Mujeres en la historia: Rosario Weiss, la discípula aventajada de Francisco de Goya

Hija de Leocadia Zorrilla, criada y probable amante del pintor aragonés en sus últimos años, llegó a ser maestra de dibujo de la futura Isabel II

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11 de Septiembre 2020 / 13:54 CEST

Self-Portrait

Autorretrato de Rosario Weiss fechado en 1830 encontrado en la colección de la Biblioteca Municipal de Burdeos

© GettyImages

“Mi Rocío”, así de cariñoso se mostraba Francisco de Goya y Lucientes con la pequeña hija de Leocadia Zorrilla. Dicha referencia ha hecho pensar a muchos que quizás esa niña era fruto de la relación entre ambos, aunque parece que no fue así y que simplemente era una muestra del sincero afecto que el aragonés profesaba por ella.

María del Rosario Weiss Zorrilla (Madrid, 1814-1843) fue bautizada en la parroquía de san Ginés y era la hija menor del matrimonio formado por Isidoro Weiss Alonso y Leocadia Zorrilla Galarza. El matrimonio fue infeliz y se rompió definitivamente poco después de su nacimiento, siguiendo cada uno su camino.

Leocadia entró a trabajar como ama de llaves de la casa de Francisco de Goya en torno a 1815. En aquél tiempo el pintor aragonés era ya viudo -su esposa Josefa Bayeu había fallecido en junio de 1812- tenía ya 70 años, estaba achacoso y, por supuesto, sordo desde hacía tiempo. Ella rondaba los 30 años de edad y se convirtió en criada, cuidadora y compañera sentimental de Goya.

Desde al menos 1820 Leocadia se trasladó con sus dos hijos menores, Guillermo y Rocío, a vivir definitivamente junto a Francisco de Goya hasta la muerte del pintor en 1828. Primero compartieron techo en la célebre “Quinta del sordo” de Madrid hasta 1824 y luego en Burdeos, donde se reunieron con él en el exilio francés. La pequeña Rosario fue objeto especial de los mimos y atenciones del anciano pintor, quien la instruía con paciencia en los inicios del dibujo.

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Autorretrato de Rosario Weiss perteneciente a la Biblioteca Nacional de Madrid©GettyImages

Siempre junto a él, convertida en su ayudante infantil, alumna y admiradora, el sordo y veterano pintor disfrutaba de su compañía y le enseñaba algunos trucos para comenzar a manejarse con los pinceles, pues aquella niña mostraba gran atención, ganas de aprender y, sobre todo, destilaba talento.

Puede imaginarse uno al viejo y genial artista acometiendo sus últimas obras mientras la pequeña Rocío se fijaba en todos los detalles, escuchaba los consejos e instrucciones de su cariñoso maestro y completaba o remataba esbozos de obras que él le pasaba además de otros dibujos para que ella los copiara en un pequeño caballete adaptado a su corta edad.

De hecho, según varios expertos, algunos de los últimos dibujos y bocetos atribuidos a Goya es más que probable que llevaran también la mano de Rosario Weiss, quien le ayudaba a terminarlos o los iniciaba y era el genio de Fundetodos quien los culminaba.

Vista su actitud y aptitud, en Burdeos entró luego en la escuela pulica de Pierre Lacour, donde la pequeña recibió una formación más académica y fue perfeccionando su propia técnica, de trazos más finos.

“La lechera de Burdeos” es objeto también de múltiples interpretaciones. Firmada por Goya hacia 1827, aspectos artísiticos y otros detalles como que quedara en poder de Leocadia Zorrilla tras la muerte del pintor -quien la tuvo que vender pronto- no descartan que Rosario Weiss fuera su autora o al menos coautora. Otros apuntan a que lo más probable es que fuera ella, de 13 años entonces, la retratada.

Muerto Goya en 1828, hasta 1833 no regresaron Leocadia y Rocío a España, acogiéndose a una amnistía general concedida para los exiliados. La joven Rosario desarrolló su carrera al trabajar inicialmente como copista en el Museo del Prado, la Academia de San Fernando y en colecciones privadas como la de la duquesa de San Fernando.

También realizó miniaturas, retratos a lápiz muy celebrados y litografías de importantes escritores y artistas de su tiempo como Larra, Espronceda, Zorrilla... Tuvo mucho que ver en ello su participación como socia en el Liceo Artístico y Literario desde 1837.

En la Academia de San Fernando participó varios años en sus exposiciones anuales y, con el aplauso general y el apoyo de sus compañeros del Liceo, fue nombrada académica de mérito de tan prestigiosa institución en 1840.

El cénit de su trayectoria profesional le llegó poco después cuando fue elegida por la Corona en 1842 para desempeñar el puesto de maestra de dibujo de cámara de la futura Isabel II y de su hermana la infanta Luisa Fernanda. Comenzaron así sus lecciones en palacio de la mejor profesora de dibujo posible en aquellos tiempos, pero por desgracia no pudo ejercer ese cargo mucho tiempo, pues en el verano de 1843 fallecía súbitamente enferma de cólera con apenas 29 años de edad.

Su truncaba así tristemente una trayectoria imparable, la de una mujer que mamó de niña, nada menos que de Francisco de Goya, el amor por la pintura y sobre todo por el dibujo y con quien dio sus primeros y prometedores trazos en un lienzo.