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Infantas españolas: la princesa de Beira, una vida al servicio de la monarquía tradicional

Su función resultó fundamental en el renacer del carlismo en la última mitad del convulso siglo XIX

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Princesa de Beira: 'Una vida al servicio de la Monarquía'

Fue el principal apoyo de Carlos VI, Carlos Luis ‘conde de Montemolín’

© Wikipedia Commons

En 1838 se casaba con Carlos María Isidro de Borbón y se convertía en “Reina Carlista”. La vida de María Teresa de Braganza (nacida Infanta Portuguesa y Española) siempre había sido azarosa. Pero desde ese momento, se convierte en un peregrinar por Europa en defensa de los valores de la monarquía tradicional. Acompañó a su esposo en los diferentes exilios una vez perdida la Guerra Civil y fue el principal apoyo de Carlos VI, Carlos Luis “conde de Montemolín”, en sus también reivindicaciones dinásticas.

Distanciada de su hijo natural, el Infante Sebastián, hizo de la causa legitimista el motor de su existencia estableciendo el principio de la “doble legitimidad”. Eslovenia, Austria, Francia y finalmente Trieste, fueron sus destinos en una batalla por la que luchará hasta su muerte en 1874. Cuando al poco de llegar a Inglaterra Don Carlos enviudaba de María Francisca de Braganza, dejaba a cargo de su cuñada tres hijos menores. Les educó en los más firmes valores tradicionales, en la religión y el humanismo que también había transmitido a su hijo natural, el Infante Sebastián (nacido de su primer matrimonio con Pedro Carlos de Borbón).

Pocos pensaban entonces que María Teresa, quien había sido la fiel compañera de los ilustres exiliados, se convertiría poco después, en su esposa. Durante su estancia en Alverstoke Old Rectory, una casa alquilada en la localidad de Gosport cerca de la costa, la familia vivió momentos de penuria y necesidad, sufriendo desde la distancia por el inicio de la Guerra Civil que habían dejado atrás. Era el año 1835 cuando la princesa de Beira y su reducido núcleo familiar, embarcaba en un estuario del Támesis, en el vapor de guerra Plutón, que el gobierno inglés había puesto a su disposición para trasladarlos al continente.

Princesa de Beira: 'una vida al servicio de la Monarquía'
Se convirtió en un peregrinar por Europa en defensa de los valores de la Monarquía Tradicional©Hemeroteca Digital de la Hemeroteca Nacional

El propio Duque de Wellington, quien había comenzado a cosechar fama política y militar durante la Guerra de la Independencia, acudió a despedirles. Días después, María Teresa con los niños llegaba al puerto de Rotterdam y de ahí, en un vapor fluvial por el Rhin a Maguncia, Turín (donde la Princesa recaló en los meses de verano de 1835) y finalmente Austria. Don Carlos, mientras tanto, encabezaba en España la famosa “Expedición Real” buscando fondos para la causa y en la idea de una posible reconciliación dinástica: la guerra carlista estaba entonces muy reñida.

En 1838 publicaciones liberales como El Eco del Comercio empiezan a mencionar “rumores” de un posible matrimonio entre Don Carlos y su cuñada pero es con la entrada de María Teresa en España, cuando se desata el entusiasmo entre las huestes carlistas: la princesa de Beira, nueva reina Carlista, había cruzado la frontera por Bayona y se encontraba en Elizondo. Lo hizo en compañía del hijo mayor de Don Carlos, Carlos Luis (para ellos “Príncipe de Asturias”) y un nutrido grupo de fieles realistas.

Eran los impulsos finales de una causa que se desvanecía: en agosto de 1839 se firmaba el “Convenio de Vergara” que ponía fin al conflicto en el norte y el Pretendiente derrotado, abandonaba España con su esposa. Francia fue el refugio para miles de carlistas exiliados. Entre ellos, Don Carlos y su familia. Permanecieron en este país durante un lustro en una suerte de “arresto domiciliario” pues eran los días de la monarquía aburguesada de Luis Felipe de Orleans. Pero también tiempos de liberalismo y Revoluciones que marcarían el destino de la pareja. Su vida seguiría condicionada por el destino de Europa. En 1845 se trasladaron a Génova y en 1848 fallecía en Trieste, Carlos María Isidro de Borbón. Su entierro se celebró entre una multitud de pueblo y clero.

El testigo de la causa legitimista era recogido por su primogénito, Carlos Luis, ahora Carlos VI. La princesa de Beira arropó siempre a su hijastro, que era también su sobrino, como pilar fundamental del pensamiento legitimista. Por el contrario, el distanciamiento de su hijo natural, en Infante Sebastián quien se había alejado de la línea marcada por su madre reconociendo a Isabel II en el Trono, era cada día más notorio.

Pero el fallecimiento de Carlos VI sin descendencia en 1861 y la no aceptación de las ideas tradicionalistas por parte de Don Juan, segundo de los hijos de Carlos María Isidro, llevaba al hijo de este, el “Duque de Madrid”, a convertirse en nuevo pretendiente como Carlos VII. Era menor de edad y la Regencia recaería en la ya anciana princesa de Beira. En la “Carta a los Españoles” en la que definía la teoría de las dos legitimidades, quedaba muy claro su pensamiento. Su papel volvía a ser fundamental en el renacer del carlismo en esa última mitad del convulso siglo XIX.