Infantas españolas: María Josefa de Borbón, la Infanta del misterioso lunar

Hija del Rey Carlos de Nápoles y de María Amalia de Sajonia, llamaba la atención por su envejecido aspecto y vivía volcada en la religión

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La Infanta española, María Josefa de Borbón

Nació en Gaeta en 1844, hija del entonces Rey Carlos de Nápoles y de María Amalia de Sajonia

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Pertenece al elenco de Infantas que apenas tuvo aportación en la historia política de España. Sin embargo, el maestro Goya la inmortalizó en el cuadro de la Familia de Carlos IV. Es la mujer de aspecto anciano, aunque apenas contaba cincuenta y cuatro años, que aparece retratada al fondo de la pintura y que llama la atención por una mancha negra sobre su rostro. Historiadores y médicos han debatido si se trataba de una mancha en la piel, un calcinoma, o uno de los parches medicinales que se empleaban en la época como ungüentos para aliviar afecciones cutáneas. Sea lo que fuere, ¿quién fue esta hija de Carlos III, soltera, poco agraciada y volcada en la religión?

Nació en Gaeta en 1844 y fue bautizada con el nombre de Josefa Carmela. Era la hija del entonces Rey Carlos de Nápoles y de María Amalia de Sajonia, aunque no heredaría de ésta sus afinados rasgos ni esbeltez. Se convirtió en la primogénita adulta del matrimonio pues el resto de nacimientos regios se había malogrado. Criada en una Corte en la que se hablaba francés, su padre no dominaba el alemán y su madre no conocía el italiano, pocos pensaban que su destino fuese a terminar en España. Pero en aquellos días de auge del movimiento ilustrado, la muerte en Villaviciosa del Rey Fernando VI, convertía a su padre en heredero y sucesor de la corona española con el título de Carlos III.

Josefa de Borbón, la infanta española del misterioso lunar
El maestro Goya la inmortalizó en el cuadro de la Familia de Carlos IV©Wikipedia Commons

La familia llegó al puerto de Barcelona en 1859. La nueva Infanta María Josefa tenía quince años. El matrimonio con sus hijos se instaló primero en el Palacio Real de La Granja y luego en Aranjuez, a la espera de que terminasen las obras del Palacio Real que se estaba construyendo en la capital sobre un antiguo alcázar. Fue aquí, donde Josefa conoció a su abuela, la ya anciana Isabel de Farnesio quien siembre había ejercido de “reina gobernante”.

Y también aquí donde, pocos meses después de su llegada a España, fallecería su madre. Carlos III, viudo y fiel a la memoria de su esposa, jamás volverá a casarse. En España, los aires del saber y la razón inauguraban un fructífero periodo de desarrollo cultural y científico. Durante este tiempo, cuando las jóvenes Infantas eran tan solo moneda de cambio en las políticas internacionales europeas, se habló mucho de un posible matrimonio de la joven. El primer candidato, Leopoldo II de Austria, terminaría contrayendo matrimonio con su hermana menor María Luisa (también hija de Carlos III). Luis XV de Francia sonó para desposar a Josefa Carmela pero la Infanta permaneció soltera.

Muchos cronistas lo achacan a una fealdad reconocida y a una incipiente joroba pero es cierto que en esos días apenas se tenían miramientos ante estas cuestiones. La realidad es que Josefa se volcó en la vida religiosa y en la protección a la Orden de las Carmelitas de la que fue benefactora. Cuando su hermano accedió al trono como Carlos IV, las tensiones familiares con su cuñada y nueva Reina, María Luisa de Nápoles, se hicieron palpables. Aparecía la figura de Manuel Godoy y los aires de Revolución que soplaban en la vecina Francia, amenazaban el Antiguo Régimen. Fue en este contexto, cuando el General Bonaparte era designado Primer Cónsul de Francia, cuando Goya decidía pintar, como retratista oficial que era, la Familia de Carlos IV, una de sus pinturas más celebradas.

Junto a los monarcas y sus hijos, Fernando, Carlos, Francisco de Paula, Luisa e Isabel de Borbón, emerge la figura un tanto tenebrosa de la Infanta Josefa. Tiene una enorme mancha en la sien derecha. ¿Es un lunar o un parche lo que el genio de Fuendetodos marca en su rostro? Investigadores y académicos han debatido mucho sobre esta cuestión sin llegar a un acuerdo. Pero lo cierto es que la pobre Infanta Española apenas vivió para verlo. Fallecía por causas desconocidas en 1801, el mismo año en el que Goya terminaba su retrato. María Josefa fue enterrada en el Convento de Santa Teresa de Madrid. Años después, sus restos fueron trasladados al Monasterio del Escorial.