Reinas de España: Eugenia de Montijo, la española que se convirtió en Emperatriz de los Franceses

Amante de la alta costura y de la joyería, su guardarropa era de los más envidiados de Europa

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16 de Septiembre 2020 / 13:46 CEST

Eugenia de Montijo

Eugenia de Montijo, la española que se convirtió en Emperatriz de los Franceses

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Nació en Granada pero se convirtió en Emperatriz de los Franceses tras su matrimonio con Napoleón III. Amante de la alta costura y de la joyería, marcó una época en modas y costumbres. Su guardarropa era de los más envidiados de Europa. Pero tuvo también un destacado papel político como Regente, consecuencia de la campaña de Italia, la intervención francesa en Argel y la guerra contra Prusia que les llevará al exilio en 1870.

Suya fue la iniciativa del fallido Imperio mexicano del Archiduque Maximiliano aunque también el éxito del canal de Suez. Muy religiosa, amante de la caza y enemiga de los miriñaques, su figura reforzó las relaciones con la Casa de Alba y la monarquía española: era la madrina de la Reina Victoria Eugenia.

La vida de Eugenia de Guzmán y Portocarrero serviría para inspirar el guion de una superproducción. Hija menor del liberal Duque de Teba, nació en Granada en 1826 aunque muy joven se trasladó a París en compañía de su madre a la caza de un buen partido.

Fue el primer amor del Duque de Sesto pero las aspiraciones de doña Manuela Kirkpatrick, eran todavía mayores: su hermana Paca se casaría con el Duque de Alba, Jacobo Fitz-James Stuart, en 1848 y ella, elegante y pelirroja, con Luis Napoleón Bonaparte, proclamado Napoleón III tras el triunfo del II Imperio Francés.

Emperatriz Eugenia y Luis Napoleón Bonaparte
Emperatriz Eugenia y Luis Napoleón Bonaparte , Príncipe Imperial, en Camden Place, Chislehurst, 1874©GettyImages

Conocida es la anécdota de los galanteos del Emperador y la respuesta de la Montijo al recriminarle que no conseguiría nada de ella en su alcoba sin pasar previamente por la vicaría. Era mujer de carácter y la boda se celebró en la Catedral de Notre-Dame el 30 de enero de 1853 con la pompa correspondiente.

Su vestido de novia, del taller de costura de madamme Vignon en terciopelo y repleto de volantes, la convirtió en un icono de estilo. Pronto se aficionó a visitar a Worth -couturier de Eugenia a partir de 1860- y a la joyería Mellerio, que le realizará algunas de sus mejores piezas.

Pero lejos del papel institucional conferido por su rango y reducido a tareas de corte social en el Palacio de Tullerías, que a priori podría presuponerse, Eugenia también se desenvolvió con solvencia en las tareas de gobierno que las circunstancias políticas del Imperio de exigieron.

El matrimonio imperial sufrió además un intento de asesinato a manos de un independentista italiano en 1858 del que la imagen pública de la Emperatriz salió tremendamente reforzada. Eugenia padeció también las frecuentes infidelidades de su esposo a pesar del nacimiento en 1856, del Príncipe Imperial Luis Eugenio Bonaparte. El único hijo de la pareja morirá ya durante el exilio, como consecuencia de un ataque zulú en la batalla de Isandlwana, tras haberse alistado como voluntario en las filas del ejército británico.

Eugenia de Montijo y Napoleón III con su hijo
Eugenia de Montijo y Napoleón III, Emperador de Francia, con su hijo©GettyImages

Durante el mandato de Eugenia y Napoleón, París se convirtió en la “ciudad de la luz”. La Emperatriz fue una incansable viajera y pese al reuma que padecía, no dejó de visitar hospitales durante la epidemia de cólera de 1865. Sus días fueron los del alcalde Haussmann y los fastuosos veraneos en Biarritz, pero también los de la compleja política exterior, la Guerra de Crimea, la “cuestión romana” -que la enfrentará con los ímpetus expansionistas de su marido- y la definitiva derrota frente a Bismark en Sedam.

El Imperio había caído y comenzaba la República Francesa: terminaban las águilas, las estatuas y los emblemas imperiales. Eugenia protagonizó una peligrosa huida en tren desde la capital hacia Deauville, donde embarcó clandestinamente hacia la isla de Wright primero y a Portsmouth después. Napoleón III estaba en poder de los prusianos y Eugenia de Montijo en Inglaterra. Pero de nuevo había demostrado firmeza y valentía.

Eugenia de Montijo, marquesa de Moya y condesa de Teba, pasó los últimos años de su vida en el exilio. Viajó frecuentemente España, no sólo por los vínculos familiares que la unían con los Alba y la Familia Real, sino también por las visitas al prestigioso doctor Barraquer que la trataba de las cataratas que padecía. Falleció en Madrid, en el Palacio de Liria, en 1920.