home/Divulgación

Grey Filastine & Nova Ruth: los músicos varados en el Pacífico desde febrero y sin puerto donde atracar por la Covid-19

Llevan más de tres meses a la espera de que se abran las fronteras o de que algún país les deje bajar el ancla

2 Minutos de lectura

12 de Junio 2020 / 17:48 CEST

Los dos músicos están acompañados por siete técnicos y llevan todos juntos en un velero desde agosto de 2019, cuando comenzaron su gira

© Nova Ruth

La historia es digna de volverse una novela literaria o una película de esas que cuentan grandes aventuras basadas en la vida real. Estos músicos y su equipo técnico llevan meses en un velero de 23 metros que ha sido su hogar desde finales de agosto de 2019, cuando zarparon desde Róterdam con rumbo a Indonesia y comenzaban una gira que sería el proyecto de sus vidas, con el que echarían de lado las fronteras y llevarían su música de puerto en puerto, hasta que la Covid-19 les marcó los límites que a día de hoy, no han sobrepasado.

La vida antes de la COVID-19

Nova es indonesa y reside en España, Grey es nacido en Estados Unidos y ciudadano español desde hace un par de años. Ambos vivían en Barcelona cuando comenzaron su gira en agosto de 2019, a bordo del Arka Kinari , nombre que le han dado al velero que hoy es su hogar. Antes del cierre de fronteras consiguieron presentarse en Marruecos, Tenerife, Kuna Yala en Brasil y Oaxaca en México, con un espectáculo que se hacía en directo desde el agua. Ricard Soler, su director de performance, es español al igual que un par de miembros de la producción técnica. Son siete en total, hay portugueses y británicos también.

Para empezar a vivir esta historia, pidieron un préstamo de 300.000 euros, con la esperanza clara de que el viaje y su música les trajera grandes beneficios. El espectáculo consistía en que una vez estando en cada puerto, las telas del velero infladas por el viento hacían de pantallas, sobre las que proyectaban sus audiovisuales.

Cambio de planes y de rutinas

Cuando el grupo zarpó de México el 21 de febrero, no imaginaban que la Covid-19 se convertería en la pandemia que les impediría despegarse del Arka Kinari en meses. El gobierno estadounidense les permitió anclar en Hawái durante 30 días en los que la condición era estar 15 días en cuarentena y ocupar los 15 restantes para abastecerse e irse. Después de eso, no han vuelto a pisar tierra firme.

Practicamente navegan incomunicados, ya que el Internet que tienen en un iPhone va a un décimo de velocidad de lo que iban los primeros routers. Tienen 150 minutos de llamadas al mes pero la interferencia es terrible y no merece la pena ni siquiera gastar los minutos, aunque sí es verdad que fue gracias a una llamada que supieron que se habían quedado en medio de la nada, cuando a punto de llegar a las islas del Pacífico, donde sería su siguiente actuación, supieron que ya las fronteras estaban cerradas.

La comida fresca de la que se abastecieron en Hawái, les duró tres semanas y la comida enlatada calculan les durará hasta julio. También cuentan con un equipo desalinizador que funciona con energía solar y los abastece de agua dulce.

En pocas palabras, la Covid-19 los ha hecho marineros a la fuerza. En cubierta han plantado lechugas y pescan con cebos improvisados. Cada tarde reparan y dan mantenimiento a la madera, quitan el óxido del casco de acero del velero y por las noches hacen guardias de dos horas.

Y todo lo han ido narrando en su web, a la que logran entrar a duras penas con su lento Internet. El último mensaje que han compartido es: “Arka Kinari estará lista para unir a las personas y ayudar a catalizar un futuro mejor”.