‘Mujeres en la historia’: la condesa de Espoz y Mina, aya y protectora de la futura Isabel II

Juana María de la Vega, viuda del célebre guerrillero y militar liberal, educó y cuidó a Isabel y su hermana Luisa Fernanda en difíciles circunstancias

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19 de Junio 2020 / 11:16 CEST

Juana María de la Vega, condesa de Espoz y Mina

Juana María de la Vega y Martínez, condesa de Espoz y Mina

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Juana María de la Vega y Martínez (La Coruña, 1805-1872) fue una mujer que brilló con luz propia en el siempre convulso siglo XIX español. De familia liberal, se casó con el célebre Espoz y Mina en diciembre de 1821 cuando el militar estaba destinado como capitán general de Galicia. Muy poco después se separaron al marchar él a la capitanía general de Cataluña y tener que exiliarse luego a Inglaterra tras el regreso del absolutista Fernando VII al trono en 1823. Allí se reuniría el matrimonio tras dos años de separación y vivirían en Londres algo más de una década.

General Francisco Espoz y Mina
El marido de Juana María de la Vega, el General Francisco Espoz y Mina©Wikipedia

Con la muerte del infame Fernando VII pudieron al fin regresar a España en 1833, aunque tres años después fallecía el capitán general, quedando ella viuda y con el título condecido de condesa de Espoz y Mina por los numerosos méritos obtenidos por su difunto marido en la guerra contra el francés y en varias campañas militares posteriores (la última, la primera guerra carlista).

Viuda desconsolada, el luto perpetuo la acompañaría el resto de sus días, trasladando a su casa coruñesa los restos de su esposo y conservando su corazón en un recipiente.

Sólo dejó su retiro gallego en 1841 cuando el general Espartero -regente en sustitución de la exiliada María Cristina de Borbón- la reclamó como aya de la jovencita y futura reina Isabel II y de su hermana la infanta Luisa Fernanda. Tendría el apoyo de Agustín de Argüelles, nombrado tutor de la princesa de Asturias, y detractores de la vieja camarilla real que fueron saliendo de palacio ante su llegada.

En ella se confiaba para educar a la futura reina en el marco de una monarquía liberal y alejada de la sombra del absolutismo de su padre. Debía inculcarle valores más abiertos y modernos a aquella niña de 11 años que ceñiría la corona de España cuando alcanzara la mayoría de edad.

Pese a que intentó zafarse de dicho encargo alegando que no se sentía preparada ni conocía la etiqueta de palacio y vestía riguroso luto desde la muerte de su esposo, tuvo finalmente que aceptar ante la insistencia de Agustín de Argüelles, quien ponía en sus manos la educación de la futura reina para alejarla de malas influencias y protegerla.

Ella misma lo contó por escrito con detalle en sus memorias...

“Decidíme, pues, a aceptar el destino de Aya de S.M y A y a desempeñarlo de la mejor manera que yo alcanzase, procurando que mi celo y mi lealtad supliesen hasta donde fuese posible las cualidades que me faltaban...”

La condesa de Espoz y Mina se entregó a su tarea y muy pronto se ganó el afecto sincero de la princesa y de la infanta a su cargo. De hecho, se conservan deliciosos documentos en el Archivo Histórico Nacional de esta etapa que así lo atestiguan. Me refiero a los deberes y exámenes realizados por la jovencita Isabel bajo la supervisión de su educadora en variadas materias (caligrafía, historia, francés, matemáticas,..) y que incluso le dedicaba con cariño.

Dedicatoria de Isabel II a la condesa de Espoz y Mina
Dedicatoria de la reina Isabel II a la que fuera su aya, la condesa de Espoz y Mina©Archivo Histórico Nacional (AHN, PARES)

La noche del 7 de octubre de 1841 fue crítica, pues lo que ya se preveía y temía vino a poner en peligro la vida de todos en el palacio real de Madrid. La exiliada María Cristina no se resignaba a verse apartada del poder ni separada de sus hijas así que, alentada por varios políticos moderados y militares, se produjo un intento de asalto al palacio para llevarse a las pequeñas, reunirse con ellas y, por supuesto, deponer al general Espartero de sus funciones de regente.

La rápida actuación de la condesa de Espoz y Mina para poner a salvo a las pequeñas -llegó a entrar alguna bala en su alcoba- y reconfortarlas en tan dramático suceso fue muy valorada y reconocida poco después cuando se le concedió la Grandeza de España. La tenaz y fiel resistencia de la guardia de alabarderos conjuró el peligro y evitó el rapto de Isabel y Luisa Fernanda.

En 1842 fue nombrada también camarera mayor de palacio y en julio 1843 concluyó su servicio a la Corte pues, en los continuos avatares políticos de entonces, el general Espartero fue apartado de la regencia por los moderados que se habían hecho con el poder. El tutor Argüelles y ella misma dimitieron de sus cargos. Así recordaba el disgusto que esa noticia le produjo a la ya inminente reina...

“...la Reina continuó en sus gritos y lamentos, diciendo a la tenienta de aya: Inés, ¿sabes la desgracia que sucede? La Aya y el Tutor se quieren marchar. Y luego, volviéndose nuevamente a mí, y teniéndome abrazada, me decía: No te irás, no; yo no te dejaré marchar; no te separarás de mí ni de mi hermanita”.

Juana María de la Vega y Martínez, condesa de Espoz y Mina, volvió a Galicia y colaboró con su amiga Concepción Arenal en numerosas causas, sobre todo en las visitas, a cárceles, manicomios y hospicios. Murió en 1872.

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.