Amelia Earhart: la aviadora que revolucionó su época y cuya desaparición continúa siendo un misterio

Desapareció en 1937 durante el vuelo que habría sido su más grande hazaña y, desde ese momento, su vida y sus logros se han convertido en una leyenda, motivo por el que su búsqueda continúa después de 83 años

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31 de Julio 2020 / 09:20 CEST

Amelia Earhart, la mujer que se convirtió en una leyenda de la aviación

Amelia Earhart se convirtió en leyenda de la aviación por haber sido la primera mujer en cruzar sola el Océano Atlántico, en 1932

© GettyImages

Julio es el mes que vio nacer y vio morir a Amelia Earhart, la legendaria aviadora que llegó a este mundo el 28 de julio de 1898 para revolucionar la época en la que le tocó vivir y convertirse así en la icónica mujer que cruzó en solitario el océano Atlántico en 1932. Cinco años más tarde formaría parte de los anales de la historia de la aviación con su misteriosa desaparición el 2 de julio de 1937, cuando estaba a punto de conseguir la hazaña que nadie más había logrado: ser la primera en dar la vuelta al mundo con un récord de altitud y velocidad.

Amelia Earhart: una vida de sueños y hazañas cumplidas

Originaria de Kansas (Estados Unidos) y siendo una chica de los años 20, Amelia Earhart era dueña de una imagen que no correspondía a la de la mayoría de las mujeres de aquella época. Su estatura, su constitución delgada y su sonrisa amistosa le daban ese aire de aviadora elegante, valiente y poderosa que terminaría convirtiéndose en la inspiración de toda una generación.

Amelia Earhart
Amelia Earhart, la aviadora que rompió moldes e inspiró a las mujeres de su generación©GettyImages

La determinación que caracterizó a Amelia desde muy temprana edad fue la que la hizo enlistarse como voluntaria al inicio de la Primera Guerra Mundial para realizar tareas de enfermería, atendiendo a pilotos heridos en Toronto (Canadá). Fue allí donde visitó por primera vez un campo aéreo, siendo ese el momento en el que sintió que su pasión eran las alturas y que a eso dedicaría el resto de sus días. Lo cumplió.

Amelia no olvidó su objetivo y su padre la apoyó pagándole un curso de iniciación a la aviación en California (Estados Unidos), en el que dio piruetas por el aire durante varios minutos, asombrando a propios y extraños. Lo más sobresaliente de aquella práctica era admirar la valentía de Amelia, que no se inmutaba ni por un momento a causa del riesgo que implicaba la aviación en aquellos tiempos, sobre todo después de saber que por aquellos días, de los 40 pilotos que el gobierno de los Estados Unidos había contratado para entregar correo, 31 habían muerto en el intento. Sí, la aviación en los años 20 era un peligro a todas luces, los motores se caían de los aviones sin razón aparente, pero eso no resultaba un problema para Amelia.

La joven aviadora destacaba en matemáticas y en ciencia, habilidades que le valieron cuando descubrió la aviación y lo que la llevó a tener unas finanzas bien organizadas que le permitieron comprarse un aeroplano en 1922, con el que consiguió su primer récord: volar a 4.267 metros de altitud y más tarde convertirse en una de las primeras mujeres interesadas en promover la aviación entre otras mujeres.

Su excepcional carrera también la llevó a participar en la creación de una aerolínea en 1930 en Estados Unidos, que conectaba Nueva York, Filadelfia y Washington. En 1931 se casó con su publicista, George Putham, y un año más tarde se fue sola a cruzar el Atlántico. Aterrizó en Reino Unido con el desafío cumplido, sin embargo y a pesar de que se había convertido ya en la primera mujer en volar sola sobre el Atlántico, la primera en hacerlo dos veces y en alcanzar la distancia más larga pilotada por una mujer sin parar y con récord de velocidad (13 horas y 50 minutos), le seguían quedando hazañas pendientes.

En 1933, Amelia se sintió con el valor suficiente para desafiar cualquier pronóstico de riesgo. La afamada aviadora quería intentar lo que 10 pilotos habían intentado poco antes sin éxito, ya que ninguno de ellos había sobrevivido al reto: Amelia quería sobrevolar el Pacífico por costas estadounidenses, ir de Hawái a California, y lo consiguió con honores y recibiendo felicitaciones por parte del entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt. Después de haber puesto en peligro su vida con aquella hazaña, ya no le temía a nada. Fue entonces cuando comenzó a planear el que tristemente sería su último vuelo.

El comienzo de una leyenda

Eran las 19:30 del 2 de julio de 1937, faltaban 26 días para que Amelia cumpliera 40 años, cuando ella y su copiloto, Frederik Nooran, se encontraban en medio del Pacífico y se comunicaron con el guardacostas de la isla Howland, propiedad de Estados Unidos, desde su avión Lockheed Electra 10E. El mensaje recibido era: “Estamos en la línea 157 337 (lo que indicaba que el avión volaba en una línea de navegación de noroeste a sureste que atravesaba la isla Howland). Debemos estar volando sobre ustedes, pero no los vemos. El combustible se está agotando”. Fue el último mensaje de Amelia y su copiloto. Una hora más tarde comenzaron las labores de búsqueda.

Amelia Earhart y su copiloto, Fred Noonan
Antes de perder la comunicación con Amelia y su copiloto Fred, ya habían volado más de 35.000 kilómetros y les quedaba un tercio para terminar de darle la vuelta al mundo a bordo de su Lockheed Electra 10E©GettyImages

Earhart y Nooran ya habían completado más de dos tercios de su travesía alrededor del mundo y poco faltaba para que completaran el desafío que habían comenzado el 20 de mayo de 1937 en Oakland, California (Estados Unidos). Hasta aquel trágico momento, ya habían sobrevolado Puerto Rico, Venezuela, Brasil, África, India, Tailandia, Singapur, Indonesia y Australia.

Al seguir pasando las horas sin saber qué había sido del avión y de sus tripulantes, el presidente Roosevelt se hizo cargo personalmente de la búsqueda y destinó todos los recursos necesarios para encontrar a Amelia y a su copiloto. Fueron nueve barcos y 60 aviones los que recorrieron la zona en busca de los restos del avión, sin éxito. La búsqueda paró 16 días después.

La búsqueda que continúa

El Grupo Internacional para la Búsqueda de Aeronaves Históricas ha pasado las últimas décadas intentando descifrar qué fue del Lockheed Electra 10E, de Amelia y de su copiloto Frederick y, han basado una de sus hipótesis en las últimas transmisiones de radio de Earhart, sin embargo siguen sin descubrir en dónde terminó el avión de Amelia.

Sin embargo, a día de hoy y después de muchos intentos infructuosos por conocer cuál fue el destino final de la aviadora, Robert Billard, el hombre que encontró el Titanic, se hace cargo de la búsqueda con herramientas tecnológicas que hasta ahora no se habían usado. “Estamos buscando colores que no sean naturales del fondo del océano”, asegura Ballard. No cabe duda que Amelia Earhart, quien toda su vida tuvo la mira bien puesta en el futuro y su avances, ahora mismo quedaría asombrada al ver la increíble tecnología que se está utilizando para descubrir qué fue de ella, de su copiloto y de su avión.