Sarah Fabergé, la heredera de la firma de joyas favorita de los zares… que no sabía que lo era

Hasta que no tuvo diez años desconocía su verdadero apellido y ahora busca la forma de reinventar el legado de sus ancestros

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14 de Agosto 2020 / 09:25 CEST

Su primer apellido fue Woodall, ya que su padre fue criado por una de sus tías

© GettyImages

Tenía diez años cuando Sarah Woodall supo que su verdadero apellido era Fabergé, aunque no lo adoptó hasta que fue una veinteañera. A pesar de haber estado desvinculada del legado familiar, actualmente es su principal abanderada, la figura que pelea por devolverle el esplendor perdido por el camino… pero, ¿por qué la tataranieta del fundador de la marca que cautivó a los Romanov desconocía la historia de su familia?

Gracias a Peter Carl Fabergé, la firma de su familia subió hasta lo más alto del mundo de la joyería artesanal. Su hijo pequeño, Nicholas, tuvo un romance con la modelo Doris Cladish, que vivía en Londres, y de aquella relación nació Theo… el padre de Sarah. Sin embargo, el niño no fue criado por su madre, sino por su tía Linda Woodall para evitar los tan temidos escándalos de la época. Cuando tenía 47 años un familiar le dijo que se parecía tanto a Nicholas Fabergé que debería revisar su certificado de nacimiento: el secreto acababa de ser desvelado.

Su familia perdió los derechos de su apellido en 1951©GettyImages

La historia familiar

Antes de estas idas y venidas fue el orfebre Gustav Fabergé quien, en 1842, dio forma a una empresa familiar centrada en la joyería artesanal. De la mano de Peter llegaron aquellos huevos cuajados de piedras preciosas que los zares regalaban a sus esposas en Pascua y los Fabergé se convirtieron en los proveedores oficiales de la corte, creando cincuenta de estas codiciadas piezas. La revolución bolchevique le obligó a abandonar Rusia y aquello supuso el principio del fin.

La familia siguió adelante con la compañía hasta 1951. ¿Qué pasó entonces? Los herederos renunciaron a los derechos de su propio nombre a cambio de 25.000 dólares. Lo hicieron después de una larga batalla legal contra Sam Rubin, un empresario de Estados Unidos que vendía (sin permiso) un perfume llamado Fabergé. Posteriormente, la marca que un día fue sinónimo de la joyería más exclusiva acabaría formando parte de Unilever, una compañía de productos de consumo.

Los Fabergé se convirtieron en los proveedores oficiales de la corte de los zares rusos©GettyImages

El rescate

Sin embargo, la historia de los huevos más codiciados no había terminado. En 2007 un grupo de inversión compró la marca para devolverle su glorioso pasado y para ello contó con las descendientes de Peter Carl: Sarah y su prima Tatiana formarían parte de una reinvención con visión de futuro que ya dura más de diez años.

Este objetivo de recuperar aquella esencia de lujo desmedido que cautivó a ricos y miembros de la realeza está cada vez más cerca. No en vano, en 2011 los huevos Fabergé regresaron en forma de colgante y hace cinco años, en 2015, se elaboró el primero en un siglo. En el olvido quedan aquellos productos de cosmética y limpieza que nunca deslumbraron tanto como la orfebrería de esta familia rusa.