Robert Capa, el emblemático fotoperiodista de guerra que nunca existió

Fue testigo de la Guerra Civil española, pero ‘Robert Capa’ en realidad eran dos personas ocultas bajo un pseudónimo

2 Minutos de lectura

02 de Septiembre 2020 / 17:36 CEST

Robert Capa

‘Robert Capa’ era el pseudónimo tras el que se ocultaban Endre Friedmann y Gerda Taro

© GettyImages

Endre Friedmann y la judía de origen alemán Gerda Taro, se conocieron en 1934, en París (Francia), ciudad a la que Gerda había huido un año antes, justo después de que Hitler ascendiera al poder en Alemania e iniciara la cruel persecución a los judíos. Endre y Gerda se hicieron inseparables y pronto surgió el amor. Juntos idearon un proyecto para alzar la voz a través de fotografías, que a su vez pudieran vender para vivir. Así los dos se convirtieron en el famoso Robert Capa, el mejor fotoperiodista de guerra para muchos.

Se mudaron a Madrid y su idea no podría ser mejor: venderían su trabajo a los medios de comunicación de la época y ninguno de los dos estaría expuesto. Pero Robert Capa no era solo un nombre, Gerda y Edren habían construido todo un personaje, por lo que Capa llegó a ser reconocido como el fotógrafo de guerra americano que, además de intrépido, era rico y muy famoso.

El encargado de tomar las fotos era Endre y cuando llegaba el momento del revelado, se hacía pasar por el operador de laboratorio del misterioso Capa. Gerda, por su parte, era la encargada de vender las fotografías a los medios de comunicación al mejor precio, para lo que además de desarrollar su habilidad persuasiva, se había convertido en la perfecta creadora de excusas, ya que al ser Capa tan famoso, había un sinfín de reporteros y editores que querían conocerle. Taro siempre terminaba inventándose algo para evadir a los curiosos. No era fácil, pero funcionaba.

Gerda Taro y Endre Friedmann
La pareja duró tres años oculta bajo el pseudónimo de Robert Capa, tiempo en el que hicieron y vendieron cientos de fotografías de guerra©GettyImages

La pareja se mantuvo viviendo y trabajando de aquella manera durante tres años, pero en 1937 tomarían la decisión de ir por caminos separados, cuando Gerda consiguió un contrato con un diario de la época que no pudo rechazar, ya que por fin podría ser ella la autora de sus propios reportajes. Tristemente, la independencia como reportera de Gerda no duró mucho.

El 26 de julio de 1937, en Madrid, mientras las tropas republicanas se replegaban ante un ataque del bando Nacional, en plena Guerra Civil Española, Gerda fue atropellada por un tanque. Fue un terrible accidente y, a pesar de haber sido trasladada de urgencia a un hospital de campaña, ya nada se pudo hacer para salvarle la vida.

Endre, que vivía en París lejos de su amada, quedó profundamente afectado por su muerte. “Ahora que Gerda ha muerto, todo se ha acabado para mí”, expresó el fotógrafo en su momento, según recoge ‘National Geographic’. Poco después él también moriría al pisar una mina anti-personas durante uno de sus trabajos.

A día de hoy se reconoce en aquella pareja su valor y entusiasmo por dejar a la historia cientos de fotos de guerra que, de no haber sido tomadas por un “rico y famoso americano”, hoy serían desconocidas para el mundo.