Infantas españolas: María Luisa de Borbón, una Infanta española en el corazón del Imperio

Hija de Carlos III de España, su matrimonio con Leopoldo, segundo hijo de María Teresa de Austria, la convertiría en Emperatriz consorte del Sacro Imperio Romano Germánico tras la muerte, sin descendencia, del emperador José II de Habsburgo-Lorena

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María Luisa de Borbón

Retrato de María Luisa de Borbón por el pintor austriaco Giuseppe Maria Grassi

© Giuseppe Maria Grassi, Kunsthistorisches Museum Wien, Bilddatenbank

Nació Princesa de Nápoles y Sicilia aunque también Infanta Española. La llegada de su padre Carlos III a España como Rey iniciaba un periodo reformista que coincidía con los aires ilustrados que se respiraban en Europa. Se convirtió por matrimonio en Gran Duquesa de la Toscana pero, sobre todo, María Luisa de Borbón    fue   emperatriz consorte del Sacro Imperio Romano Germánico. Su hijo mayor, Francisco II, heredará el Trono Imperial aunque las derrotas sufridas a manos de Napoleón terminarán desintegrando la última herencia del Imperio Carolingio.

La vida de María Luisa de Borbón es un devenir por la historia de la última mitad del siglo XVIII. Aunque nació en Portici en 1845, la muerte de su tío Fernando VI la trajo a España cuando contaba con dieciocho años. Hablaba con dificultad nuestra lengua y apenas un lustro ejerció de Infanta Española: en un tiempo en el que los matrimonios regios se entendían como cuestión de estado, se acordó su enlace con el hijo segundón de la todopoderosa emperatriz María Teresa de Austria.

La boda se celebró primero por poderes en España y, apenas unos meses después, María Luisa partió hacia Innsbruck (Austria) donde, el 5 de agosto de 1765 y pocas horas antes de la boda, conocería a su esposo Leopoldo. Eran los días de la Ilustración, de la ciencia y la razón, pero también la época en la que la estructura política de la vieja Europa situaba por herencia a príncipes y princesas en pequeños estados.

Maria Luisa de Borbon como reina de Hungría
Coronación de María Luisa de Borbón como reina de Hungría ©Franz Wolf, Illés Andrea, Magyar könyvklub, 2004, Budapest

De este modo y debido a la configuración territorial y hereditaria, se vieron convertidos en Grandes Duques de la Toscana, llegando a Florencia pocos días después de los festejos de su enlace. Se dice que Leopoldo era melancólico y culto aunque también retraído. Pero la pareja congenió en aspectos personales: tuvieron una copiosa descendencia que se prolonga hasta nuestros días. Durante los veinte años que estuvieron al frente de este reino (1765-1790) reformaron la administración, redujeron impuestos y –como buenos ilustrados- acometieron una interesante política de obras públicas. Además fueron los primeros soberanos que abolieron la pena de muerte y el maltrato físico de los presos, gracias a la reforma del código penal.

Pero la muerte sin descendencia del hermano mayor de Leopoldo, José II de Habsburgo-Lorena, los convertía -casi de repente- en Emperadores del Sacro Imperio Romano Germánico, especie de agrupación política que entonces dominaba Europa. El matrimonio se trasladó a Viena para desempeñar sus nuevas responsabilidades como Archiduques de Austria. También fueron coronados como Reyes de Hungría en Pozsony (hoy Bratislava) y Bohemia en Praga. Establecieron su residencia en el Palacio Imperial de Hofburg, actual residencia del Presidente de la República Austriaca que alberga, además, el tan visitado museo de Sissi.

Desde el corazón de la ciudad Imperial, María Luisa de Borbón vivió la proclamación de su hermano Carlos IV como Rey de España. Pero eran los días en los que el impulso revolucionario que había estallado en Francia amenazaba con destruir las estructuras del Antiguo Régimen que María Luisa de Borbón y Leopoldo II representaban. La Monarquía absoluta había caído en la vecina Francia y el trono de Luis XVI peligraba. Austria acogió a muchos realistas exiliados entre ellos al Duque de Artois, futuro Carlos X de Francia. María Antonieta –hermana de Leopoldo y por tanto cuñada de Luisa de Borbón- pidió socorro pero nada pudieron hacer por salvarlos de la guillotina.

Leopoldo II fallecía a comienzos de 1792 y María Luisa de Borbón lo hacía pocos meses después. Tenía cuarenta y seis años. Les sucedió su hijo primogénito, Francisco II, quien sería el último Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico: en 1806 tendrá que renunciar a la corona imperial para mantenerse únicamente como Emperador austriaco debido a las derrotas sufridas a manos de Napoleón. Había comenzado un nuevo orden europeo. El Imperio Austro-Húngaro se abolirá definitivamente en 1918 tras la derrota en la I Guerra Mundial.