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‘Mujeres en la historia’: Felipa y Beatriz, las madres de los hijos de Cristóbal Colón

De diferente origen y condición, ambas amaron al navegante y le dieron sendos hijos, Diego y Hernando

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22 de Mayo 2020 / 12:07 CEST

Firma de Cristobal Colón

Felipa y Beatriz, las madres de los hijos de Cristóbal Colón

© Archivo de Indias (PARES)

El 20 de mayo de 1506 moría en Valladolid el almirante de la Mar Océana, Cristóbal Colón, tras una vida intensa de aventuras, exploraciones, ganancias, decepciones y fatigas. No era consciente entonces del eterno lugar que ocuparía en la historia universal al haberse convertido en el descubridor de América.

Como sobre él se ha escrito y escribirá mucho, quiero dar unas breves pinceladas sobre las mujeres de su vida, en especial de las dos que compartieron techo y lecho con él y le hicieron padre de dos varones.

La primera de ellas se llamaba Felipa Moñis, era portuguesa y perteneciente a una familia acomodada y de prestigio. Su padre, navegante al servicio del rey luso, había descubierto la isla de Porto Santo (en el archipiélago de Madeira) y ejerció como su gobernador durante años. Con su hija se casó Colón durante aquel periodo de estancia en Portugal y en aquella isla atlántica tuvo a su primogénito, Diego Colón, en quien fundaría mayorazgo y le sucedería a su muerte en sus sus principales títulos y hacienda.

Aquel matrimonio celebrado en 1479 no duró mucho por el temprano fallecimiento de Felipa, en torno a 1485, poco antes de que su esposo se trasladara a Castilla para intentar allí que su proyecto previamente planteado al rey de Portugal tuviera mayor éxito con Isabel, reina de Castilla y Fernando, rey de Aragón.

Firma de Cristobal Colón
©Archivo de Indias (PARES)

El segundo hijo de Cristóbal Colón, Hernando, fruto de su relación posterior con Beatriz Enríquez de Arana, nos dejó en su “Historia del Almirante” este interesante recuerdo de Felipa, su madre Isabel y el importante papel que desempeñaron en apoyar a aquél tipo inquieto y con ansias de grandezas mayores surcando los mares. Su relación con aquella familia le incitaron aún más a poner en marcha sus planes de navegar hacia el oeste, surcar el mar incógnito y llegar a las Indias.

“...una señora, llamada doña Felipa Moñis, noble e ilustre, en el convento de todos los Santos, donde solía el Almirante ir a misa, tomó con él tanta conversación y amistad, que vino a ser su mujer, y por haber muerto su suegro Pedro Moñis Perestrelo, se fueron a vivir con su suegra, la cual viéndole tan aficionado a la cosmografía, le contó que su marido había sido gran hombre de mar... Y porque vió la suegra que daba mucho gusto al Almirante saber semejantes navegaciones y la historia de ellas, le dió las escrituras y cartas de marear que habían quedado de su marido, con lo cual el Almirante se acaloró más, y se informó de otros viajes y navegaciones que hacían entonces los portugueses...”

La segunda mujer importante en la vida del marino genovés fue Beatriz Enriquez de Arana. A ella la conoció ya en Castilla, en torno a 1487. Era Beatriz hija de modestos agricultores cordobeses, nada que ver con el origen y condición de su fallecida esposa. Colón todavía no era nadie especialmente relevante por entonces y la humilde realidad de Beatriz hace pensar que se enamoraron de veras, aunque nunca habría boda.

Con Beatriz tuvo Cristóbal Colón al segundo de sus hijos, Hernando, quien sería un afamado cosmógrafo y bibliógrafo que atesoró una impresionante biblioteca y cuyo legado se conserva en parte en la Biblioteca Colombina de Sevilla. Y fue en casa de su amada Beatriz donde el navegante dejó a sus dos hijos -Diego y Hernando- cuando al fin partió en el verano de 1492 hacia su imperecedera gloria.

Precisamente el éxito en su misión de descubrimiento se ha apuntado siempre como el motivo por el que no se casó con Beatriz: se había convertido en el afamado y poderoso virrey, gobernador y almirante de las Indias mientras ella continuaba siendo la hija de labradores cordobeses, una muy notable diferencia económica y social que pesaba mucho en aquellos tiempos.

Nunca lo sabremos con exactitud, pero sí hay constancia documental de que Cristóbal Colón no se olvidó de ella, al menos no del todo. Tras cederle una renta de 10.000 maravedíes anuales, se acordó de Beatriz Enríquez de manera sentida y arrepintiéndose en sus últimas horas quizás de sus promesas de matrimonio incumplidas, otros desplantes pasados o de sus aventuras con amantes como Beatriz de Bobadilla... Así lo refleja en su testamento, antes de morir aquél 20 de mayo de 1506.

“Digo y mando a don Diego mi hijo o a quien heredare que pague todas las deudas que dejo aquí en un memorial por la forma que allí dice e más las otras que justamente pareciere que yo deva e le mando que aya encomendada a Beatriz Enríquez, madre de don Fernando mi hijo, que la provea que pueda vivir honestamente como persona a quien yo soy en tanto cargo. Y esto se haga por mi descargo de la conciencia, porque esto pesa mucho en mi ánima. La razón de ello no es lícito de la escribir aquí...”

Beatriz murió en Córdoba en torno a 1522.