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Así era el revolucionario sistema de compra a distancia del popular Harrods... ¡en 1912!

Contaba con una logística de vanguardia que ponía a disposición de los clientes sin opción de acudir a la tienda física todo tipo de productos (desde ropa y joyas a lanchas de vapor)

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Harrods

Harrods, fundado en 1849 en Londres, Reino Unido

© GettyImages

El popular Harrods, el gran almacén londinense que se inauguró en 1835, fue en su tiempo lo más parecido al Amazon de nuestros días. La clara diferencia está en que la compañía fundada por Jeff Bezos es una tienda online con miles de productos de todo tipo, disponibles a un clic y con ayuda de Internet. En 1912, el sistema era otro, pero al final representaba la misma comodidad: se mostraba un catálogo de 1.525 páginas y los clientes podían pedir lo que fuera por teléfono, toda una innovación para la época.

Proyecto Gutenberg, la web que tiene como finalidad crear una biblioteca de libros electrónicos a partir de libros que existieron físicamente en algún punto de la historia, ha sido la encargada de sacar a la luz el interminable e increíble catálogo de Harrods for Everything, que ilustra más de 15.000 productos, cada uno con una descripción detallada, medidas exactas y materiales de los que estaba hecho cada artículo puesto a la venta.

En el catálogo no había una sola foto, los miles de productos eran representados con dibujos. Con eso bastaba para que los clientes se hicieran una idea, lo más clara posible, de cómo sería lo que días más tarde llegaría a sus casas.

Transporte de Harrods en 1939
Los almacenes Harrods ya llevaban las compras al domicilio de sus clientes en 1912©GettyImages

Logística de vanguardia

Hoy no es ninguna novedad. Son ya pocos los que no están habituados a hacer compras online y al poco tiempo de espera que se necesita para recibir en casa prácticamente cualquier producto. En 1912, en Londres y gracias a Harrods, tampoco era complicado. Era cuestión de levantar el teléfono, llamar al almacén y pedir cualquier producto indicando la página en la que estaba ilustrado. Unos cuantos días más tarde, una camioneta llegaba a la dirección del comprador y dejaba el paquete.

Ropa hecha a medida, muebles, artículos de decoración, joyería fina e incluso armas, era lo que se ilustraba en el famoso catálogo. Más adelante, también se comenzaron a ofrecer alquileres de lanchas, haciendo así la oferta interminable y logrando que las familias acomodadas de la capital británica de disfrutaran en la época de hacer compras sin tener que salir de casa.