Mujeres en la historia: Concha Espina... un valle en el mar del olvido

Alfonso XIII y la reina Victoria Eugenia inauguraron en el verano de 1927 el monumento dedicado a la escritora cántabra en Santander

3 Minutos de lectura

18 de Septiembre 2020 / 14:13 CEST

Concha Espina

Concepción Rodríguez-Espina y García-Tagle, más conocida como Concha Espina (Santander, 1869 – Madrid, 1955)

© GettyImages

Escritora prolífica y de éxito, rozó el Premio Nobel de Literatura, recibió numerosos galardones y nos dejó unas cuantas obras imprescindibles. Hoy, sin embargo, yace en el olvido seguramente porque su ideología conservadora -con la guerra civil de por medio y su simpatía por el bando nacional- no la hace gozar de gran atención por parte de los grandes medios e instituciones.

Concha Espina
Estuvo casada con con Ramón de la Serna y Cueto, padre de sus cinco hijos, del que acabaría divorciándose ©Wikipedia

Es lo que tiene mezclar el arte -en este caso el de la escritura- con la política o que la política todo lo contamine, como ustedes prefieran. Y esa es una tendencia que, por desgracia, cada vez va a más en estos tiempos. El año pasado se cumplían los 150 años de su nacimiento y, salvo algunas actividades y homenajes celebrados en su tierra cántabra, no tuvo mucho eco dicha conmemoración. Algo más se debería haber hecho para recordar su brillante trayectoria literaria.

Concepción Rodríguez-Espina y García-Tagle, más conocida como Concha Espina (Santander, 1869 – Madrid, 1955) nació en el seno de una familia acomodada, tradicional y católica. La vida holgada y tranquila de su niñez cambió cuando ella tenía trece años de edad y los negocios de su padre quebraron. La casa de su abuela materna en el pueblecito de Mazcuerras -lugar tan especial y querido por ella- pasa a ser el refugio y domicilio familiar donde aquella niña inquieta y autodidacta disfrutaba mucho del campo, las flores, la lectura y comenzaba a escribir sus primeros poemas.

Que fuera de familia tradicional y conservadora influyó lógicamente en su educación, valores y pensamientos pero su estilo literario varía mucho y es difícilmente clasificable en un único apartado. En su prolongada carrera como escritora dejó una impronta en la que comparten protagonismo el realismo, romanticismo, costumbrismo y regionalismo de su tierra con apuntes de modernismo y denuncia social.

Concha Espina
En 1924 fue nombrada hija predilecta de Santander y, en el verano de 1927, los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia inauguraban este monumento en su honor©Daniel Arveras

En su faceta más personal fue ciertamente revolucionaria. Casada de jovencita con Ramón de la Serna y Cueto en un matrimonio más de conveniencia que otra cosa, con él viajó pronto a Chile, donde su esposo tenía intereses comerciales. Allí, Concha Espina no se quedó de brazos cruzados y comenzó a escribir para varios diarios de aquellas latitudes. Su actividad palió en parte la maltrecha economía familiar, muy dañada por los fallidos negocios del marido.

De regreso a Cantabria, ganó su primer certamen literario organizado por la revista La Semana (1907) en el que era miembro del jurado nada menos que don Marcelino Menéndez Pelayo, quien alabó su talento y la animó a trasladarse a Madrid, donde tendría mayores oportunidades de explorar y explotar su talento con la pluma.

Ello implicó que tomara la decisión de separarse definitivamente de su triste marido -quien se celaba de su éxito- y tomara las riendas de su vida, pues estaba aburrida de un matrimonio infeliz pese a los cinco hijos habidos en él -uno de ellos murió de niño-. Así, le consiguió un destino en México poniendo un océano de por medio y adiós muy buenas. Ella se haría cargo en solitario de la crianza y educación de sus hijos. Años después, en 1934, obtendría el divorcio con ayuda de su amiga Clara Campoamor.

En Madrid colabora con varios medios, entre ellos el diario ABC, y publica su primera novela, “La niña de Luzmela” (1909) con notable acogida de crítica y público. El éxito de su fulgurante carrera y ascendente prestigio ya no se detendrá, tanto en España como en América. ”Despertar para morir”, ”Agua de nieve”, ”La esfinge maragata”, ”La rosa de los vientos”, ”Mujeres del Quijote”, ”El metal de los muertos”, ”Altar Mayor” (Premio Nacional de Literatura),... se suceden y a su domicilio de Madrid acuden los más importantes intelectuales de su tiempo para no perderse la tertulia semanal ”los miércoles de Concha Espina”.

En 1924 fue nombrada hija predilecta de Santander y, en el verano de 1927, los reyes Alfonso XIII y Victoria Eugenia inauguraban el monumento en su honor del escultor Víctor Macho ubicado en los jardines del paseo de Pereda de Santander. El acto contó con la presencia de la homenajeada.

Concha Espina
El monumento en honor de Concha Espina fue creado por el escultor Víctor Macho y está ubicado en los jardines del paseo de Pereda de Santander©Daniel Arveras

Por ese agradable paseo señorial deambulo ahora, frente a ese “valle en el mar” como la autora se refirió a la bahía santanderina. A ella y su ciudad le dedicó una novela con ese mismo título en sus últimos años de vida, cuando la ceguera impedía ya que pudiera disfrutar de sus maravillosas vistas y escribía con mucha dificultad ayudada por una plantilla especial.

No entró finalmente en la Real Academia Española por culpa de algún académico sombrío, aunque ganó los premios más importantes convocados por dicha institución. Propuesta al Premio Nobel de Literatura en varias ocasiones, le faltó un sólo y mísero voto para lograrlo, pero ganó innumerables premios, obtuvo las más altas distinciones de su tiempo y dejó una obra extensa y de referencia.

Hoy, en Santander, he topado con ella y quería compartirlo con ustedes...

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.