‘Mujeres en la historia’: Rosa de Lima, la primera santa de América

Canonizada por el Papa Clemente X en 1671, fue nombrada Patrona del Perú, de Filipinas y del Nuevo Mundo

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12 de Junio 2020 / 11:32 CEST

Primera santa de América: Rosa de Lima

Rosa de Lima fue la primera santa de América, canonizada en 1671 por el Papa Clemente X

© Wikipedia Commons

Isabel Flores de Oliva (Lima,1586-1617), pues así se llamaba en realidad, fue una de los numerosos vástagos -más de diez- del matrimonio criollo formado por Gaspar Flores, soldado y arcabucero que sirvió en Perú y Chile, y su mujer, Isabel Oliva. A la historia pasaría por ser la primera santa de América, canonizada en 1671 por el Papa Clemente X como Santa Rosa de Lima, el nombre con el que pasaría a ser universalmente conocida.

Santa Rosa de Lima
Nunca se casó ya que sólo quiso unirse en matrimonio con Dios©Wikimedia Commos

Su bautizo en la parroquia de San Sebastián parece que ya marcaría su destino posterior, pues lo ofició el mismo párroco que siete años antes había bautizado a aquél mulato ilegítimo que fue canonizado por el Papa Juan XXIII en 1962, San Martín de Porres, el “Santo Patrono de la Justicia Social”.

La niña Isabel muy pronto sintió la llamada religiosa y espiritual, consagrando su vida a la oración, penitencia y ayuda a los demás. Su rostro gracil y sonrosado parece que motivó que fuera apodada Rosa, lo que ella después transformó en Rosa de Santa María.

Su modelo fue desde niña Santa Catalina de Siena, doctora de la iglesia que vivió en el siglo XIV y fue canonizada en 1461. Entre sus libros figuraba una biografía de esta mujer que se entregó al ayuno continuado, al silicio y a la penitencia. Tal fue el comportamiento de Rosa, confinándose mucho tiempo en un retiro austero y auxiliando siempre a los más necesitados de la sociedad limeña. Para ello atendía en su precario dispensario y visitaba con frecuencia el hospital de Santa Ana fundado por fray Jerónimo de Loaysa para cuidar de mujeres enfermas desfavorecidas.

Tuvo claro que no quería casarse, sólo se uniría en matrimonio con Dios pese al disgusto inicial de sus padres por esa decisión. Obtuvo su permiso para edificar una modesta y pequeña celda en el huerto, donde pasaba la mayoría de las horas del día orando, sin apenas comer, dormitando sólo un par de horas en condiciones incómodas voluntariamente ideadas para ello y mortificándose continuamente. Posteriormente, entró en la Orden Tercera de Santo Domingo como seglar, imitando así a su venerada Catalina de Siena.

Su frágil salud, motivada en buena parte por la vida tan dura de privaciones que ella misma había elegido, llevó a que muriera muy joven, con tan sólo 31 años de edad, en agosto de 1617. La procesión con su cadáver se transformó en una exaltación popular de su figura, considerada ya santa por muchos que veían en sus obras y piedad numerosos milagros.

Saint Rose Of Lima (Santa Rosa De Lima)
Iglesia de Santa Rosa de Lima, en Perú©GettyImages

Muchos de ellos corrieron de boca en boca, como cuando ante el inminente ataque de corsarios holandeses que habían llegado al puerto de El Callao se encerró en la iglesia del Rosario junto a sus hermanas terciarias para entregarse a la oración y disponerse al martirio si era necesario, protegiendo con su cuerpo el santo lugar de su profanación por aquellos herejes. Fueron numerosos los que consideraron fundamental aquella actitud suya para que se conjurase dicha amenaza.

Su proceso de elevación a los altares se inició poco después de su muerte, pues toda la sociedad limeña coincidía en la santidad extraordinaria de la joven Rosa de Santa María. Declararon más de 200 testigos, incluidos varios miembros destacados de la élite virreinal. Se presentaron más de 120 posibles milagros producidos por su intercesión, aunque finalmente la iglesia católica reconoció probados nueve de ellos, todos post mortem, por la devoción de muchos fieles que rezaban y se acogían a su figura benefactora, curándose de diversas dolencias.

Así, en 1668 el Papa Clemente IX beatificaba a Rosa de Santa María y en 1671 su sucesor, el Papa Celemente X, la canonizaba como Santa Rosa de Lima. América tenía su primera santa, la primer mujer criolla que accedía a los altares, lo que fue muy celebrado no sólo en el Perú sino en España y en todo el imperio español. De hecho, fue nombrada también Patrona del Perú, de Filipinas y del Nuevo Mundo.

Una prueba de la global alegría que inundó el mundo hispano se refleja en esta carta del virrey de la Nueva España, Antonio Sebastián Álvarez de Toledo, escrita al rey Carlos II cuando recibió la noticia de dicha canonización...

“...Buena que havía causado en VM singular alborozo viendo onrados los méritos desta sierva de Dios (primer fruto de las Provincias del Perú), colocándola en el catálogo de los santos de que se deven rendir muchas gracias a su divina magestad y que por el particular consuelo que recivirán en esta tierra con la noticia de este feliz suceso, se me da aviso de ello para que lo haga notorio y los havitadores de ella prosigan su deboción con el fervor que se deve a los méritos de Santa tan favorecida de Dios nuestro señor...” (México, 12-07-1571).

Santa Rosa de Lima sigue siendo muy popular hoy en día y cada mes de agosto numerosos fieles acuden a rezarla y pedirle más milagros...

Daniel Arveras es periodista y escritor. Su último libro es “Conquistadores olvidados. Personajes y hechos de la epopeya de las Indias”.