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Infantas españolas: el fatal desenlace de María Francisca

La mujer de Don Carlos María Isidro de Borbón, hermano del rey Fernando VII, esta considerada por muchos como la primera reina Carlista

3 Minutos de lectura
El desenlace de María Francisca

Murió a los 35 años a consecuencia de unas ‘fiebres malignas’

© The British Museum

La mujer de Carlos María Isidro de Borbón pasó los últimos años de su vida en el exilio. Quien por muchos está considerada como la primera reina Carlista tuvo que abandonar España meses antes del inicio de la Guerra Civil y refugiarse en Portugal. Pero en su país natal, María Francisca había nacido en Lisboa en 1800, vivía también un conflicto dinástico que enfrentaba a sus hermanos: Don Miguel, fiel partidario del absolutismo y Don Pedro, ferviente liberal. Finalmente y tras un duro periplo de dificultades y persecución, el grupo de refugiaros españoles se trasladó a Inglaterra.

Aquí, cerca de Portsmouth, falleció María Francisca de Asís de Braganza, Infanta española por matrimonio y principal apoyo de don Carlos en sus reivindicaciones al trono. Acababa de comenzar el año 1833 cuando los asuntos políticos en España hicieron tambalear la armonía de la Familia Real. El nacimiento de las hijas de Fernando VII, Isabel y Luisa Fernanda, desplazaban de la sucesión a Carlos María Isidro de Borbón, quien durante décadas había sido el sucesor a la Corona. La negativa de éste a aceptar los cambios que se habían producido en la normativa para favorecer los derechos femeninos, motivó la decisión del agónico Fernando de forzar el alejamiento de su hermano.

Don Carlos y su familia, con la Infanta María Francisca al frente, partía hacía Lisboa en una operación camuflada de “misión diplomática” que no ocultaba más que un forzado exilio. Sin embargo, la vecina Portugal vivía en aquellos días las horas finales de otro conflicto civil que, con el nombre de “Guerra de los dos hermanos”, tenía mucho en común con las rivalidades dinásticas que asomaban en España. Bajo el paraguas de la legitimidad dinástica, se enfrentaban Don Miguel y Don Pedro de Braganza.

El primero, defensor de las ideas absolutistas, contó siempre con el respaldo de María Francisca mientras que el segundo, se mostró partidario de abrazar ese nuevo liberalismo que empezaba a abrirse camino en Europa. Eran tiempos de cambios. Los regios españoles vivieron semanas de incertidumbre en tierras portuguesas, siempre acompañado por sus tres hijos, los Infantes Carlos Luis, Juan Carlos y Fernando, de dieciséis, doce y nueve años de edad respectivamente. Llegaron, incluso, a sufrir la persecución de las tropas isabelinas del general Rodil, adentradas en Portugal.

El final de la infanta María Francisca
Tuvo que abandonar España y refugiarse en Portugal antes de la Guerra Civil©Wikipedia Commons

El diario británico Times dio buena cuenta de la situación. Cuando terminó la lucha en Portugal por el tratado de Evora-Monte, la situación de los Borbón-Braganza empeoró. No tenían otro destino que marchar a Inglaterra en la idea de mejorar la situación de la familia y organizar, desde allí, las huestes que llevarían a Don Carlos en adelante Carlos V para sus partidarios de vuelta a España.

La comitiva, integrada por un séquito de cerca de sesenta personas fieles al realismo, embarcó en el navío Donegal con un destino incierto. Llegaron al puerto de Portsmouth, en el sudoeste de Inglaterra, el 26 de junio de 1834. Tenían ante sí la inquietud de cuál sería la decisión del gobierno británico pues era público el apoyo inglés a la causa de María Cristina en virtud del Tratado de la Cuádruple Alianza.

De salud frágil

En Londres, Don Carlos rechazó la oferta de acogerse a la pensión ofrecida por su cuñada: jamás renunciaría a lo que consideraba sus derechos legítimos. Mientras tanto, María Francisca, su hermana María Teresa , que les había acompañado en todo este peregrinaje, y el resto de fieles realistas, buscaban alojamiento cerca de la costa. Alquilaron una casa llamada Alverstoke Old Rectory, en la localidad de Gosport. Pero María Francisca estaba agotada. Habían sido muchos los padecimientos desde su salida de España y su salud, frágil, no aguantó más sufrimientos.

Víctima de una “fiebres malignas” fallecía el 4 de septiembre de 1834. Tenía apenas 35 años. The New Monthly Magazine, informó copiosamente de lo acontecido. Recibió sepultura en la capilla católica de la ciudad. Varias décadas después sus restos mortales fueron trasladados a Trieste.