos maravedíes y tenía mucha necesidad. Así lo expresaba:

“... la qual está en la dicha ciudad de Veracruz con muchos bienes y bisto que con tanta necesidad y biudez estoy en España, por hombres de fe y cartas de creencia me a enviado a llamar. A su alteza pido y suplico por amor de Dios se me haga merced de esta licencia que no es más de para mi sola pues tengo ynformaciones bastantes para ello...”

Ella misma nos da más datos sobre su persona, pues afirma ser de unos cuarenta años de edad y se describe físicamente...

“...soy viuda, libre, cristiana vieja de limpia casta y generación y no de los conprehendidos en la pragmática de su majestad ny vedados para pasar a las Yndias, y de las señas de mi persona soy trigueña, de rostro con una verruga grande encima de la cexa izquierda y otra pequeña debaxo de la nariz y dos en la barba, alta de cuerpo...”

Hija de Juan de Bustamante y de María de Ortega (negra libre), pidió licencia para reunirse en Veracruz con una hermana
“Fragmento de la información presentada por Catalina de Ortega para pasar a Indias”©(AGI, PARES).

Sabemos los nombres de sus progenitores, Juan de Bustamante y María de Ortega, mujer negra y libre. También el de su esposo, Martín de Ribera, fallecido en Nombre de Dios (Panamá) hacía varios años... y poco más. Los testigos aportados confirman su filiación, su matrimonio y la buena reputación de todos ellos pero ni siquiera figura el nombre de su hermana que la reclama desde Veracruz ni constan acompañando al documento las cartas que ella supuestamente le había escrito.

Esta fue seguramente una razón de peso para la negativa de la Casa de la Contratación a la hora de concederle la licencia solicitada. No había pruebas ni garantías suficientes para que una mujer viuda y sola -no pide permiso más que para ella- se embarcara. Las mujeres no podían viajar sin compañía a las Indias, debían ir con algún pariente, amigo de la familia o al menos algún criado para cuidar de ella, protegerla y velar por su seguridad y honra durante la travesía.

El hecho sin embargo de su color de piel -es mulata aunque ella se defina “trigueña”- no debe hacernos sospechar que fuera un impedimento para viajar. Su madre era negra y libre, casada cristianamente con Juan de Bustamante y, además, su hermana residente ahora en Veracruz había obtenido licencia para viajar años antes. ¿O es que la hermana susodicha no era mulata y si fruto de una relación anterior de su padre? No lo sabemos pero no parece que fuera esa la principal razón para su denegada licencia.

Catalina de Ortega, pese a los testimonios que presentó -uno de ellos Luis de Padilla, poderoso mercader que había sido testigo de la muerte y entierro de su esposo años atrás en Nombre de Dios- no logró su propósito. “No ha lugar” fue la lacónica respuesta obtenida.

No debe de extrañar demasiado si tenemos en cuenta que al mismísimo don Miguel de Cervantes le fue denegada su petición en dos ocasiones -1582 y 1590- para pasar a las Indias a ejercer algún cargo en la administración.