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Infantas españolas: la princesa de Beira: ‘¿infanta o reina sin corona?’

Se casó con Carlos María Isidro de Borbón y desde entonces, se convirtió en abanderada de la causa carlista y para los tradicionalistas, en su reina

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Infantas españolas: la Princesa de Beira

Nació infanta portuguesa aunque, por vía materna y por derecho, era también infanta española

© Wikipedia Commons

Algunos se llevarán las manos a la cabeza al ver que se incluye a la “princesa de Beira” entre las infantas españolas. Insignes autores como Melchor Ferrer pondrían el grito en el cielo. Para ellos, María Teresa de Braganza era su Reina. Aunque fuese una “reina sin trono”. Pero ¿quién fue realmente esta mujer que tanto peso tuvo en el pensamiento tradicionalista y que comandó, con puños de hierro, el principio de la “doble legitimidad”?. Nació infanta portuguesa aunque, por vía materna y por derecho, era también infanta española.

Casada en primeras nupcias con Pedro Carlos de Borbón y madre del singular Infante Sebastián, contrajo un segundo matrimonio con su tío y cuñado, Carlos María Isidro de Borbón, viudo de su hermana María Francisca. Desde ese momento se convirtió en abanderada de la causa carlista y para los tradicionalistas, pero sólo para estos, en su Reina. María Teresa de Braganza nació en el Palacio Real de Queluz (Portugal) en 1793. Era hija primogénita de la infanta española, Carlota Joaquina y del entonces heredero de la corona portuguesa, Juan de Braganza. Su infancia y juventud estuvo condicionada por los vaivenes políticos de la época en una Europa de cambios y amenazas de revolución.

Infantas españolas: la princesa de Beira
Hija primogénita de la Infanta Española, Carlota Joaquina y del entonces heredero de la corona portuguesa, Juan de Braganza©Real Academia de la Historia

Cuando las tropas francesas de Napoleón amenazaban con invadir Portugal, la Familia Real decidía marcharse a América a sus colonias en Brasil. María Teresa, con catorce años, era una de las cerca de 10.000 personas que embarcaban en el puerto de Belém rumbo a un mundo desconocido. En ese azaroso viaje, en compañía de sus hermanas Isabel y María Francisca, conoció el frío, los piojos y la disentería. Vivió en Río cerca de una década, marcada muy de cerca por el carácter arrogante de su madre quien le inculcó, al igual que al resto de la familia, las ideas del pensamiento más tradicional.

En estos años bañados por el Atlántico parece que se enamoró de su primo el infante Pedro Carlos, nieto también de Carlos III, con el que contraería matrimonio en 1810. De esta unión nacería Sebastián Gabriel, años después marido de la “infanta boba”, y con quien su madre mantendrá una tensa relación en la etapa final de su vida. Le dio una educación religiosa y humanista pero nunca le perdonó que terminase aceptando a Isabel II en el trono de España.

Viuda desde 1812, María Teresa se identificó con la tradición política y religiosa. Regresó a Europa para acompañar a sus hermanas en sus respectivos matrimonios con Fernando VII y Carlos María Isidro, y en la Corte española apoyó las pretensiones legitimistas de Don Carlos cuando el conflicto por la sucesión se hizo evidente. La rivalidad con María Cristina de Nápoles, madre de la princesa Isabel era palpable. Exiliada a Portugal tras los conocidos como “sucesos de la Granja”, llegó a un país marcado también por la Guerra Civil que enfrentaba a sus hermanos, Don Pedro y Don Miguel. Sobra decir, que María Teresa era firme partidaria de la causa miguelista y cuando éste fue derrotado, sufrieron días de penuria y persecución.

La solución no era otra que refugiarse en Gran Bretaña a la espera de que Don Carlos, reclutase fuerzas, dinero y posición para la defensa de esa pretendida legitimidad. La comitiva llegaba agotada a Portsmouth, en el sudoeste de Inglaterra, el 26 de junio de 1834. Semanas después, fallecía María Francisca de unas “fiebres malignas”. Carlos María Isidro se quedaba viudo y ella, María Teresa, al cuidado de los tres hijos que dejaba su hermana: los Infantes Carlos Luis, Juan Carlos y Fernando, de dieciséis, doce y nueve años de edad respectivamente. Parecía que había llegado su momento. La princesa de Beira se convertía en el más firme pilar en la educación de los niños y en el principal apoyo de Carlos María Isidro en sus reivindicaciones al trono. Permaneció en Inglaterra hasta 1838.

En esta fecha se casaba con Don Carlos. Era la nueva Reina sin corona. Tenía cuarenta y cinco años. No tendrán hijos pero su figura, personalidad y perseverancia, harán de María Teresa de Braganza y Borbón, princesa de Beira, un claro referente en la lucha por lo que consideraba los derechos legítimos de su nuevo flamante esposo. La aventura hacia esta reclamación del trono no había hecho más que comenzar.