1. home
  2. /Divulgación

‘Infantas españolas’: Luisa Carlota y su sonora “bofetada real”

De carácter impetuoso, orgulloso y altivo, convirtió la Corte de Madrid en espacio para la intriga y la conspiración

3 Minutos de lectura
Retrato de Luisa Carlota de Borbón-Dos Sicilias y Borbón

La infanta Luisa Carlota

© Wikimedia Commons

La mujer del Infante Francisco de Paula convirtió la Corte de Madrid en espacio para la intriga y la conspiración. Llegada de Nápoles al calor de los nuevos aires liberales que empezaban a respirarse en Europa, propinó al absolutista Tadeo Calomarde, la más sonada bonetada de la historia. Alcahueta y enemiga acérrima de su cuñada María Francisca de Braganza, su papel fue determinarte en los sucesos que determinaron el inicio de la Primera Guerra Carlista en 1833. Hermana de la Regente María Cristina –y principal artífice de su matrimonio con el Rey Fernando VII-, la Infanta Luisa Carlota quiso estar cerca del poder y ver a su primogénito, el Infante Francisco de Asís, en el trono.

Luisa Carlota era la primogénita de Francisco de las dos Sicilias y de la Infanta española, María Isabel de Borbón, hija del monarca Carlos IV. Cuando nació en el Palacio de Portici, en Nápoles, sus padres ostentaban todavía del título de Duques de Calabria y nada hacía sospechar que, con los años, su descendencia femenina estuviese llamada a desempeñar papel tan determinante en la convulsa España postnapoleónica. El regreso de Fernando VII al trono, había puesto en marcha la maquinaria casamentera de la época y pronto se pensó en Luisa Carlota como candidata para el Infante Francisco de Paula, quién permanecía soltero. Tío y sobrina, se casarían por poderes a comienzos de 1819.

De carácter impetuoso, orgulloso y altivo, la joven (tenía quince años) llegó al puerto de Barcelona a bordo del buque Capri. Ya en Madrid, se celebró la boda en la capilla del Palacio Real acompañada de los fastos correspondientes a tan regio enlace. Desde los primeros momentos se hizo evidente su afán de mando y facilidad para la conspiración. Celosa de su cuñada, la Reina Isabel -segunda esposa de Fernando VII- y clara contrincante de María Francisca de Braganza –mujer del Infante Carlos María Isidro- maniobró para conseguir mayor influencia en la Corte. Apoyó a María de la Gloria en la Guerra Civil portuguesa, frente al “usurpador” Miguel I en un momento en el que las intrigas en España entorno a la posible sucesión del Rey, no hacían más que comenzar.

Retrato de la infanta Luisa Carlota de Borbón
©Wikimedia Commons

Cuando Fernando VII enviudó de Josefa Amalia de Sajonia, Luisa Carlota vio la oportunidad de situarse cerca del poder. Su hermana menor, María Cristina de Nápoles, parecía el instrumento perfecto para ganar influencia y comenzó a mover los hilos para organizar el que sería, el cuarto matrimonio de Fernando. María Cristina se convertiría en Reina y ella en la persona de peso en la Corte. El inesperado nacimiento de Isabel y poco después de la Infanta Luisa Fernanda, vino a caldear el espinoso asunto de la sucesión en un tiempo en el que el enfrentamiento entre carlistas y liberales era palpable. Cuando el rey Fernando agonizaba en La Granja, fue ella, Luisa Carlota, quien hizo valer su posición para disponer la sucesión femenina propinando al absolutista Calomarde, la más sonada bofetada de la historia. Eso de “manos blancas señoras no ofenden” quedó para siempre en los anales de la Monarquía.

Desde ese momento, su influencia se hizo mayor. Con el inicio de la Guerra Carlista, Luisa Carlota se situó al lado de la causa liberal. El matrimonio fue el principal apoyo de María Cristina en los primeros años de la Regencia hasta que los amoríos de ésta con el guardia de corps Fernando Muñoz y las incesantes críticas de Luisa Carlota a esta relación, separaron a las hermanas. Influyó también la permanente insistencia de Francisco de Paula para hacerse con un sillón en el Senado, en la recién inaugurada Monarquía Liberal. Así que María Cristina, que comenzaba a desvelar su marcado carácter napolitano, no dudó en mandarlos al exilio. Los Borbón-Nápoles y su copiosa familia, partían hacia Francia en 1838. Desde París, inspirados por el conde de Parcent, siguieron intrigando para apartar a María Cristina de la Regencia, más cuando la victoria liberal parecía próxima.

Anuncio de la muerte de Luisa Carlota por sarampión
Portada del diario Eco del Comercio ©Biblioteca Nacional de España

Con la subida al poder de Espartero regresaron a España y se instalaron provisionalmente en Burgos, en casa del diputado progresista Antonio Collantes. Ya en el Palacio Real, sus continuas maniobras para desestabilizar al Regente los llevaron a un primer destierro a Zaragoza y finalmente, de nuevo a París. Pero en Francia, empezaron a ver en un futuro matrimonio entre su hijo Francisco y su joven sobrina, la Reina Isabel II, una nueva oportunidad de acercarse al trono. La caída de Espartero en 1843 coincidió con su vuelta a España.